La Sangre de Dios

¿Iglesia del Señor o Iglesia de Dios? ¿Tiene Dios sangre? ¿Se equivocó algún copista? ¿Es necesario corregir tal insinuación?

Hch.20:28 «Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.» (RV-60, y otras anteriores y posteriores)

Un debate “sangrante”

Hay quienes, llevados por un celo santo en defensa de la integridad de la Palabra, -y porque el texto dice esto y no lo otro-, están prestos para reprobar, categórica y rotundamente, un supuesto segundo punto de vista.

Sin temblarles la voz, concretamente en el caso que nos ocupa, ven inconcebible que se pueda llegar a traducir, «la iglesia de “Dios” la cual él ganó por su propia sangre», en lugar de «… la iglesia del Señor…», que es como traduce el texto, la RV-60.

No se puede negar la lógica de quienes, en este caso, defienden la forma en que RV-60 vierte Hch.20:28. Tampoco censurar a quienes, de buena fe, son movidos por un cierto celo que los lleva a defender (a mayor honra de Dios) la ortodoxia del sentido que, según creen, debe tener las Escrituras. En este caso quiero decir, como Pablo dijera de los de su nación, que cabe el riesgo de que algunos puedan ser celosos de la Palabra, pero no conforme a ciencia:

Rm.10:2a «Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, [sí], pero no conforme a ciencia»

El debate surge porque hay versiones, tanto del campo católico como de círculos protestante que traducen: «la iglesia de Dios que él ganó con su propia sangre», mientras que RV-60, y otras revisiones a posteriori, traducen «la iglesia del Señor». ¡Lógico! (Razonan), pues de otra forma se incurría en una crasa herejía.

Todo esto como resultado de un silogismo que nace de la siguiente manera:

- Premisa principal: Dios es Espíritu.

- Premisa secundaria: El espíritu no tiene sangre.

- Conclusión: Dios no tiene Sangre.

Si la deducción es correcta, piensan: “sería un grave error verter en la traducción la idea de que el mismísimo Dios redimió a la Iglesia por medio de su propia sangre.”

Desde luego el silogismo es correcto, pero no querer admitir una palabra que está clara y explicita en los manuscritos del texto bíblico solo en base a una premisa, y concluir, como en el caso que nos ocupa, que el sustantivo, “Dios”, no encaja dentro del texto y cambiarlo por “Señor” como hicieron los editores de RV-60, implica una osada temeridad (por no decir algo peor).

Pero la cosa se hace más insostenible cuando se comprueba que todas las revisiones de la RV, anteriores a la de 1889, traducen «Dios», en lugar de «Señor» y cito tres casos:

RV 1569 (B. del Oso). «Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la Iglesia de Dios, la cual ganó por su sangre.»

RV de 1602 «Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto por sobreveedores, para apacentar la iglesia de Dios, la cual él compró con su propia sangre».

RV de 1865 «Por tanto mirad por vosotros, y por todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto por sobreveedores, para apacentar la iglesia de Dios, la cual él ganó con su propia sangre

¡Tremendo dilema tuvieron los creyentes que vivieron antes del 1889 que no poseyeron un asidero para soslayar la “inaudita” alusión a la «sangre de Dios»! A propósito, acabo de consultar la última revisión, (2015), de la Sociedad Bíblica Trinitaria, y me congratulo al ver que traducen el texto tal cual lo hicieron en su origen Reina y Valera:

SBT 2015 «Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual ganó por su sangre»

Despojando a Jesús de Su Deidad.

La cuestión, pues, está en saber cuáles fueron los criterios que primaron a los revisores de las versiones, RV-1889, 1909, y 1960, para que sustituyeran el vocablo theos (θέος), que de suyo se traduce, “Dios”, por la palabra “Señor”. Con todo, si los editores de la RV-60 recurrieron a otra fuente, incurrieron en deslealtad para con Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera quienes usaron el Textus Receptus, donde el vocablo griego para Dios es theos (θέος), (G2316 Diccionario Vine NT), y no kurios (κύριος).

Desde que abandonamos el “Textus Receptus” y los manuscritos bizantinos en que se sustenta amoldándonos así a la alta crítica textual, entramos en un terreno pantanoso a la hora de traducir este verso. Una parte importante de los manuscritos contienen “la iglesia de Dios” y otra, también importante, “la iglesia del Señor”. Entre los textos antiguos comúnmente citados encontramos que el Sinaítico (א) y el Vaticano (B) dicen “iglesia de Dios”, y por otro el texto Alejandrino (A) o Bezae (D) leen “iglesia del Señor”.

Es de sospechar que en el fondo del cambio haya podido pesar el influjo de la corriente modernistas que para finales del S. XIX y comienzos del S. XX, pujaba con mucha fuerza.

El argumento que se manejaba era el silogismo antes expuesto, cuya conclusión es que el Dios-Espíritu no puede tener sangre, por lo que se hace evidente, (según ellos), que, en ese punto, el texto original debió, supuestamente, haber sufrido alguna alteración.

Esa es la conclusión necesaria para, como veremos, despojar a Jesús de su Deidad, pues la implicación obvia es que la referencia a Dios, quien compró a su Iglesia a precio de Sangre, es a Jesús, y así es como Pablo, por inspiración divina, fue guiado a expresar en estos términos y sin complejos la Deidad de Jesús.

Aunque algo retorcido, es significativo que la obra de Westcott y Hort (W. & H.), acérrimos paladines consagrados para “desmitificar” a Jesús y despojarle de sus atributos divinos, hayan traducido en su interlineal del texto crítico del NT, que elaboraron a medida de sus intenciones, así Hch.20:28:

«προσεχετε G4337:V-PAM-2P Estén teniendo atención εαυτοις G1438:F-2DPM ustedes mismos και G2532:CONJ y παντι G3956:A-DSN a todo τω G3588:T-DSN el ποιμνιω G4168:N-DSN rebaño εν G1722:PREP en ω G3739:R-DSN cual υμας G4771:P-2AP a ustedes το G3588:T-NSN el πνευμα G4151:N-NSN espíritu το G3588:T-NSN el αγιον G40:A-NSN santo εθετο G5087:V-2AMI-3S puso επισκοπους G1985:N-APM a supervisores ποιμαινειν G4165:V-PAN estar pastoreando την G3588:T-ASF a la εκκλησιαν G1577:N-ASF asamblea του G3588:T-GSM de el θεου G2316:N-GSM Dios ην G3739:R-ASF cual περιεποιησατο G4046:V-AMI-3S reservó δια G1223:PREP a través του G3588:T-GSN de la αιματος G129:N-GSN sangre του G3588:T-GSM de el ιδιου G2398:A-GSM suyo».

Está claro que no es posible negar que la Iglesia tiene un dueño divino, y como que no es posible negar la evidencia textual o cambiarla, estos Sres. (W. & H.) lo han respetado solo porque el resto del texto les da un resquicio para elaborar un forzado arreglo textual con el que desvestir a Cristo de su Deidad. Claro que, de haber sido necesario, y en última instancia, (como suele suceder en los círculos de la llamada crítica textual o escuelas modernistas), siempre que no tienen otra salida, califican los textos que les son molestos, de espurio, o interpolación tardía y supuestamente interesada, cuando en verdad los arreglos interesados los hacen ellos.

La elucubrada estrategia está en la frase final que dice: «sangre de el suyo», forzada así con la clara intención de inducir la mente del lector a pensar que la frase, «de el suyo», apunta al “Hijo suyo. De hecho, hay versiones cuyos autores, inducidos por esos arreglos, intercalan la palabra “Hijo”, sin salvedad ni aclaratoria, y esto lo hacen por la misma razón de quienes han cambiado, (también con violencia), el sustantivo, «Dios», por el de «Señor», cuya mira está en desmerecer la Deidad del Señor Jesús, cualidad divina que tan claramente Pablo establece. (Hch.20:28).

Por un lado, el razonamiento es que el vocablo, theos (θέος) no puede referirse a Jesús, pues que, según la tendencia modernista, Jesús “no” es Dios, “tampoco” Pablo lo pensaba, ni “jamás” se le ocurrió al Apóstol llamar Dios a Jesús. Ese es el argumento que suelen dar. Por eso es que se sigue explotando la conclusión silogística de que Dios por ser espíritu no puede tener sangre, (cosa cierta), pero, la aparente “incoherencia” no está en el texto bíblico, sino en los condicionamientos prejuiciados de algunos, desde donde se arrogan el derecho de enmendar el texto para que encaje en sus premisas.

“La sangre de Dios”.

Digamos que la elocuencia de los pasajes que siguen muestra vigorosamente la verdad de la “tesis” que se viene desarrollando.

Bover-Cantera 1957, «Mirad por vosotros mismos y por toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os puso por obispos para pastorear la Iglesia de Dios, que él [negrita mía] hizo suya con su propia sangre.» (*)

Esta versión, según estimaciones de expertos, es quizá la versión crítica más literal y mejor lograda que hasta ahora se ha editado en español, y aunque en ocasiones los traductores usaron el texto de W. & H., lo hacen sin servilismo, y basta con observar el asterisco que remite a pie de pág., donde se lee: “LA IGLESIA DE DIOS, QUE ÉL HIZO SUYA CON SU PROPIA SANGRE: Testimonio de la divinidad de Cristo

Biblia Textual (1999) “Tened cuidado de vosotros mismos y de todo el rebaño en que el Espíritu Santo os puso por obispos para apacentar la iglesia de Dios, que adquirió mediante su propia sangre” (Hch.20:28).

Esta versión, que como explican sus autores trata de “editar el Nuevo Testamento con palabras que se aproximan más cerca hoy que nunca a las registradas en el original”, usando para ello las ediciones críticas del texto griego, tiene como lectura “iglesia de Dios”. En este caso argumentan, y con buena lógica, que difícilmente la lectura original pudo ser “iglesia del Señor”. Si hubiese sido así ¿Por qué cambiar por una lectura tan complicada como “iglesia de Dios? ¿Qué sentido tenía semejante cambio? Más bien la conclusión parece ser que “iglesia del Señor” apareció para suavizar la primera lectura. “Estas y otras consideraciones hacen suponer que la lectura Dios, haya sido alterada a Señor y no a la inversa” (Biblia Textual 1ª edición, notas al texto Hch.20:28).

Siguiendo la misma lógica, y la premisa de que “la lectura más difícil debe ser la original”, otras traducciones evangélicas, que también se apartan del “Textus Receptus” mantienen la traducción “la iglesia de Dios, la cual el ganó con su propia sangre” (véase Nueva Versión Internacional; Biblia de Las Américas). Esto, sin duda, deja en mal lugar el arreglo aún presente en la Rv-60.

(KADOSH) «Velen por ustedes mismos, y por todo el rebaño que el Ruaj HaKodesh los ha puesto como dirigentes para pastorear la Asamblea Mesiánica de YAHWEH; la cual ganó para sí mismo al costo de la sangre de su propio Hijo

Esta es una versión de un grupo de judíos Mesiánicos que no creen que Jesús sea igual a Dios, de modo que se toman la libertad de traducir el vocablo theos (θέος) por el sustantivo, YAHWEH, y terminan arreglando el resto del verso siguiendo a W. & H., para hacerle decir que la “sangre” es la del Hijo, cuyo hijo no aparece en el texto griego, y así sucede con otras muchas traducciones. Por ejemplo:

(NBE) «Tengan cuidado de ustedes y de todo el rebaño en que el Espíritu Santo los ha puesto como guardianes, siendo así pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo

(NBJ) «Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios*, que él se adquirió con la sangre de su propio hijo».

Estas dos versiones católicas muestran cual es la tendencia que han tomado las nuevas traducciones que proceden de ese campo.

(TNM) «Presten atención a sí mismos y a todo el rebaño, entre el cual el espíritu santo los ha nombrado superintendentes, para pastorear la congregación de Dios, que él compró con la sangre del [Hijo] suyo

Aquí los Testigos de Jehová muestran ser más honrados que muchos católicos, protestantes y mesiánicos, pues introducen la palabra, “Hijo”, entre corchetes con lo que se indica que la palabra en sí no está en el original.

Análisis del Texto:

Archibald Thomas Robertson dice en su “Comentario sobre el Texto Griego del NT”.

La iglesia de Dios (BAS) (tën ekklësian tou theou). Éste es el texto correcto, y no «la iglesia del Señor» o «la iglesia del Señor y Dios» (Robertson, Introduction to Textual Criticism of the N.T., pág. 189). Él adquirió (periepoiësato). Primer aoristo medio de peripoieö, viejo verbo reservar, (para o por uno mismo, en voz media). En el N.T. solamente aquí y en Lucas 17:33; 1 Timoteo 3:13. El sustantivo peripoiësin (preservación, posesión) aparece en Efesios 1:14. Por medio de su propia sangre (dia tou haimatosidiou). Por medio de la agencia de (dia) su propia sangre. ¿Cuya sangre? Si la lectura correcta es la de tou theou (Aleph, B, Vulgata), como sí que lo es, entonces Jesús es aquí llamado «Dios», quien derramó su propia sangre por el rebaño. De nada valdrá decir que Pablo no llamaba Dios a Jesús, porque tenemos Romanos 9:5; Colosenses 2:9 y Tito 2:13, donde hace precisamente esto, además de Colosenses 1:15–20 y Filipenses 2:5–11.” (El enlace que sigue permite consultar el comentario de Archibald Thomas Robertson, On Line)  

http://iglesiavozqueclama.files.wordpress.com/2013/03/comentario-al-texto-griego-del-nuevo-testamento-robertson-a-t1.pdf

Dn. Ernesto Trenchard, en su comentario a Hechos, dice:

“El cometido de los Ancianos se revestía de tanta importancia y solemnidad por cuanto habían sido colocados por el Espíritu Santo como pastores de la iglesia de Dios, que según la versión H. A., «Él había adquirido con su propia sangre», frase que se ajusta mejor a los textos antiguos que no a la Versión RV-60: «La iglesia del Señor la cual ganó por su Sangre».

Quedamos, pues, con la extraordinaria expresión «la sangre de Dios» (negritas mías) que podría concebirse como una especie de abreviatura de la doctrina de la Trinidad y de la encarnación, siendo la víctima del Calvario Dios verdadero manifestado en carne.” ‘Hechos de los Apóstoles – Un Comentario’ C.E.B. 1ª Edición, pág. 447

Poco más adelante sigue diciendo:

“Hay otra posibilidad que señala el Prof. F. F. Bruce y otros eruditos: La frase griega («dia tou haimatos tou idiou») puede traducirse: «por la sangre del Suyo propio», o sea, por la sangre del Único, o del Amado de Dios, según la norma de algunos términos análogos de afecto que se han hallado en los papiros. El hecho fundamental del sublime precio de la redención de cada iglesia local se destaca por igual de todos modos…”  ‘Hechos de los Apóstoles – Un Comentario’ C.E.B. 1ª Edición, pág. 447.

El Prof. F. F. Bruce, Solo decir que la traducción directa que hace el acreditado profesor en su Comentario a Hechos, es conforme a los arreglos que es posible hacer tomando en consideración expresiones halladas en los papiros vernáculos y otros documentos:

v.28b «alimenten a la iglesia de Dios, la iglesia que él compró con la sangre de su propio Hijo» a lo que sigue una llamada a p.p. donde entre otras cosas, dice literalmente: “La lectura bizantina solo podría significar «con su propia sangre»” “Hechos de los Apóstoles” Ed. Nueva Creación, 1998, p.459, Nota 56

Pero luego, tras comentar el texto, el Prof. incide en una nueva Nota a p.p. donde se lee: dice:

“En vista de esto, es innecesario conjeturar, con F. J. A. Hort, que (hijo) puede haberse caído del texto” “Hechos de los Apóstoles” Ed. Nueva Creación, 1998, p.461, Nota 66

Esto significa que quienes abogan por el supuesto de que la palabra “Hijo”, falta porque el texto primitivo sufrió una alteración, o porque que las letras que forman la palabra “Hijo” se cayeron por ser iguales a las que les precede, no tiene fundamento, y quienes quieren arreglar el texto incluyendo la palabra “Hijo” para hacer diferente su lectura a la del texto Bizantino, están obligados a suplirla, solo en base a las conjeturas que derivan de los citados papiros.

B. Orchard, E. F. Sutcliffe, R. Fuller y R. Rusell, en el prestigioso comentario alemán, de la Biblioteca Herder, se lee:

«La Iglesia de Dios que Él compró con su propia sangre» es la lección que tiene mejor fundamento, Sin, B etc., D y otros mss., tienen «La Iglesia del Señor», para evitar el término insólito «la sangre de Dios». Incluso la lección interpretada a la luz de la referencia a Sal 73 (74) 2, que garantiza el significado de «Señor», afirma la divinidad de Cristo. Sin embargo, hay que retener (negritas mías) aquella lección [«la sangre de Dios»] como la más difícil, y, por lo tanto, probablemente la original.

«La Iglesia de Dios» figura once veces en las epístolas paulinas, y «la Iglesia del Señor» no figura en ninguna parte del NT.

Es forzar el texto gr. traducir «con la sangre de su propio» y suplir la palabra «Hijo». (negritas mías). “Comentario a las Sagradas Escrituras” T. IV, pág. 63, Ed. Herder, 1962.

John Stott, comenta:

“El sorprendente el concepto de un Dios que tiene sangre y la derrama, si bien Ignacio y tertuliano, Padres de la iglesia, hablaron de esto, pareciera haber inclinado a varios escribas a hablar de ‘la iglesia del Señor’, refiriéndose al Señor Jesús. Pero esta expresión no ocurre en ninguna parte del NT, mientras que la iglesia de Dios es una expresión paulina que ocurre regularmente. Por lo tanto, se la debe retener…” “El Mensaje de Hechos” Ed. Certeza, 2010, pág. 389

Giuseppe Ricciotti, dice en su comentario:

“La lección iglesia de Dios es la de los códices más autorizados, y corresponde al abundante empleo que Pablo hace de esta expresión en sus epístolas […]; otros códices y varios escritores antiguos dan la lección iglesia del Señor, […]. La primera lección por ser la más acreditada y la más paulina, es justamente preferida en las ediciones críticas, la segunda lección, iglesia del Señor se explica fácilmente como una sustitución provocada por la frase que sigue, propia sangre que equivaldría a «sangre de Dios» y por esto desagradó a algún lector…

Es evidente que aquí «sangre de Dios» significa «sangre de Cristo»; el cual, Cristo, es Dios, según Pablo. Algún autor moderno ha sugerido traducir la frase propia sangre, compuesta de dos genitivos, subordinado el segundo genitivo al primero y esto significa hacer difícil lo que es fácil, y obscuro lo que es claro (negritas mías), no existe ni un solo ejemplo en el NT en que se sobreentienda hijo, mientras que existe un ejemplo perfectamente contrario y precisamente en Pablo, según el cual Dios no perdonó a su propio [y no para aquí sino que añade o completa la frase] Hijo, antes lo entregó por todos nosotros (Rm.8:32), donde se nombra explícitamente el Hijo. “Hechos de los Apóstoles Traducción y Comentario”. Editor, Luís Miracle, 2ª Edición 1970.

Otras Consideraciones:

Es verdad que la expresión referida a la redención de la Iglesia por «la sangre de Dios» es realmente insólita, pero no es más insólita que la expresión, igualmente paulina: «…porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de Gloria» (1Co.2:8), expresión que se asimila como un eco del Sal.24:7-8:

«… ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.», lo que consecuentemente implica que «Jehová de los ejércitos, (Señor Sabaot), el fuerte y valiente, el poderoso en batalla; Príncipe y Rey de la Gloria» muerto por el suplicio de crucifixión. ¿No sería semejante Deicidio tanta “herejía” como la idea de la sangre de Dios?

La Palabra dice lo que dice, y debe ser respetada. Que nosotros no alcancemos a comprender ciertas cosas, mejor que intentar cambiarlas, será que reconozcamos nuestra limitación e ignorancia, pero ¡líbrenos Dios de andar poniendo o quitando nada de lo escrito en El Libro! (Dt.4:2; 12:32; Pr.30:6; Ap.22:18). Sin duda, estas cosas llegan a implicar herejías cuando nos empeñamos en ir más allá de lo que está escrito, 1Co.4:6.

Es de notar, en cuanto a la expresión «Iglesia de Dios que Él ganó por su sangre», que se trata de una declaración abierta, clara y sin complejos de la Deidad de Jesucristo, ya que el testimonio abrumador de las Escrituras es que tan solo Cristo Jesús, (no el Padre ni el Espíritu Santo), fue quien derramó su sangre para la redención del género humano, con mención especial y expresa de la adquisición de la Iglesia. Ef.5:25-27, 32

Mi percepción es que la frase en cuestión, surgió, muy posiblemente, del hecho de que Pablo se otorgó la licencia de dejar que hablase su corazón por encima de su intelecto, dejándose llevar, más por los impulsos de los sentimientos que llenaban su alma, (muy en sintonía, por cierto, con los receptores de sus palabras), que por el rigor propio que suele dominar la mente de aquellos que escriben para teólogos especializados, siempre atentos a los detalles.

Fue así como le salió del alma, y así lo plasmó: «la Iglesia que Dios [Jesús] por sangre propia adquirió para sí mismo». Tan íntima es la unión de ambas naturalezas, (la divina y la humana), en la persona del Hijo, que en aquel momento Pablo se sentía en libertad para denominar la sangre de la redención como la sangre de Dios, porque en verdad fue la sangre de Aquel que es Dios.

Rm.9:5b «…Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.»

Conclusión evidente:

Volviendo al texto implicado es claro que, en el trasfondo, la idea central que Pablo viene desarrollando incide en buena parte en la persona excelsa del Señor Jesús, respecto al cual, y en ese punto concreto, el Apóstol lo quiso presentar como Dios. Cosa que, en mi particular entender, resulta ser una explicación idónea y del todo razonable, que a su vez disipa eficazmente la supuesta incoherencia que le atribuyen al texto, con el logro añadido de que la persona, siempre digna y amada de Jesucristo nuestro Señor, no queda desmerecida.

 

Manuel Leon