¿Quién elige a quién?

Habiendo sido atraído por el título del artículo que voy a referir, (muy sugestivo, por cierto), elaborado con miras a captar la atención de potenciales lectores, (como es mi caso), resultó que a la postre quedé desilusionado, y no tanto porque no comulgue con la doctrina que su autor expone sino por el uso descontextualizado que hace de los textos en que fundamenta su argumentación.

Lamento tener que confesar la frustración de mis expectativas, lo que en definitiva ha motivado esta réplica. El trabajo aludido corresponde al Sr. Sugel Michelén, y su título, es:

“¿Elegimos Nosotros a Dios o Fuimos Elegidos por Él?”

Así que, atraída, y captada mi atención por un título tan hábilmente redactado, pensé estar ante un trabajo enjundioso, serio, prometedor, razón por lo que, ilusionado, y con la expectativa de adentrarme en un estudio cuyo prometedor enunciado y posterior desarrollo, se ajustara a la Palabra, fue que acometí su lectura, pero… “¡Mi gozo en un pozo!”.

Con cierta frustración descubrí que los vislumbres que esperaba respecto al artículo del Sr. Sugel Michelén, (referido al rigor, seriedad y honestidad que se requiere de los maestros que ministran la Palabra, 1Co.4:1-2), no se cumplieron, sino que descubrí una hermenéutica pobre, lo que hace que inevitablemente el lector, si es celoso de la Palabra, a la vista del trato que se le da y del extravío al que los incautos son inducidos, se indigne y reaccione como es mi caso.

El planteamiento:

Como suele ser habitual, este tipo de artículo comienza con la elaboración de una caricatura del supuesto adversario a quien, sin más, describe con frases ya manidas y estereotipadas, (muy comunes en casi todos los autores de inclinación calvinista), en un intento de desmerecer, cual irracional personaje, al supuesto ideólogo de la escuela contraria, y cuya deformada imagen será la que los incautos terminen percibiendo.

Una de las frases reza así: A los contrarios les “crujen sus dientes contra esta enseñanza; se sienten profundamente molestos cuando nos escuchan hablar de un Dios Soberano,” […] “En otras palabras, no soportan la idea de que Dios ejerza Su prerrogativa de ser Dios”.

Evidentemente estamos ante un infundio con el que se desea ridiculizar a la mal formada caricatura con la que se ha dibujado al opositor. Es la manera de sentirse fuerte para vapulear a placer al espantajo al que los mismos pájaros han perdido el respeto; así de fácil.

Tras tamaña y gratuita afirmación, el autor de turno quiere hacer creer a sus incondicionales que los que están en oposición a ellos niegan la soberanía de Dios. Claro que la caricatura que tiene enfrente, creada exprofeso para poder zurrarle, en la certeza de que el espantapájaros no podrá oponerle objeción alguna.

Y así, convencido del poderío de su “ortodoxia”, comienza proponiendo una verdad de perogrullo:

“Pero la Biblia [sigue diciendo el articulista] enseña con toda claridad que nuestro Dios es soberano…”

Y esto en la certeza de que ya está todo dicho, que su argumento es irrefutable, y que los oponentes, (cual espantapájaros incapaces de cumplir su función, y del que los pájaros se burlan), han quedado “desarmados” e incapacitados para replicarle.

En mi caso y en primer término, quiero replicar confesando que suscribo abiertamente y sin reservas, la clara e irrefutable verdad bíblica que afirma la absoluta y total Soberanía de Dios ¡¡Cuán loco tendría que estar quien osara negarlo!! Pero confieso a la misma vez que soy contrario a los postulados del famoso acrónimo, “T.U.L.I.P.” extraído con posterioridad de las conclusiones emergidas durante el Sínodo de Dort (Holanda) por los Reformados de corte calvinista.

En honor a la verdad es necesario decir que ciertamente hay diferencias de matices en el concepto “soberanía de Dios”, como también los hay en la doctrina de la depravación total del ser humano, las cuales habría que dilucidar para saber con quién está la razón, pero al no ser este el tema es propio dejarlo aparcarlo.

Otro factor a tener en cuenta es que la “clientela” asidua a los productos de autores adscritos a la escuela Reformada de inclinación calvinista, (a semejanza de los adeptos a una secta), dan por bueno todo lo que procede de su círculo; pero además, por temor a ser “contaminados”, y porque parecen estar así programados, suelen ser reacios a leer cosas que no provengan de fuentes propias o afines, de ahí su propensión a tragar todo lo que los suyos le echen, sin cotejar nada, con tal que lo que tragan proceda de sus círculos.

Luego el trabajo contiene una profusión de citas bíblicas que sus adeptos no suelen contrastar, (Cf. Hch.17:11), citas con las que se pretende dar al escrito apariencia de solidez bíblica, lo que a primera vista hace creer al lector que el artículo es de plena confianza. Y como algunos autores prevén el descuido de sus lectores a la hora de aplicar el principio de los bereanos, (Hch.17:11), no se obligan a ser rigurosos citando la Palabra.

Para no incurrir en la misma falta y evitar al lector el tener que estar pasando páginas de su Biblia, parte de este trabajo será transcribir los textos para facilitar su cotejo, y con los mismos desmantelar los argumentos que aquí se usan.

Primer paquete de citas:

El autor tras aludir a un post anterior, basado en Ef.1:1-6, desarrolla su argumento como sigue: 

los creyentes hemos sido bendecidos con toda bendición espiritual en los lugares celestiales, en Cristo”. [Luego se incide en que todas esas bendiciones vienen a nosotros de acuerdo al plan eterno de Dios, quien nos bendijo con toda bendición espiritual] «…según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo».” […]  “…Y eso nos coloca frente a una de las doctrinas más impopulares, más atacadas y más abusadas de toda la Escritura: la doctrina bíblica de la elección soberana de Dios, [respecto de cuya soberanía (insisto), nadie niega ni contradice.]

Referido a Ef.1:4, y sin otro respaldo bíblico, se procede al manejo del argumento contra los supuestos “ataques” que dice recibir la doctrina bíblica de la elección soberana de Dios, diciendo…

Pero la Biblia enseña con toda claridad que nuestro Dios es soberano, y que antes de la fundación del mundo Él escogió libremente a un g

rupo de personas para salvación, y a los otros los dejó sumidos en su justa condenación.”

Dónde se apoya el Sr. Sugel Michelén para hacer semejante afirmación ni se sabe, ni tampoco lo dirá, porque desde luego Ef.1:1-6 no dice nada al respecto. Se hace evidente que el plato “fuerte”, (salvación y condenación predeterminada) es el invento que el autor necesita para poner el “armazón” del argumento que se desea desarrollar, a pesar de que, Ef.1:4, como ya se ha dicho, nada, absolutamente nada, dice al respecto.

De hecho, ni la carta a los Efesios, ni el N.T. al completo dicen cosa alguna de la elección o predestinación de los pecadores para condenación, y los pasajes que normalmente citan, en los que aparecen las palabras elección y predestinación, siempre se refiere a creyentes, ya renacidos y salvos, a los cuales Dios les asigna un estado o condición bienaventurada. Ejemplo, Rm.8:29-30; 1Co.2:7; Ef.1:4-5, 11-12, que transcribiremos en su momento, y en los que podremos ver las razones, los porqués y los propósitos de Dios para con los creyentes, al elegirlos y predestinarles.

Nótese pues que, Ef.1:1-6, 11-12, no dice absolutamente nada de que Dios escogiera… a un grupo de personas en estado de pecado, para salvación, y que a los otros los dejara sumidos en su justa condenación”.

Sí, asómbrense, “crujan los dientes si quieren”, pero el N. T. no menciona semejante barbaridad, y los lectores pueden te

ner la certeza de que no habrá réplica con el debido fundamento bíblico.

Siguiendo la transcripción literal del “paquete de textos propuestos, lean y cada cual juzgue, por favor: 

Ef.1:1-5 «Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús [es claro que los receptores del mensaje son «los santos y fieles», es decir, los salvos que conforman la Iglesia y] que están en Éfeso: Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo [a Pablo en unión de los fieles y santos], con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos  predestinado [a nosotros los creyentes ya salvos por su gracia] para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado».

1Co.2:7 «Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria»

Vv.11-12 «En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.»

Nada, absolutamente nada de alusión directa ni indirecta a “salvación” ni “condenación”, en las citas ofrecidas. Tampoco en papiros ni códices griegos se haya referencia al vocablo, soteria (σωτηρία, G4991) “salvación”, ni katakrima (κατάκριμα, G2631), ni en su versión española, al “tormento” de los réprobos, en unión del diablo y sus ángeles, «al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.» Mt.25:41

Siendo el infundio tan descarado… ¿Qué confianza nos puede merecer el resto del artículo? No me vale que se diga: “Sí, pero eso que no se dice en Ef.1:1 y ss., se dice en otras partes de la Biblia.” Pues señores mío, ¿por qué no se hizo constar así dando las referencias bíblicas pertinentes? 

Siguiendo el argumento, leemos:

Al acercarnos al estudio de estos versículos hay dos palabras claves que debemos notar. En el v.4 Pablo dice que Dios “nos” escogió, y en el v.5 que Dios “nos” predestinó. Fuimos escogidos, fuimos predestinados. Ambos términos son muy similares en significado.” [Negritas y comillas mías, para destacar el pronombre complementario, “nos” que está referido a los ya salvados, es decir, «a los santos y fieles en Cristo Jesús» Ef.1:1].

Prosigue la tesis: “Escoger” significa “hacer una selección”. Esta palabra se usa en Lc. 6:13 para hablar de la selección que hace Cristo de los doce apóstoles. Ellos no decidieron ser apóstoles de Cristo; Cristo los seleccionó soberanamente de entre la multitud que lo seguía para ser Sus apóstoles.” “Pues lo mismo tenemos aquí. Dios nos escogió para salvación. Como dice nuestro Señor en Jn. 15:16: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros.”

Y vuelta a incidir en el mismo error y burda manipulación. ¿De qué parte de Lucas 6:13, saca el Sr. Sugel Michelén, que Dios escogiera a alguien para salvación? 

Sí que aparece la palabra «escoger», pero sin nexo alguno con unos supuestos “escogidos para salvación”, y otros, horrendamente reprobados, creados por Dios para, por puro placer, destinarle arbitrariamente al castigo eterno y así poder realizarse como Soberano Dios descargando sobre ellos todo el ardor de su ira. Ese y no otro es el propósito fatal del soberano decreto por el que Dios, desde la más lejana eternidad, determinó su triste perdición y cuyo divino decreto guardó celosamente en sus impenetrables arcanos a los cuales es imposible acceder.

Siendo tal la imposibilidad, la pregunta sería: ¿Cómo lo supo Calvino y por qué su insistencia en que no debemos tratar de averiguarlo, dada que nuestra mente finita torcería la verdad de un Dios Justo, Santo y Bueno?

Insisto. Semejante presunción de, salvados y condenados, no está en el citado pasaje de Efesios. Tampoco es posible deducir nada parecido de la elección que soberanamente Cristo, de entre sus discípulos, hizo de doce hombres para hacer de ellos sus Apóstoles, (Lc.6:13). Lo mismo sucede con la cita adicional de, (Jn.15:16), donde Jesús hace referencia a la citada ocasión de Lc.6:13-16; Mt.10:1-4; Mr.3:13-19 en las que, efectivamente Él escogió a los Doce con la prospectiva de establecer el Colegio Apostólico, investidos de Su autoridad.

Ilustraciones pertinentes:

Supongamos que uno quiere equipar su pequeño taller doméstico con un surtido de herramientas. La gran variedad que le ofrece el comercio le obliga a tener que elegir entre todas, (como Cristo, entre todos sus discípulos). El interesado, en pura lógica, y desde su libertad y potestad, juzga y aplica su valoración, preferencia y propósito, cuales herramientas le darán el servicio adecuado.

Igual sucede con los seleccionadores deportivos de equipos nacionales. Tienen a su disposición, (como Cristo, entre todos sus discípulos), todos los jugadores de todos los clubes del país, y de entre todos, según criterio profesional del entrenador, éste, ejerciendo su facultad de seleccionador nacional, elige de entre todos los jugadores disponibles, aquellos que juzga más idóneos, para afrontar los encuentros internacionales programados.

El ejército también selecciona, (como Cristo, entre todos sus discípulos), sus comandos según el criterio del jefe superior, quien soberanamente, de entre muchos soldados, selecciona a los más aptos, a propósito de la misión que deben cumplir.

Idéntico proceder fue el que tuvieron los Apóstoles que, mancomunadamente con los ancianos y la iglesia de Jerusalén, tuvieron que elegir, (como Cristo, entre todos sus discípulos), de entre todos ellos «varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos»

¿Habrá cosa más natural, o semejante proceder sin que nadie se sorprenda o se escandalice por ello?

Salvando las distancias, ese mismo fue el comportamiento de Jesús en la elección de los doce, y de Dios en la elección de Abraham como la semilla de Israel, o de María como vaso humano para ser Madre de Jesús.

Alguno podría decir: “¿Si todos por igual eran discípulos por qué tuvieron que ser aquellos doce?” ¡Obvio! Eligió a doce porque solo doce eran los que necesitaba para establecer el Colegio Apostólico, cuyos componentes debían conformarse al número de las Tribus de Israel, (Cf.  Mt.19:28; Ap.21:12, 14). Para la formación de la nación de Israel, solo se necesitaba uno, y Dios supo de antemano quien era el más idóneo. Y como madre del Mesías supo que era María.

Tampoco fue necesario, para avalar la autenticidad de las decisiones y consejos que los Apóstoles editaron para desautorizar a los judaizantes y para consolar a los hermanos de Antioquía, enviar con Pablo y Bernabé a toda la iglesia de Jerusalén.

Cuando el Sr. Sugel Michelén dice “Pues lo mismo tenemos aquí” (en Ef.1:4), vuelve a su desvarío. Es cierto que en Ef.1:4 aparece la frase, «nos escogió» pero nótese que el texto nada dice de escogidos para salvación o predestinados al infierno, sino que al igual que las otras citas incluye el propósito para el cual «nos escogió», y de ahí la necesidad de reparar en la preposición de propósito, “para”

En el caso de la elección y establecimiento de los “Doce” se indican cuatro «paras»:

«para que estuviesen con Él, y

para enviarlos a predicar y que tuviesen autoridad 

para sanar enfermedades

para echar fuera demonios» Mr.3:14-15.

Según la referencia de Marcos, los doce fueron elegidos por el Señor a ese cuádruple propósito, que es de lo más normal.

A modo de observación, es pertinente notar que a pesar de haber sido elegidos por el mismo Señor uno de ellos se perdió Hch.1:25, y, aunque fue necesario suplirle, el hecho de que se tratara de número clausus no fue impedimento para que otro ocupara su lugar. Hch.1:20.

Ya se ha visto que en todo esto la preposición, para, es decisiva. Ateniéndonos a ese mínimo principio exegético, se hace patente que la elección de creyentes, no fue para salvación o condenación según el presupuesto del Sr. Michelén, sino para determinados servicios. De modo que los Apóstoles fueron objeto de la elección soberana del Maestro “para” una misión concreta, como lo fueron las herramientas del pequeño taller, los futbolistas de la selección nacional y los soldados del comando especial, que fueron elegidos razonablemente “para” el desempeño de las funciones que les serían asignadas apropiadamente.

¿Para qué según Ef.1:4 fueron escogidos los creyentes en razón de su condición de salvos por gracia? Literalmente el v.4 dice, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él». Usar las artimañas del error para hacer que los lectores lleguen a pensar que un texto dice lo que en realidad no dice, es hacer violencia a las Escrituras.

Volviendo a la elección de los doce, es obvio que Jesús hizo la selección en base a un propósito en el que no todos encajaban, ni todos eran necesarios. Eso no quiere decir que solo serían salvos los doce que Jesús llamó conforme a su propósito, y que el resto de discípulos serían condenados, pues los que no fueron llamados para un ministerio, serían empleados en otros servicios.  

Es más, hay que recordar que, de los doce, uno se perdió, Judas el traidor, quien cayó de su oficio y se condenó, Hch.1:25. De nada sirvió que el Señor le escogiera para ser Apóstol.

El Sr. Sugel Michelén sigue abundando en su argumentación:

“La segunda palabra que aparece en Ef.1:5, es “predestinación…”  La idea de esta palabra es, entonces, trazar un límite de antemano. Dios soberanamente trazó una línea, y a algunos los destinó de antemano para ir al cielo. […] Podemos revelarnos contra esta verdad de las Escrituras, pero es imposible evadir el hecho de que eso es lo que la Biblia enseña (Comp. Rm.8:28-30; 9:16; 11:32-36). Veamos lo que en verdad enseña Pablo en este texto con respecto a la elección…”

En cuanto a la frase del v.5, «habiéndonos predestinado» (en la que tampoco hay traza alguna de las palabras, salvación ni condenación, ir al cielo o ir al infierno) solo se dice: «habiéndonos predestinado “para” ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo…»

Segundo paquete de citas:

Ahora, no solo porque el autor lo pide, sino porque es saludable, cotejemos las citas propuestas, (“Comp. Rm. 8:28-30; 9:16; 11:32-36”), con énfasis especial en los “para”, y cuya orientación hará innecesarios mayores comentarios.

1º. Rm.8:28-30 «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó “para” que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, “para” que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó

En el pasaje aparecen dos “para”. El primero nos indica el propósito del para qué los creyentes fuimos predestinados; concretamente, «paraque fuésemos hechos conforme a la imagen de su Hijo» y «“para” que Él sea el primogénito entre muchos hermanos». Seguimos sin el más mínimo indicio de las palabras, salvación y condenación.

2º. Rm.9:16 «Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.»

En este caso se requiere contemplar la cita en el contexto amplio de la historia del Éxodo, y la posterior historia de la deportación babilónica, evento con el que se inaugura el “Tiempos de los Gentiles” (Lc.21:24), y la irrupción de la Iglesia en el mundo a partir de Pentecostés, hasta que sea transportada por el Señor, al Cielo. Con todo, seguimos sin indicios de las palabras, salvación y condenación.

3º. Rm.11:32-36 «Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, “para” tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, “para” que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y “para” él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.»

El v.32, requiere una pregunta retórica: ¿A quiénes se refiere la frase, «Dios sujetó a todos en desobediencia»? La respuesta obvia es, ¡A TODOS! y… ¿Quiénes son esos “todos”? La referencia explícita y sin duda se refiere a la suma de todos los judíos más todos los gentiles de todos los tiempos, equivalente a la totalidad del género humano.

¿Para qué quiso Dios sujetar a todo el género humano bajo desobediencia? Respuesta del mismo Pablo en el mismo texto: Todos sujetos bajo desobediencia «“para” tener misericordia de todos

¿Y quiénes son los “todos” que iban a ser objeto de la misericordia de Dios? El texto no dice que serían “todos” los predestinados para salvación, como tampoco habla de un resto mayoritario para condenación, sino que se refiere a todos los que fueron sujetos bajo desobediencia, es decir, la totalidad de los descendientes de Adam, sin tan siquiera faltar uno, pues nadie duda que el género humano, en Adán (cabeza federal de la humanidad), todos al completo cayeron bajo la desobediencia adámica.

«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.» Rm.5:12.

«Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque, así como por la desobediencia de un hombre los muchos, [evidentemente todos] fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos [evidentemente todos] serán constituidos justos.» Rm.5:18-19.

Queda claro que la afirmación que hace Rm.11:32 es que la misericordia divina es para los desobedientes, que sin duda lo somos todos, sin acepción ni excepción. Todos pecadores; todos destituidos de la Gloria de Dios; todos indignos, pero todos potencialmente justificados por gracia.

Rm.3:23-24 «por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,»

El hecho de que no todos se salven no implica dilema alguno, es una ingenuidad decir que Dios cobra dos veces por el mismo pecado, y tampoco es afectada su Soberanía.

¿Cuáles son las claves? 

1,-   La clave está en el rigor estricto con el que Dios respeta el libre albedrío que Él mismo, ejerciendo de Dios y desde la libertad de su sabia y Soberana Voluntad, otorgó al hombre al tiempo de ser creado a su imagen y semejanza. 

2,-   En las múltiples e intrínsecas potencialidades contenidas en la Obra del Calvario.

3,-   En la potencialidad universal de los beneficios generados por el sacrificio de Cristo, en sus múltiples facetas, y estos se concretan y se hacen efectivos en TODOS los que deciden creer. Veamos:

-   Es potencial la Propiciación del pecado: Alcanza a todo el mundo:

1Jn.2:2 «Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino [potencialmente] también por los de TODO el mundo».

-   Es potencial la Gracia: Su alcance se extiende a lo largo de la Historia, y abarca a todos los seres humanos:

Tit.2:11 «Porque la gracia de Dios se ha manifestado [potencialmente] para salvación a TODOS los hombres».

-   Es potencial la Salvación: para todos los pecadores:

1Tm.1:14-15 «Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por TODOS: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar [potencialmente] a los pecadores…».

- Conclusiva y definitivamente: Dios es potencialmente el Salvador de todos los hombres, lo cual se hace efectivo en los que creen:

1Tm.4:10, «que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es [potencialmente] el Salvador de TODOS los hombres, mayormente [de forma efectiva] de los que creen»

A modo de ilustración: 

Un hombre fértil es un padre en potencia, pero solo será padre si se cumplen los requisitos necesarios: Cohabitar con una mujer, también fértil, hasta que quede embarazada, de otra forma, por muy fértil que sea, nunca será padre. 

Llegado el caso de que el varón quisiera ser padre, pero la mujer se resistiera en cohabitar con él, éste podría aplicar la superioridad de su fuerza y violarla, lo cual sería indigno, deshonesto y amoral por su parte. 

De igual modo el Señor Jesucristo es potencialmente el Salvador de todo el mundo, no obstante, muchos se perderán, pero no por falta de “fertilidad” en el Salvador, sino por la incrédula resistencia de los muchos, a quienes el Señor jamás forzará:

Hch.7:51 «¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.»

Lc.7:30 «Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos…».

Justo lo contrario del proceder de Pablo, quien dijo a los gálatas: Gá.2:21 «No desecho la gracia de Dios…» Y así mismo dijo al rey Agripa: Hch.26:19 «Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial,» El Prof. E. Trenchard, comentando el episodio de Pablo con Agripa, dice:

“Por excelsa que fuese la visión y por trascendental que fuera el mensaje recibido, todo habría sido en vano sin la obediencia del siervo. “LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES” (un comentario), pág. 538, 1ª Edición, marzo 1962

De ahí la cuádruple potencialidad UNIVERSAL de las facetas virtuales de la Obra salvífica del Calvario, hechas efectivas en aquellos que, ejerciendo la facultad de su libre albedrío, se arrepienten y acuden voluntariamente a Cristo, para mediante la fe, recibir de su gracia el perdón y salvación que su bondad otorga gratuitamente a todo aquel que cree (1Jn.2:2; Tit.2:11; 1Tm.1:14-15; 1Tm.4:10.)

El salvo por fe en Él, lo es para siempre, y jamás se perderá. Jn.10:28

De no ser así… ¿Qué súper abundante riqueza de bondad ha de mostrar Dios en los siglos venideros para alabanza de su Gloria (Ef.2:7), si supuestamente Él, sin un mínimo sentimiento de misericordia, “restringió” las abundantes riquezas de su gracia a efecto de que los muchos (según la inhumana filosofía calvinista), fuesen a la condenación eterna? Y todo esto con miras a que Dios pueda tener la satisfacción de desplegar todo el furor de su ira, conforme al propósito para el cual los réprobos fueron creados por Él, y así sentirse realizado como Dios, y vindicado en su Soberanía.

Es inevitable que muchas semillas se frustren, no porque la calidad de la semilla no sea la misma en todos los casos, o que la esperanza del Sembrado no fuese cosechar abundante fruto (Lc.8:11), sino por las condiciones del terreno (duro como el del camino, el pedregoso, o el cargado de espinos), que pudieran impedir el resultado deseado; de hecho, el Sembrador no hizo discriminación entre las varias clases de corazones tipificados en los diversos terrenos, (Mt.13:19).

Se entiende que Jesús como el Sembrador de la parábola, (Mt.13:37), pasó sembrando su Palabra por toda clase de terrenos (corazones humanos Mr.4:15), y la realidad del resultado la atribuyó a la variada naturaleza del terreno, y no a un determinismo irremediable, “preordinado” por Dios. (Mt.13:1-9, 18-23. Cf. Rm.10:15-16; Hb.4:2-3)

Concluyendo:

Dentro de Ef.1:1-6, como ya se ha dicho y visto hasta la saciedad, nada se dice de salvación o condenación, al menos los vocablos no aparecen como tampoco en los textos complementarios que el Sr. Sugel Michelén ha citado.

Ahora bien, aparte de eso, Efesios 1:4-5, sí que nos descubre otros sublimes propósitos divinos para con nosotros los creyentes.

Para reforzar su argumento, el Sr. Sugel Michelén sigue diciendo:

“Pues lo mismo tenemos aquí. Dios nos escogió para salvación. Como dice nuestro Señor en Jn. 15:16: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros

De nuevo surgen las preguntas ¿Qué asociación, afinidad o vínculo tiene Jn.15:16 con la idea que el articulista trata de probar respecto a unos electos para salvación, y otros reprobados para condenación?

Que Jesús escogió libre y soberanamente a los discípulos que Él quiso, ¿Quién va a discutirlo? Con todo, puestos a hilar un poco más fino, hay que reconocer que, en primera instancia, tanto la multitud de los discípulos que seguía a Jesús, así como su círculo íntimo lo hacía voluntariamente; quiere decir que, si en el momento de la elección de los doce todos estaban presentes lo estaban por propia voluntad.

En cuanto a la libertad que los discípulos tenían para seguir o para abandonar a Jesús, (incluido el círculo de los doce), se ve claramente en…

 Jn.6:66-68 «Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con El. Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Acaso queréis vosotros iros también? Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.»

Salvo que la escena descrita se corresponda con una burda obra teatral, nuestro pasaje exalta la libertad que las partes, (aún la de los doce que previamente habían sido elegidos por Él, “para”). Los doce disponían de libre albedrío para abandonar al que los llamó y dejar de ser sus discípulos, v.67 «¿Queréis acaso iros también vosotros?». Si no se marcharon es porque no quisieron, debieron tener las cosas muy claras, cf. v.68.

De manera que, desde que uno se libera de los condicionantes que el retorcido sistema calvinista imprime a los individuos, se puede normalizar la visión y ver que muchos de los seguidores de Jesús optaron voluntariamente por marcharse, mientras que otros, con la misma libertad, se quedaron, entre ellos, «José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y Matías», Hch.1:23, permanecieron con Jesús desde el principio, igual que los Apóstoles.

De modo que una vez libres del régimen filosófico que sustenta los enunciados del famoso TULIP, el Evangelio resulta de lo más transparente y sencillo.

El artículo completo del Sr. Sugel Michelén se puede leer en:

https://blogs-es.thegospelcoalition.org/sugel-michelen/elegimos-nosotros-a-dios-o-fuimos-elegidos-por-el/