“SOBRE OIR A LOS HOMBRES”

J. C. Ryle 

(1816–1900)

J.C.RYLE“ESTE ES MI HIJO AMADO, EN QUIEN TENGO COMPLACENCIA;

A ÉL OID”  

(Mateo 17:5)

“Advirtamos, en estas palabras, la contundente lección que se le da a toda la Iglesia de Cristo. La naturaleza humana tiene una constante tendencia a “oír a los hombres”. Obispos, sacerdotes, diáconos, papas, cardenales, concilios, predicadores presbiterianos y ministros independientes; todos ellos son exaltados continuamente en lugares que Dios nunca pretendió que tuvieran, y se da lugar a que prácticamente usurpen el honor que le pertenece a Cristo. Guardémonos todos de tal tendencia, y estemos alerta. Que resuenen siempre en nuestros oídos esas solemnes palabras de la visión: A Cristo oíd.

Aún los mejores hombres no son más que meros hombres (y esto aún en el mejor de los casos).  Los patriarcas, los profetas y los Apóstoles –así como los mártires, los padres, los reformadores y los puritanos- son, todos ellos, pecadores que necesitan un salvador; fueron, en sus vidas santos, muy útiles y dignos de gran honor, pero pecadores al fin y al cabo. No se debe permitir jamás que tales personas se interpongan entre Cristo y nosotros. Solo Él es el Hijo, en quien el Padre tiene complacencia; solo Él ha sido señalado y autorizado para dar el pan de vida; solo Él tiene las llaves en sus manos, Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos (Romanos 9:5). 

asegurémonos de que oímos su voz y le seguimos; valoremos toda enseñanza religiosa tan solo en la medida en que nos guíe hacia Jesús. El resumen y la esencia de la religión salvadora es oír a Cristo.”

J. C. Ryle. Meditaciones sobre los Evangelios. Mateo. Pág. 233. Editorial Peregrino.