Contra el orgullo sectario1.

(Mr 9:38-41)

El texto es otra de esas enseñanzas incómodas de Jesús, y no pienso en los judíos de la época sino en nosotros que nos consideramos cristianos. Incómoda porque nos hace pensar en cómo percibimos nuestro servicio al Señor, el de nuestros hermanos, cuánto de sectarismo, incluso celos, hay en nosotros. El tema es interesante. 

Existen al menos cuatro formas de “sectarismo” o de “orgullo cristiano” muy comunes en el pueblo evangélico, y que de forma implícita el Señor cuestiona aquí:

1º El orgullo denominacional.

Esa creencia de que la denominación o familia evangélica a la que pertenezco es la mejor o más autentica, la que mejor trabaja, o la que tiene la plenitud del Espíritu. Y puede que en parte sea verdad. El problema surge cuando se termina mirando con aire de superioridad, incluso con lástima, al resto de grupos.

Hasta hace relativamente poco, aunque parezca extraño, las denominaciones no recibían a la mesa del Señor a otros creyentes ajenos a su círculo eclesiástico. Menos aún para compartir la Palabra. Fue el movimiento conocido “de los hermanos,” de los primeros en cuestionar esta práctica porque dividía al cuerpo de Cristo. Evidentemente esto no significa que reciban a cualquiera, pero sí que su origen denominacional no era el criterio principal.

2º El orgullo ministerial.

¿De qué hablamos? de ministerios, organizaciones cristianas, centros de estudios bíblicos, misiones, etc... Muchas de ellas creadas en torno a un siervo de Dios, un maestro, un evangelista, que posiblemente ha sido o es utilizado de forma maravillosa por el Señor. Tengamos presente que efectivamente hay hermanos cuyos ministerios y vocación trascienden la iglesia local, y son de bendición al pueblo de Dios en general (Ef 4:11-12). 

El problema viene cuando por alguna razón, estos o la corte alrededor, llegan a verse como poseedores de la verdad bíblica absoluta. Cuando empiezan a despreciar todo lo que no venga o sea fruto de su círculo de influencia. Solo lo que sale de aquí es bueno, es sano. Lo demás es cuestionable “porque no nos siguen”.

3º El orgullo eclesial.

Ahora no hablamos de denominación ni de un ministerio exitoso, sino de la propia iglesia local. Cuantas veces hemos oído a alguien, incluso nosotros mismos, enorgullecerse por pertenecer a la congregación más antigua, la primera, la segunda,… tener el mejor pastor, la mejor predicación, el mejor grupo de alabanza, la manifestación del Espíritu, los creyentes más puros, “donde todos son bienvenidos”, “donde no se juzga a nadie”… ¿Y las demás iglesias? “Bueno están bien”, y más si son de mi ámbito denominacional, “pero la mía, la mejor.” Y parece que se trabaja más por llenar “la iglesia” que por dar a conocer a Cristo. Diferente cosa es que tengamos amor por la iglesia local, el testimonio y los hermanos.

4º El orgullo personal.

Esa convicción que llegan a tener algunos de que  aparte de mí, todos dejan mucho que desear en la exposición de la Palabra, o en la visión del ministerio, o de la iglesia. Todos tienen problemas, todos cojean,  ningún predicador me satisface. En consecuencia difícilmente soy capaz de ver lo bueno que los otros, aún con sus limitaciones, pueden aportarme. Así de triste, pero así de real. 

Pero ¿En qué forma nos ayuda este relato para afrontar este tipo de cosas?

El extraño caso del hombre que “no nos seguía.”

(Mr 9:38) “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía.”

No sabemos cuándo sucedió este incidente. Suponemos que en el tiempo que media entre la sanidad del muchacho endemoniado, ese con quién los discípulos fracasaron, y el regreso a Capernaum. 

En alguna aldea, quizás en los alrededores de Galilea, encontraron a un hombre que hacia la obra de Dios expulsando demonios en el nombre de Jesús. ¿Y qué sucede? Que en vez de alegrarse al ver que es bendecido donde ellos fracasaron, deciden reprenderlo. El motivo oficial, porque “no nos seguía”. Aunque posiblemente había una buena dosis de celos. Alguien observaba acertadamente que “nuestro orgullo se hiere cuando alguien triunfa donde hemos fallado,”2.

Dos son las cuestiones que vienen a continuación. Primera, ¿Qué relación tiene esto con la enseñanza anterior? Y segundo, la más interesante, ¿Aprobó el Señor este comportamiento? 

Cómo se relaciona esta escena con la enseñanza de Jesús.

La verdad es que, así de entrada, no parece que halla mucha relación con el episodio anterior (Mr 9:33-37). La opinión más compartida es que cuando Jesús habló “de recibir en mí nombre”, esto trajo a la mente de Juan este incidente con un extraño que decía “actuar en el nombre de Jesús”. Pero ¿Con qué intención lo menciona? Hay diferentes opiniones:

- Como una forma de desviar la atención del mensaje de Jesús. Al fin y al cabo la reprensión era dura no tanto en la forma pero sí en el fondo. Esto lo hemos hecho todos en más de una ocasión.

- Que su conciencia de alguna forma fue afectada por la enseñanza, no habían recibido al hombre, y expone al Señor lo sucedido. 

- Como una forma de reivindicarse ante del Señor. Quería que el Señor valorara el celo de los discípulos por preservar el buen nombre de Jesús. “Esto de recibir en tu nombre está bien, pero mira a veces hay que saber parar los pies.” Personalmente me inclino por esta razón. Tengo la impresión de que Juan esperaba si no un aplauso al menos una palmada en la espalda.

Pero ¿Aprobó Jesús este comportamiento?

(Mr 9:39-40) “Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis: porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.”

¡Sorpresa! En vez de aplausos los discípulos reciben instrucción de no ser tropiezo a creyentes como este: “No se lo prohibáis”. Y además da dos razones, dos criterios que deberían ser de ayuda para discernir en situaciones semejantes:

1ª. Razón: Porque: “ninguno que hace un milagro en mi nombre, a continuación habla mal de mí”. Es decir, su vida es consecuente con Jesús.

En el caso que nos ocupa, este hombre no usaba el nombre de Jesús como una fórmula mágica, creía y honraba verdaderamente a Jesús como Mesías. Si no fuese así, los demonios no obedecerían (Hch 19:13-17). 

Criterio: Una visión correcta de la Persona de Cristo: una guía extraordinaria para discernir nuestra actitud respecto a personas, incluso ministerios, que “no nos siguen”. Ahora bien: 

- Quedan excluidos todos aquellos que tergiversan la Persona y la Obra de Cristo (“no habla mal de mí” dijo Jesús). 

- Quedan excluidos todos aquellos que afirman seguir a Cristo y viven vidas desordenadas que niegan al Señor, “no habla mal de mí” dijo Jesús (Lc 6:46).

2ª. Razón: “Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.” Esto es lo que se llama “un aforismo”, una frase breve que propone una regla o principio general. Eso no significa que no pueda tener excepciones, pero en condiciones normales es lo razonable. 

Aunque físicamente no estaba con ellos, no sabemos la razón, no era “un cismático” ni un infiltrado para hacer daño. Era un verdadero discípulo. 

Criterio: Una posición a favor del Evangelio. Otro principio que añadir a la hora discernir como relacionarnos con aquellos que “no nos siguen”. En consecuencia:

- Quedan excluidos los que hacen un uso partidista del nombre de Jesús, los que actúan movidos por fines egoístas, los que dividen las iglesias en interés propio.

Generosidad y “altura de miras”.

En las Escrituras hay dos escenas que son como ilustraciones o ejemplos prácticos de lo que nuestro Señor enseñó aquí. Dos situaciones donde primero Moisés y después el Apostol Pablo supieron actuar con generosidad y “altura de miras”: 

- El caso de Elda y Medad en Núm 11:26-29, que no estaban con Moisés en el Tabernáculo, y la reacción de Josué cuando también esos fueron alcanzados por la bendición de Dios profetizando en medio del campamento. El temor de Josué parece ser que provocaran un cisma en el pueblo, que se les viera como líderes en detrimento de Moisés. “Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.” (Números 11:29).

- La actitud de Pablo frente a aquellos predicadores que estaban movidos más por celos y por rivalidad que amor genuino a la Obra del Señor (Fil. 1:15-18).

“En mi nombre3, porque sois de Cristo.”

(Mr 9:41) “Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.”

¿Y qué tienen que ver estas palabras con lo que se está tratando? Creo que el Señor quiere profundizar en lo dicho. Y ahora pone un ejemplo de alguien que sin andar necesariamente con nosotros, “no es del grupo”, muestra con sus hechos que está por Cristo. Este tipo de acciones, aunque insignificantes, en tiempo de intolerancia podían costar incluso la vida. 

Esta persona, dice Jesús, no perderá su recompensa, pero ¿Y nosotros? Esta es la reflexión, ¿Dejaremos pasar la provisión o la bendición de Dios por causa de prejuicios o de un celo mal entendido? ¿Recibiremos el vaso de agua? Dos reflexiones en torno a este versículo: 

1º. El Señor será capaz de valorar justamente las acciones y las motivaciones del corazón, la de los unos y los otros (1º Sam 16:7). 

2º. En el servicio al Señor no hay obra pequeña ni obra grande. Desde nuestro punto de vista expulsar un demonio puede ser “lo más”, y miramos con envidia a aquellos que tienen ciertos dones o talentos y los usan para el Señor, decimos: “¿Quién pudiera?” En consecuencia consideramos con cierto desprecio  acciones más sencillas como “dar un vaso de agua”. Pero nos equivocamos, todo tiene recompensa si es hecho por amor a Su nombre, y el Señor sabrá valorar de manera justa (Heb 6:10).

Algunas aplicaciones para nuestros días 4.

Debemos buscar por encima de cualquier otra cosa que el nombre de Cristo sea glorificado.

  • Debemos reconocer y agradecer la manifestación del poder del Espíritu Santo allí donde se produzca.

  • Debemos huir del exclusivismo espiritual que confunde la lealtad a la propia iglesia o denominación con la fidelidad al Señor.  

  • Debemos cuidarnos de ser intolerantes con aquellos que no hacen las cosas exactamente igual que nosotros.

  • Debemos alegrarnos siempre que el Señor utiliza a otros hermanos nuestros para manifestar su nombre.

 

1. Entendiendo sectarismo como la tendencia a hacer de un grupo u organización algo cerrado, celoso de lo propio, intransigente, y beligerante. “Cualidad o actitud propia de la persona que defiende y sigue con fanatismo e intransigencia una idea o una doctrina, sin admitir ninguna crítica sobre la misma.” (Oxford languages). “Contra el sectarismo”, es el título que Ernesto Trenchard da a esta porción, “Una exposición del Evangelio según Marcos”.

2. Biblia de Estudio del Diario Vivir.

3. Dependiendo del texto griego utilizado leemos “en nombre de mí”, o simplemente “en nombre”. El primero es la lectura del Textus Receptus o Mayoritario. La segunda pertenece al texto griego de Sociedades Bíblicas Unidas y es el preferido en las traducciones modernas. La frase “en nombre porque” se considera una expresión idiomática griega “en base a” o “dado que”.

 

4 https://www.escuelabiblica.com/estudios-biblicos-1.php?id=58