El uso de la cubierta en la asamblea (I) 

¿Cuestión de cultura o práctica con significado?

Introducción.

¿Qué dice la Palabra sobre el uso de la cubierta de la mujer en la iglesia? ¿Y del no uso por parte del varón? Generalmente los varones romanos se cubrían en los oficios religiosos. También los sacerdotes y los Rabí judíos lo hacían. Sin embargo las mujeres griegas no tenían obligación de usar velo en público1. La enseñaza de Pablo no seguía los patrones culturales de la época.

Pero antes de abordar el asunto, es necesario compartir algunas notas sobre un tema delicado pero bíblico: “Hombres y mujeres: Iguales, pero diferentes.” 

Entre los creyentes, y hablo de cristianos verdaderos, hay dos posturas en oposición sobre este tema:

1. Quienes defienden una plena igualdad entre hombres y mujeres y por tanto también la vida de la iglesia. Las distinciones según ellos son consecuencia de la caída (Gn 3:16) y fueron abolidas en Cristo (Gal. 3:28).

2. Quienes reconociendo esta igualdad aún así ven distinciones en cuanto a las funciones de unos y otros. Estas distinciones no tendrían origen en la caída, sino en el diseño original de Dios.

Pero ¿Qué dice la Escritura sobre este tema? ¿Será verdad que todo esto es consecuencia de prejuicios culturales?

A mi entender, y espero que podamos verlo con la Palabra, la posición más correcta es la segunda. La primera tiene su parte de verdad, y es loable el esfuerzo por corregir el abuso histórico sobre las mujeres. Pero también yerra al sacrificar aspectos doctrinales importantes. Lo entiendo como un esfuerzo por adaptarse a los nuevos tiempos pensando que así la aceptación de la iglesia y la evangelización serán más fáciles. 

Hombres y mujeres creados a imagen de Dios: Iguales en valor, iguales en dignidad.

Parecería que esto es un tema asumido y por tanto innecesario ¿Quién duda que hombres y mujeres fuimos creados a imagen de Dios, que tenemos el mismo valor para Dios, y que el respeto debe ser exquisito? Y sin embargo no es así. La globalización por un lado nos ha abierto la puerta a situaciones verdaderamente terribles para la mujer en las diferentes culturas. Pero no hay que ir lejos, en nuestro entorno vemos verdaderos dramas que a veces terminan en tragedia. Y también entre creyentes, por qué no reconocerlo, se viven situaciones que no corresponden con nuestro llamado. Es necesario recordar este principio bíblico.

En primer lugar hay que aclarar que la Biblia tiene dos relatos de la creación del hombre, del ser humano, no en vano se trata de la obra cumbre de Dios:

- El primero está en (Gn 1:27-28). En palabras actuales diríamos que trata de la raza humana, de cómo apareció en la creación. 

- El segundo, que aparece en el capítulo dos (Gn 2:21-23), es más específico. Ya no es un relato general sino detallado, de cómo la humanidad está compuesta tanto de varón como de mujer. 

¿Qué dicen estos dos relatos sobre igualdad y dignidad entre hombres y mujeres?

El primer relato: La creación de la raza humana (Gn 1:26-28).

(Gn 1:26-27) “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Qué aprendemos aquí? La enseñanza principal es esta: Ambos, tanto hombre como mujer, son hechos a la misma imagen de Dios. Observemos:

El verso 26 dice: “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”… ¿Y quién es el hombre? El significado de “hombre” aquí es genérico2, no se refiere al varón sino al ser humano. Por lo tanto hombres y mujeres, ambos, son creados conforme a la imagen de Dios. 

Por si hubiese alguna duda, el verso 27 es claro: “y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó…” y añade: “Varón y hembra los creó”.

La misma idea está recogida en (Gn. 5:1-2) “…creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó;…” Y además se hace énfasis en que ambos tienen un solo nombre: Adán, indicando así la unidad de la raza: “…y llamó el nombre de ellos Adán”.

¿Consecuencias prácticas de esta enseñanza? Que todos los seres humanos merecemos el mismo respeto y consideración. El racismo, la xenofobia, o el machismo, son extraños a Dios y deben ser desterrados del corazón de los que son sus Hijos.

El segundo relato: La Creación de dos sexos (Gn 2:21-23).

(Gn 2:21-23) “Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.”

Este segundo relato sobre la creación del hombre es esclarecedor. Aquí descubrimos que esta tuvo dos fases, en un primer momento creó al hombre como varón (no un ser extraño con doble sexualidad) y después a la mujer ¿Pero qué dice acerca de la igualdad y dignidad de ambos?

(Gn 2:18) “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.”

Este verso declara que la intención de Dios al crear a la mujer fue hacer una ayuda idónea. Este adjetivo idónea (Lit. en frente de, como el que se mira en un espejo) es muy importante, subraya la igualdad entre hombre y mujer. Significa alguien de su misma especie, alguien a quién que pudiera reconocer como su igual, pero diferente a la vez para que pudiesen tener comunión en todos los niveles (mental, físico, emocional y espiritual). 

Que Eva cumple con todos estos requisitos se ve en las palabras de Adán cuando la recibe, hueso de mis huesos y carne de mi carne, será llamada Varona, porque del varón fue tomada.” (Gn. 2:23) Es como si Adán exclamara: “He aquí alguien semejante a mí”, de hecho la llama varona, Ishasha que es el femenino de varón, ish. “Son tan iguales, que la mujer procede del varón y el varón nace de la mujer. Por tanto, cualquier hombre que trata a la mujer como un ser inferior se desprecia a sí mismo”3

Hombre y mujeres, iguales pero diferentes.

Y ahora llegamos a la parte políticamente incorrecta del estudio: “Hombres y mujeres somos tan iguales como diferentes, y tan diferentes como iguales”. 

Aunque iguales, cada uno está llamado a desempeñar diferentes roles o funciones sin que esto implique inferioridad o superioridad. Estas diferencias no son el resultado de la caída, como algunos piensan, sino establecidas por Dios desde la creación. Por tanto tienen un valor perdurable en el tiempo. Debido a la brevedad del estudio, llamaremos la atención solo a dos argumentos:

1. El orden en la creación.

En el primer relato de la creación (Gn 1:27-29) leímos: 

(Gn 1:27) “…y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó…” y añade: “Varón y hembra los creó.

Observemos el orden en la creación. No dice: “Hembra y varón los creó” sino “Varón y hembra los creó” ¿Un detalle sin importancia? Podría serlo si no fuese porque en el segundo relato encontramos que efectivamente Dios primero formó al varón y un tiempo después a la mujer (Gn. 2:4-8; 18-25). Y que durante el periodo intermedio sucedieron cosas importantes. Por ejemplo:

Es Adán quien es instruido por Dios acerca de la comida y la prohibición de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Gn 2:16-17). Pero ¿Y quién formó a Eva en estas cosas? En este caso no es Dios mismo sino Adán quien tuvo la responsabilidad. ¿Un detalle sin importancia? ¿Estamos imaginando? Tras la caída, en (Gn 3), hay un detalle que corrobora esta afirmación: Cada uno, Adán y Eva, reciben su parte de castigo por la desobediencia, pero ¿A quién se dirige Dios en un primer momento? ¿A quién pide cuentas? (Gn 3:9-12).

2. Es Adán quien pone nombre.

Ahora llamamos la atención a (Gn 2:19-20). ¿A quién correspondió la tarea de poner nombre a cada animal? No fue Eva sino Adán. Y cuando Dios creó a la mujer, es Adán quien por dos veces le pone nombre (Gn 2:23) y (Gn 3:20). 

¿Otro dato intrascendente? Para los antiguos y en especial en el pensamiento del A. T. dar nombre implica “conocimiento” y también “un grado de autoridad”4. El hecho de que Adán de nombre primeramente a los animales y después a Eva implica una posición de autoridad establecida por Dios antes de la caída. 

A modo de conclusión y antes de avanzar: Desde el principio, al varón le es asignada una posición de autoridad, pero nunca “de superioridad y privilegios”. Esta autoridad debe leerse en términos de: “responsabilidad, sacrificio y servicio en amor” 

El reflejo de la Creación en la iglesia local.

Alguien escribió que el Nuevo Testamento basa las relaciones entre los hombres y mujeres, tanto en el matrimonio como en la iglesia, en la narrativa de la creación (en especial Gn 2). De ahí la importancia de conocerla. Como ejemplo del relato aplicado al orden en la asamblea llamamos la atención a dos textos:

- (1 Co 11:6-8) El argumento para que la mujer use una cubierta en la reunión de la asamblea no es cultural, sino que apela a la creación (al orden y al propósito).

- (1ª Tim 2:11-13) El argumento para que las hermanas estén en silencio en la asamblea tampoco no es cultural, sino que apela a la creación.

Distorsión en las relaciones 

¿Qué valor tiene entonces Gn 3:16? Si no enseña que las distinciones son consecuencia de la caída, ¿Qué enseña? Enseña como el pecado terminaría por distorsionar y degradar las relaciones varón y mujer. En palabras más actuales, algo así como “la guerra de los sexos” (Gn 3:16):  “…y tu deseo será para tu marido,  y él se enseñoreará de ti”. 

Es decir, ese liderazgo original ejercido en amor, humildad, responsabilidad, y donde había una respuesta inteligente y de buena voluntad por parte de Eva, da paso a una relación presidida por los conceptos: “deseo” y “dominio”. Una relación donde el pecado ha introducido egoísmo y abuso, conflicto y dolor, donde generalmente las mujeres han llevado la peor parte.

El valor del Evangelio.

¿Qué pretende el Evangelio? El Evangelio no pretende consagrar abusos, justificar injusticias, o situaciones de degradación. No debe ser utilizado para ello. Pero tampoco pretende anular las distinciones establecidas por Dios en la creación. ¿Y entonces? Lo que pretende es restaurar y dignificar ese orden original tanto para el hogar como en la asamblea, la Casa de Dios. 

Y ¿Cómo puede hacerse esto? Para ello tiene como modelo a imitar al Señor Jesucristo y su amor sacrificial; y la obra de transformación que el Espíritu Santo hizo en nosotros al creer, capacitándonos constantemente para la nueva vida. 

Esto último, la Obra que surge de Calvario, la renovación interior por el Espíritu y el ejemplo de Cristo son aplicables no solo a esta esfera de hombre/mujer sino también a otras esferas de nuestras relaciones y a nuestra conducta como discípulos de Cristo. 

 

1. “En general ambos sexos tenían la cabeza descubierta por costumbre, pero cuando los varones griegos viajaban, solían llevar el petasos, un sombrero práctico de fieltro o paja que sujetaba a la barbilla…”  R. Turner Wilcox, The Mode in Hats and Headress, (la moda en sombreros y velos), New York: Scribner’s Sons, 1945, págs. 18-19. Citado por J. G. McCarthy en su libro Biblical Head Covering, 1989. El mismo autor cita a James B. Hurley, “Did Paul Requiere Veil or the Silence of Women? A Consideration of 1 Cor. 11:2-16 and 1 Cor. 14:33b-36”, Westminster Theological Journal, vol. xxxv, pág. 194; “Si resumiéramos la información presentada por las culturas pre-cristianas en Grecia y las culturas orientales, tendríamos que decir que todo indica que las mujeres orientales se cubrían en público y las mujeres griegas no lo hacían. Esta generalización debe limitarse a los que moraban en las ciudades, porque al parecer, más al oriente las mujeres de los nómadas del desierto no se cubrían.”; y Albrecht Oepke, Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, de Kittle, traducción inglesa: “Sería muy equivocado decir que las mujeres griegas tuvieron alguna obligación de llevar velo en público…”

2. Es interesante que sepamos que “Adán” viene de la palabra Adamah que significa “tierra roja” en hebreo. A su vez “Adán” tiene dos usos: Uno genérico para referirse al “ser humano” (hombre), y otro específico para referirse al primer varón y como su nombre propio. Este juego de significados está presente en los primeros capítulos de génesis. 

Él hecho de poner al varón como nombre propio el nombre genérico para la humanidad, o de llamar a la humanidad con el nombre propio del primer varón es significativo. Es indicativo de una distinción de funciones que ambos debían respetar. Además indica que este actuará como representante de la raza humana, de hombres y mujeres.

Insistir en leer Adán siempre con un sentido inclusivo hombre/mujer desfigura el relato de Gn 2 y contradice afirmaciones del N. T. 

3. David Burt. Ser mujer en el S. XXI.  ver apéndice: Varón y mujer en Cristo. Editorial Timoteo. 

4. No son los niños quienes ponen nombre a sus padres, sino los padres a los hijos; los reyes y los gobernantes podían cambiar los nombres a sus súbditos (Gn. 41: 45; Dn. 1:7); y es Dios mismo, quién en base a su conocimiento y poder trasformador, también cambia el nombre a las personas (Gn. 17: 5, 15; 32:28; Jn. 1: 42)

 

Natanael Leon