Evangelio de Pablo1

(Pablo prisionero en Roma)

“EL EVANGELIO DE PABLO”,

PERO NO INVENTADO POR ÉL

Liberado de los “enredos” en los que se sumergen los hombres de la “alta crítica”, aquellos que desde la soberbia de su suficiencia tratan la Palabra como meros documentos antiguos, semejante a las tablillas cuneiformes de los sumerios, a los escritos de Homero, Sócrates, y no cual propiamente es Palabra viva de Dios, revelada e inspirada por su Santo Espíritu… 

Libre de sus enredos, deseo, desde mi forma de concebir el debate, plasmar en las líneas que siguen lo que respecto al insigne tema “EL EVANGELIO DE PABLO”, se puede ver a la Luz de la Palabra.

Su Génesis

Dicho Evangelio tuvo su génesis en el camino que conducía a Damasco, donde se produjo el memorable encuentro de Pablo con el Señor Jesús. Aunque más que un encuentro, lo que Saulo de Tarso tuvo fue un encontronazo con el Cristo resucitado y Glorioso, una tremenda colisión que tuvo muchas y muy grandes consecuencias. Allí, el joven rabino, no solo fue derribado a tierra, sino que quedó desarmado y sometido al señorío del Jesús al que andaba persiguiendo.   Evangelio de Pablo 2

«él, temblando y temeroso dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? …» Hch.9:6a.

Ante la reticencia de Ananías para ir a ministrar a Saulo, el Señor le declaró la misión que le tenía reservada:

Hch.9:15-16 «El Señor le dijo: Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre

Ahora, dejando a “Saulo”, pongamos el foco en Pablo, aquel Apóstol en el que Saulo fue transformado, a quien ya se le había dicho cuál sería su misión, «llevar el conocimiento de la persona y obra de Jesucristo en al mundo gentil».

Por lo concreta que fue, tanto la misión encomendada como la demarcación de sus destinatarios, es por lo que el apóstol Pablo, con cierta frecuencia y en el mejor de los sentidos, utiliza la expresión su Evangelio”. Suyo, sí, pero no porque él se lo inventara, sino porque lo recibió directamente del Señor, quien a su vez le comisionó para que lo predicara a los gentiles. (Cf. Hch.9:15) 

Dicho esto, pregunto: ¿A qué vienen extemporáneamente ciertos Sres. a desautorizarle? Digo extemporáneos, porque los contemporáneos del Apóstol ya le examinaron en detalle, le aprobaron, asumieron su mensaje, y se solidarizaron con el vocero señalado por Dios. (Gá.2:6-9)

Su Desarrollo

El referido Evangelio no consta recogido en un tomo cual los que salieron de la pluma de los Evangelista, (Mateo, Marcos, Lucas, Juan), sino que en cierto sentido, se sintetizó en su diario vivir, sentir y obrar.

El Evangelio de Pablo se desarrolló en el fluir de un pensamiento santificado, consagrado e inspirado oportunamente por el Santo Espíritu de Dios, a lo largo de lo que fue su azarosa vida: Una dilatada carrera de obstáculos, realizada en sujeción a la norma: Fidelidad a              su Señor y a su conciencia, y en el genuino amor que profesaba a la Obra que le había sido encomendada. No anhelaba otra cosa que culminar su carrera con Gozo.

2Co.11:28 «y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias.».

Rm.9:1 «Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo».

Hch.20:24 «Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, CON TAL QUE ACABE MI CARRERA CON GOZO, Y EL MINISTERIO QUE RECIBÍ DEL SEÑOR JESÚS, PARA DAR TESTIMONIO DEL EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS». Evangelio de Pablo 3

 2Co.1:12 «Porque nuestra gloria es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que, con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo, y mucho más con vosotros.».

2Co.4:2 «Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios». (Cf. 2Tm.1:3)

El Evangelio de Pablo se compila a partir de espigar en sus escritos inspirados, tomándolos como en verdad son, «Palabra de Dios», y esto, con limpia conciencia y un espíritu diligente y constructivo. (Cf. 1Ts.2:13)

Gá.1:11-12 «Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo».

Sentido de la Expresión

La expresión,mi Evangelio”, conlleva la idea implícita del carácter peculiar del amplio “campo” de labranza que el Señor asignó a su siervo, a efecto de que desarrollara el singular ministerio referido a su labor entre los gentiles, ejemplo y razón por la que Pablo obvió la circuncisión y otros ritos externos que solo afectaban al judaísmo.

Esa es la idea, llevar adelante con todas sus consecuencias el ministerio que recibió del Señor, obra por la que tuvo que sufrir una tremenda e incesante hostilidad de parte de los judíos.

Defendiendo el evangelio

Mientras, la preocupación que cargaba sobre él desde el lado interno también demandaba del Apóstol una gran dosis de valentía. Era necesario mantener la verdad del Evangelio, y para ello, no dudó en reprochar la cobardía que evidenciaron algunos de sus colegas, como Pedro, Bernabé y otros, quienes, si sacaban los pies del plato, se encontraban de frente a un Pablo dispuesto aplicarles el correctivo pertinente.

Gá.2:11 «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aún Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos».

Pero eso no es todo. Frente al peligro de deslizamiento, que era obvio, ya fuesen de particulares o de alguna congregación, allí que estaba Pablo:

Gá.2:14 «Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?»

Gá.2:3-5 «Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros».

Gá.3:1 y ss. «¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?». (Cf. Dt.32:6; 1Sm.13:13; Mt.7:26; Lc.24:25; Ef.5:15; 1Tm.6:4)

De modo que si los detractores de hoy, con toda su erudición, han encontrado algún tipo de deficiencia en el Evangelio que Pablo vivió y predicó, (al que dichos críticos no le llegan a la suela de su sandalias) … Evangelio de Pablo 4

…tenemos como cierto que aquellos grandes Apóstoles, (incluidos los pesos pesados de la Obra en Jerusalem), a los que el Señor invistió de su propia autoridad, tuvieron oportunidad de escrutar, tanto el mensaje como al mensajero, y cuyas conclusiones respecto a Pablo, fueron plenamente satisfactorias:

Gá.2:2, 6-9 «Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron.

Antes, por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles),

Y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión».

1Ti.2:7 «Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad». Cf. 2Ti.1:11.

Ganas de Enredar la Simplicidad del Evangelio.

Aparte de Pablo y los demás contribuyentes del N.T., sorprende que, a causa de la sencilla expresión, “mi Evangelio”, y dado los muchos enemigos que el Apóstol tenía, quienes, al oírle decir, “mi Evangelio”, bien le pudieron haber acusado de pretencioso, o distorsionarle la expresión, para desacreditarle de alguna manera.

Pero ya ven que no hay indicio en todo el N. T., de que alguno le afeara nada, tanto es así, que Pablo tuvo libertad para usar la frase, “mi Evangelio”, o “nuestro Evangelio”, tantas veces como lo creyó necesario, con toda naturalidad y sencillez de corazón:

Rm.2:16 «en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi Evangelio.»       Evangelio de Pablo 5

Rm.16:25-27 . «Y al que puede confirmaros según mi Evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que, por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén»

2Co.4:3 «Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto». (Cf. 1Ts.1:5; 2Ts.2:14) 

El Evangelio Propiamente Dicho 

Por lo que se refiere al lado histórico doctrinal, y de forma muy sucinta, Pablo sintetiza “su Evangelio” (el que predicaba por doquier), en estos términos:

1Co.15: 1-4 y ss. «Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual, asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. 

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras».

Pero en el caso propio de lo que Pablo llamaba “su Evangelio”, la cuestión no se refiere a la etimología y al significado primario del vocablo griego, (εὐανγέλιον euanguélion = Buena nueva, evangelio W.E. Vine), que Pablo conocía mejor que los Sres. W.E. Vine, Strong, A.T. Robertson, etc.

euanguélion”, Para Pablo, más que un vocablo y una definición, «su Evangelio» era pura dinamita = poder, y es “dunamis”, porque hace lo que anuncia, es el poder salvador de Dios. De ahí que se exprese…

1Tes.1:5 «pues nuestro evangelio [de Pablo y sus colegas] no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros». (Cf. 2Tes.2:14)

¿Palabras explicativas? ¡Sí, por cierto! las justas y las necesarias, pero esencialmente para Pablo el Evangelio consistía en poder y plena certidumbre. Es a esto que Pablo llama «mi evangelio», y pregunto… ¿Cómo los descuartizadores de las Escrituras pretenden intervenir y cuestionar lo que para el Apóstol fue una experiencia real, vivida, sentida y experimentada en todo su ser?

Por tal experiencia, y porque él mismo había sido instrumento de Dios para obrar portentos y maravillas, es por lo que el Apóstol podía decir a pleno pulmón y con toda propiedad:

Rm.1:16 «Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío, primeramente, y también al griego».

Por tanto, en el caso de Pablo y la forma en que él lo entendió para sí, «su Evangelio», no fue otra cosa que una deuda contraída, es decir, la ingente tarea de predicar a Cristo, y a Éste Crucificado, dentro del espacioso campo que el Señor le asignó, el mundo gentil.

Rm.1:14 «A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor.» 

1Co.9:16 «Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!»

La diferencia con el Evangelio de Pedro solo estriba en la parcela que a éste le fue asignada, la de la circuncisión, y que la suma de ambos, desborda lo esencial para legarnos, además, todos los matices.

 

Manuel Leon