¿QUIÉN BAUTIZÓ A LOS APÓSTOLES Y CUANDO FUE EFECTIVO SU BAUTISMO?1

Cabe que algunos tengan dificultad para asimilar, (por no decir que se les pudiera obturar la mente y no aceptar…) la conclusión de la idea que expongo, y es que, “Mirando en la Palabra”, se puede ver que, efectivamente, las Escritura, (aparte del caso de Pablo, Hch.9:18), nada dicen respecto al bautismos de los Apóstoles; en realidad, ni tan siquiera existe el más leve indicio de que en algún momento los Apóstoles hayan sido bautizados, y no sin razón.2

La cosa parece inaudita, y, como ya se ha dicho, cabe que en una primera instancia aquellos que militan en denominaciones que hacen depender la salvación del bautismo y de otras exigencias de la Ley, queden desconcertados.

De ahí la necesidad de reponerse del shock que produce descubrir algo que jamás antes se había sospechado, que los Apóstoles, aunque tenían el mandato del Señor de discipular y bautizar a los conversos, ellos mismos nunca fueron bautizados, aun dada la supuesta “virtud” sacramental que algunos atribuyen al bautismo.

Solo “Mirando en la Palabra” y a partir de una reflexión libre de prejuicios y con el debido sosiego, se podría encender la luz para un correcto entendimiento. Por lo general, el tema es algo que “nadie” suele plantearse, solo vienen a caer en la cuenta cuando se les pregunta… ¿Cuándo fueron bautizados los Apóstoles?

Obviamente el desconcierto y la confusión se produce porque esto del bautismo de los Apóstoles es algo que se suele dar por hecho; pero la pregunta les deja descolocados, y en el caso de personas prejuiciadas a causa de una doctrina equívoca, terminan por distorsionar lo fácil, y desnaturalizar lo obvio y natural.

1 Nadie crea que se trata de arremeter contra la práctica cristiana de bautizar a los conversos, porque el que escribe cree que el mandato de bautizar, así como el de instruir a los conversos, tiene plena vigencia y además creo que debe ser por inmersión, para que no se desvirtúe su significado, morir al mundo y resucitar a una nueva vida para ser vivida a la mayor gloria de Dios, en el poder del Espíritu Santo.
2 Es necesario tener en cuenta que, en el presente trabajo, al hablar del Bautismo, la referencia es al Bautismo cristiano, el que Jesús resucitado instituyó para sus seguidores, bautismo que nada tiene que ver con el que aplicaban los judíos a sus prosélitos, ni tampoco con el bautismo que Juan el Bautista aplicó en el Jordán a cuantos judíos respondieron a su llamado al arrepentimiento. (Mt.3:5-6).

Digo esto, porque que varios discípulos de Jesús que llegaron a pertenecer al número de los doce venían del círculo de discípulos de Juan, y se supone que habían sido bautizados por él, (Cf. Jn.1:35-37, 40), pero es claro el bautismo de Juan nada tenía que ver con el ordenado por Jesús, y así lo entendió Pablo.

Hch.19:3-5 «Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan. Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo. Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.»

Entiéndase que el bautismo de Juan tenía un carácter preparatorio, mientras que el bautismo cristiano se establece sobre realidades. Tenemos pues: Que había llegado aquel que vendría tras Juan. # Que Juan le identificó como «el Cordero de Dios». # Quien hizo la Redención. # Resucitó. # facultó a los Apóstoles. # Ascendió al Cielo. # Envió el Espíritu Santo sobre los suyos en cumplimiento de la Promesa del Padre…

Además, es de suponer que, de la multitud convertida en Pentecostés, algunos serían de los bautizados por Juan en el Jordán. No obstante, se dice que todos ellos se bautizaron aquel mismo día, eso, sin que el bautismo que recibieron de Juan les eximiera de ser bautizados en el Nombre de Jesús. (Cf. Hch.2:41). 

Cuando en un debate se les pregunta sobre el malhechor crucificado junto a Jesús que le rogó se acordara de él cuando viniere en su Reino, si éste fue salvo aun cuando no se bautizó, la respuesta invariable es que sí fue salvo, y que no tuvo necesidad del bautismo porque Jesús aún no lo había establecido como condición sine qua non.

El argumento, (que algo tiene de verdad), radica en que la vigencia del bautismo que consideran “para salvación”, comenzó a partir del momento en el que el Señor, tras su resurrección, ordenó a sus discípulos para que estos, a su vez, hicieran discípulos en todas las naciones, bautizándoles (Cf. Mt.28:16-20; Mar.16:16), pero concluyen diciendo que en el caso del “buen” ladrón Cristo aún no había dado el mandato de bautizar, este vendría tras su resurrección de entre los muertos.

El argumento se cae al notar que los Apóstoles, cual el “buen” ladrón, creyeron en Jesús antes de ser muerto en el Calvario, y tras resucitar y encargarles que llevaran el Evangelio al mundo, éstos, cumplieron su ministerio sin que haya evidencia bíblica de su bautismo. Con todo y a pesar de no ser bautizados, fueron salvos.

Especulaciones:

Algunos han supuesto que en el momento previo al bautismo de los tres mil convertidos en Pentecostés, (Hch.2:41), los Apóstoles, por “necesidad”, e ineludiblemente, tuvieron que ser bautizados, pues que de otra forma la Iglesia hubiera tenido un comienzo irregular”.

Claro, esto no pasa de ser mas que una mera especulación, sin la menor evidencia bíblica, y por lo tanto nos deja como al principio. Pero hay más, y es que, en el supuesto de que el bautismo de los Apóstoles se hubiese realizado en el momento que se indica, resulta que, sin más opción ni posibilidad, el primero en bajar a las aguas, (ya que fuera Pedro, Juan, Santiago, etc.), tuvo que ser bautizado por un no bautizado, y en tal caso, la supuesta irregularidad, como que se agravaría. ¿Podemos imaginar un no bautizado bautizando a los Apóstoles?

El ejemplo previo de Juan el bautista.

¿Qué necesitaban los Apóstoles para poder actuar en el nombre del Señor y que los bautismos que realizaran tuvieran validez? ¿Estar ellos bautizados? ¡¡No!!

Formulemos a Juan el Bautista la misma pregunta: ¿Qué necesitaba el Bautista para poder bautizar con carácter oficial en nombre de Dios? Lo que Juan necesitó para operar fue que Dios le ordenara ir bautizar. Pues eso mismo necesitaron los Apóstoles, ser comisionados por el Señor resucitado para bautizar a los convertidos.

Nótese que de Juan tampoco se dice que hubiera sido bautizado previamente, pero sí se dice, (y aquí está la clave), que Juan «fue un hombre enviado por Dios» (Jn.1:6). El mismo Juan, con referencia a Dios, dice: «el que me envió a bautizar con agua…», (Jn.1:33). Así mismo, el Señor implicaba que «el bautismo de Juan era del Cielo y no de los hombres», (Mt.21:25).

Si tras lo dicho preguntáramos: ¿Quién bautizo al bautista? Se haría evidente que Juan no tenía tal necesidad; él, sin cambiar la condición o el estatus en que fue llamado, (pero aplicando la autoridad del Cielo con la que fue investido), se limitó a cumplir con el ministerio que le había sido encomendado, y punto.

(Mt.3:5-6) «Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados

Pregunto: ¿Por qué razón nadie se sorprende del hecho de que Juan no fuese bautizado y sí hay reticencia para aceptar que los Apóstoles no lo fueran? Claro que, si hemos de juzgar los hechos con el mismo patrón, el qué Juan saliera a bautizar sin que él fuese previamente bautizado nos situaría en un dilema similar al de los Apóstoles.

Lo cierto es que no cabe tal dilema ya que, como se ha dicho, Juan fue un hombre enviado por Dios a tal efecto, con instrucciones precisas. Igual se plantea el caso de los Apóstoles, quienes, como Juan, solo necesitaron dos cosas esenciales para poder bautizar, sin que ellos a su vez fueran bautizados:

a) Haber sido comisionados al efecto con un mandato concreto y directo del Señor resucitado, lo que queda registrado fehacientemente en las Escrituras: (Mt.28:19b), «…id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo»

b) Haber recibido el <poder de lo alto>, lo que en verdad también recibieron, y con lo que fueron capacitados para poder cumplir con la comisión recibida: «…recibiréis poder, y me seréis testigos…» (Hch.1:4,8).

Si la comisión y la investidura del Cielo fueron suficientes para Juan, ¿Vamos a cuestionar la autoridad del Mesías invicto, glorioso y Divino quien comisionó e invistió de autoridad y poder a sus Apóstoles? Así es que los Apóstoles, bautizaron sin más, invocando la autoridad del Nombre del Señor Jesús.

El ejemplo de Abraham.

Un ejemplo a la inversa lo tenemos en Abraham, a quien Dios dijo expresamente: «…En cuanto a ti, guardarás mi pacto, y tu descendencia después de ti por sus generaciones. Este es mi pacto, que guardaréis […] Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros», cosa que Abraham cumplió al pie de la letra:

«En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo. Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado del extranjero por dinero, fueron circuncidados con él», (Gn.17:9-11,26-27).

Dios fue claro y preciso, y Abraham entendió perfectamente lo que a él le atañía, de tal suerte que, por ser el principal encartado, fue el primero en circuncidarse, después su hijo, y luego todos los domésticos de su casa. Esto confirma que, si el Señor hubiera querido que sus Apóstoles se hubieran bautizado, lo hubiera explicitado igual que Jehová explicitó la circuncisión de su siervo Abraham.

Insisto, en el caso de Abraham, la señal que validaba el Pacto fue la circuncisión (Gn.17:11; Hch.7:8; Rm.4:11), Pero…

<<Lo que valida el Nuevo Pacto no es el bautismo sino la sangre de Cristo.>>

No es este el caso de los Apóstoles. Lo que valida el Nuevo Pacto no es el bautismo sino la sangre de Cristo; otra cosa es que los Apóstoles, tras el descenso del Espíritu Santo tenían la responsabilidad de cumplir la comisión recibida del Señor, (Mt.28:19; Hch.1:8) y para cuya consecución, según se ha dicho, fueron investidos con la autoridad proveniente de Aquel a quien le había sido dada «toda potestad en el cielo y en la tierra», (Mt.28:18b).

Entonces… ¿Qué más necesitaban para salir a predicar y bautizar a los que creyeran? ¿Ser ellos previamente bautizados? ¡No! La orden fue: Id, y el requisito: «Cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo». (Hch.1:8)

La cuestión de que tenía que darse entre los Apóstoles un bautismo previo al inicio de su ministerio no deja de ser más que un supuesto especulativo sin aval bíblico. La realidad es más sencilla. Para que los Apóstoles bautizaran a los conversos bastaba el mandato simple y llano del Señor; siempre ha primar la voluntad del Señor, lo demás son prejuicios que no hacen sino enredar la sencillez de la Revelación bíblica.

M. León