El Evangelio de Marcos.

Introducción.

¿Sabias que los Evangelios no fueron los primeros documentos escritos del  Nuevo Testamento? ¿Cómo tuvieron los primeros cristianos conocimiento de la enseñanza de Jesús? Una situación excepcional que se vivió al comienzo de la Iglesia.

Marcos

 

 

Unas palabras al lector:

Lo que vamos a compartir no es un comentario o un estudio exegético del Evangelio de Marcos. Son exposiciones con un marcado carácter práctico y devocional, que sin eludir temas difíciles, buscan la edificación del pueblo de Dios y aún presentar el evangelio a los no creyentes. Todas ellas han sido compartidas primero con la congregación y en otras iglesias locales. ¿Cuál fue el propósito al iniciar esta serie? Conocer mejor a mi Señor y Salvador Jesucristo, y de esta manera animar también a mis hermanos y aún amigos a conocerle mejor, amarle e imitar su ejemplo. Ese mismo interés es el que me mueve a compartir estas notas, esperando que nuestro Dios las utilice para Su Gloria.

Marco histórico: ¿Por qué este Evangelio?

Al principio del cristianismo se vivió una situación curiosa. Hubo un momento donde las iglesias apenas tenían unos pocos de los escritos que hoy forman el Nuevo Testamento (Santiago, Gálatas, 1ª Tesalonicenses) y los Evangelios, con las enseñanzas y la vida de Jesús, no existían.

Esa tarea de enseñar la vida y las palabras del Salvador recaía especialmente en los Apóstoles, los cuales habían sido testigos de su ministerio y resurrección (Hch 1:21-22) (Lc 1:2) (2ª Pd 1:16) (1 Jn 1:1-3). 

(Hch 1:21-22) “Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.”

Pero a pesar del esfuerzo, solo eran doce y pronto faltó uno (Hch 12:1-2), no podían abarcar todas las iglesias. Las congregaciones en Judea y alrededores tenían más fácil el acceso a los Apóstoles y a otras personas que pudieron ver y escuchar a Jesús. Pero ¿y el resto de las nuevas congregaciones? ¿Aquellas que estaban en Italia, en Grecia, o en Asía Menor? A diferencia de lo que ocurre hoy los cristianos tenían hambre de Jesús, querían oír todo lo posible acerca del maestro.

Lo probable es que hubiesen relatos orales fijos con las enseñanzas de los Apóstoles sobre Jesús, y que estos se repitiesen una y otra vez en las iglesias. También que hubiese creyentes que, en su deseo por atesorar las palabras de Cristo escribieran las cosas que escuchaban. Pero todo esto tenía un peligro, que las enseñanzas de los Apóstoles sobre Jesús fuesen alteradas o distorsionadas.

Es en este contexto donde surge la necesidad de escribir los Evangelios, un relato fiable de los principales hechos y enseñanzas de Jesús. Mateo escribirá teniendo en mente a sus compatriotas judíos, y Marcos la necesidad de los creyentes no judíos, personas como nosotros, y que además vivían lejos de Jerusalén i. Así es como aparece este Evangelio. 

Un Evangelio sencillo, breve y muy dinámico que, enseguida se extendió entre los gentiles. Posiblemente sirvió como “libro de instrucción básica” para nuevos creyentes en muchas congregaciones.

¿Quién era Marcos?

Marcos es conocido como el autor humano de este Evangelio. Decimos “autor humano” porque por encima de él está el autor divino, el Espíritu Santo, el cual guió y cuidó, salvaguardando de error, toda la elaboración del relato, respetando a su vez la personalidad y peculiaridades del escritor (2ª Ti. 3:16-17).

Que Marcos es el nombre del autor humano lo sabemos por los testimonios antiguos: Papías (130 d. C.), Ireneo de Lyon (140-202 d. C.), Tertuliano (197-216 d. C.) y otros. Su nombre completo es Juan Marcos, era de Jerusalén o al menos vivía allí cuando Jesús fue crucificado. Aparece mencionado por primera vez en (Hch 12:12). 

(Hch 12:12) “Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.”

De este verso aprendemos dos cosas, que su madre se llamaba María y que su casa servía de lugar de reunión para la iglesia en Jerusalén.

Cuando nuestro Señor realizó su ministerio posiblemente Marcos era un jovencito (Mr 14:51-52), no acompañó a Jesús, pero sí que fue testigo de los primeros pasos de la iglesia en Jerusalén y tuvo un contacto directo con los Apóstoles. Pedro lo llama “mi hijo” (1ª P 5:13), lo cual indica que estuvieron muy unidos. 

(1ª P 5:13) "La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan."

Los primeros escritores cristianos dicen que fue íntimo colaborador del Apóstol. Que lo que hizo fue poner por escrito los recuerdos y enseñanzas de Pedro sobre Jesús. Este detalle es importante porque significa que no inventó, no lo necesitaba, estaba cerca de las mejores fuentes. Pero no solo Marcos fue íntimo colaborador de Pedro, también lo fue de Bernabé (Hch 15:39) e incluso del Apóstol Pablo (Col 4:10) (2ª Tm 4:11).

Los Evangelios y los “otros” evangelios.

Esto es algo que distingue a los cuatro Evangelios, llamados canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) de esos otros “evangelios” que aparecen después, y que tanto llaman la atención de la gente:  “El evangelio de Judas” “El Evangelio de Tomás” “El evangelio de María”…

Los primeros fueron escritos poco tiempo después de los hechos, los segundos entre el S. II y III. Los primeros están avalados o escritos por testigos oculares, los segundos por personas que no conocieron de forma directa los hechos relacionados con la vida del Señor. No te dejes engañar por el argumento de que “fueron excluidos por la iglesia católica porque no les interesaba, porque destruían la jerarquía y quitaba el control de la iglesia al clero”. Para eso, para denunciar la falsedad de la jerarquía católica y su manipulación de la Salvación, no hacen falta tales escritos. La lectura sencilla de los Evangelios es suficiente. Por eso durante tanto tiempo fueron prohibidos y alejados del pueblo:  (Mt 23:8-11) (Mt 11:28) (Jn 3:16).

 

¿Por qué cuatro Evangelios?

Acabamos de mencionar Mateo, Marcos, Lucas y Juan como los cuatro Evangelios genuinos, inspirados por el Espíritu, para conocer la Persona y la Obra de Jesús. Pero, por qué cuatro. ¿No sería suficiente con uno solo?Marcos2

En primer lugar aclarar que no hay cuatro evangelios diferentes, como si hubiesen cuatro mensajes o caminos distintos para la salvación, solamente hay un evangelio: “el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Mr. 1:1) (Ga. 1:6-9).

De hecho, cuando los cristianos empezaron a reunir los libros que despues formarían el Nuevo Testamento, ellos no agruparon los cuatro escritos en un tomo titulado “los Evangelios” sino “El Evangelio”. Desde el principio tenían claro que eran cuatro relatos del mismo acontecimiento. 

¿Pero por qué varios y no uno solo? Que sean cuatro, en realidad nos ayuda a tener una visión mucho más rica de nuestro Señor. No es lo mismo, por ejemplo, tener una foto tipo carnet de una persona que varias tomadas desde diferentes ángulos y en diferentes momentos. Algo así es lo que hacen los cuatro evangelistas. Cada uno escribe desde un punto de vista y con énfasis diferentes. Se complementan y el resultado final es enriquecedor:

 

- Mateo, uno de los Apóstoles. Todos los comentaristas señalan su interés por presentar a Jesús ante sus compatriotas como el Mesías y Rey prometido (Mt1:1).

-Lucas, un colaborador íntimo de los Apóstoles. Aunque dedicado a Teófilo, este evangelio está dirigido a todos los gentiles. Presenta a Jesús como “el Hijo del Hombre”, el hombre perfecto, compasivo, preocupado por el individuo, y que trae el perdón y la salvación a todos los que quieren recibirlos (Lc 19:10).

-Juan, otro de los Apóstoles del Señor. Su énfasis principal está en presentar a Jesús como el Hijo de Dios. Por tanto reiterar su Deidad a la vez que la sujeción del Hijo al Padre (Jn 20:30-31).

-¿Y Marcos? Marcos fue otro colaborador íntimo de los Apóstoles. En cuanto a su propósito, los comentaristas señalan la presentación que hace de Jesús como “el Siervo de Jehová”, Aquel que vino para hacer la voluntad del Padre según estaba profetizado. Un título tomado de (Is 42:1) y confirmado en la persona de Jesús en (Mr 1:11). En consecuencia el texto principal para Marcos sería (Mr 10:45).

Este último, (Mr 10:45) es un texto hermoso, un verso que sirve para  dividir en dos la vida de Jesús y recordarnos el propósito de su venida al mundo: 

(Mr 10:45) “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

-“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, …”, en los capítulos 1 al 13 de Marcos encontramos al Señor realizando innumerables actos de amor y poder en favor de los hombres, siempre sujeto al Padre. Todo esto de acuerdo con las profecías que sobre el Mesías Siervo de Isaías 42:1-3 y ss.

-“y para dar su vida en rescate por muchos.” Y en los siguientes capítulos del evangelio (Mr 14-16) vemos al Siervo dando su vida en rescate por  muchos. Todo ello de acuerdo también con las profecías de Isaías (Is 52:13-53:12).

Cuatro Evangelios que suman.

¿Nos damos cuenta de la riqueza de sumar estas cuatro perspectivas del mismo acontecimiento y de la misma persona? Aunque es el Mesías y Rey prometido (énfasis de Mateo), también es el Siervo del Señor (énfasis de Marcos), y aunque es Dios hecho hombre (énfasis de Juan) también es el Hijo del Hombre (énfasis de Lucas) ¡Un precioso cuadro del Salvador en cuatro dimensiones!

El escenario de los hechos.

Su importancia.

¿Por qué son importantes los detalles geográficos o los nombres de lugares? ¿Qué interés podían tener para unos romanos que estaban tan lejos de estos lugares?

Era importante porque habla de Jesús como un personaje realmente histórico, al que podían ubicar en el tiempo y el espacio. Cualquiera de ellos podía viajar al territorio del antiguo Israel, visitar las ciudades, los lugares y hablar con testigos oculares de lo que Marcos narraba.

A nosotros nos muestra que no hay diferencia entre el Jesús de la fe y el Jesús histórico. Sus obras y enseñanzas no son una elaboración posterior de los cristianos según el momento y la necesidad. El Jesús de la historia y el Jesús de la fe son exactamente la misma persona.

 

 

Caminando por los caminos de Israel.

Ahora, y de forma breve, vamos a caminar por el escenario donde transcurrió la vida de Jesús. Digamos que los judíos estaban distribuidos en dos grandes territorios Judea en el Sur, donde estaba Jerusalén, y Galilea en el norte. Jesús nació en una aldea de Judea, en Belén, pero se crió en Galilea, en la ciudad de Nazaret. 

Allí está el famoso lago, conocido como mar de Galilea, donde Jesús anduvo sobre el mar, calmó la tempestad, y en sus orillas enseñó a las multitudes.

Judea era un territorio predominantemente judío. Y además judíos de raza. Por eso miraban con un cierto recelo a sus hermanos de Galilea. Aquellos también eran judíos, pero no todos de raza. Muchos lo eran por conversión desde hacía aproximadamente un siglo. Además aquel territorio por sus características tenía mucha influencia gentil.Marcos3

En medio, separando los territorios de Galilea y Judea, estaba Samaria. Sus habitantes eran una mezcla de paganos y judíos y que tenían su propia versión del “judaísmo”. De ahí la enemistad mutua que se profesaban.

Pero estos no fueron los únicos territorios que transitó nuestro Señor. Mas al norte, por encima de Galilea y cerrando su acceso al Mediterráneo, estaba Fenicia, lugar al que Jesús se retiraba con los suyos para descansar.

También al norte, y compartiendo con Galilea parte de su mar, estaba la Tetrarquía de Filipo”, un conjunto de regiones gobernadas por uno de los hijos de “Herodes el grande”, aquel que quiso matar al niño Jesús. A esta “Tetrarquía” pertenecían las ciudades de Betsaida, de donde era natural Felipe, Pedro y Andrés (Jn 1:44), y Cesarea de Filipo. Fue en los alrededores de Cesarea donde el Señor, después de preguntar a los discípulos “¿Quién dice la gente que soy yo?” y “Pero vosotros, ¿Quién decís que soy yo?” Pedro responde “Tú eres el Cristo (Mr 8:27-30).

Pero hay más. El Jordán es un río que recorre de norte a sur el extremo este de Galilea, Samaria y Judea. Si cruzabas el jordán a la altura de Galilea, entrabas en Decápolis. Este territorio, que también ocupaba una parte de la orilla del mar de Galilea, era una confederación de 10 ciudades de mayoría gentil donde vivían muchos antiguos soldados romanos. El encuentro de Jesús con el endemoniado gadareno sucede aquí.

Un poco más abajo, cruzando el río a la altura de Samaria y Judea, estaba Perea. Este territorio era el paso obligado para los judíos que hacían la ruta Galilea-Judea, Judea-Galilea y querían evitar Samaria. En uno de sus pasos o “vados” para cruzar el Jordán estaría el lugar donde Jesús fue bautizado. 

En Lucas hay un verso interesante que nos informa de quienes gobernaban en estos lugares cuando Jesús comenzó su ministerio (Lc. 3:1).

(Lc. 3:1) “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia,”

Judea y Samaria estaban gobernadas por un delegado de Roma, Poncio Pilato. Galilea y Perea: por Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande. Iturea y otros territorios al norte del mar de Galilea: por Felipe el tetrarca, otro hijo Herodes.

Contenido y bosquejo.

El siguiente paso es una breve visión general del Evangelio de Marcos. Algo que nos hará más comprensible su estudio. Este evangelio podemos dividirlo en tres partes principales: 1º) Periodo inicial o presentación del Mesías (Mr 1:1-13). 2º) El ministerio de Jesús (Mr 1:14 -9:50). 3º) Periodo final o “el camino a Jerusalén” para la pasión (Mr 10:1-16:20).

1. Periodo inicial o presentación del Mesías (Mr 1:1-13).

Esta primera parte va desde el 1:1 hasta el 1:13 de Marcos.

(Mr 1:1) “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.”

Después de estas magníficas palabras, Marcos hace una breve alusión al ministerio de Juan el Bautista, el precursor del Mesías, continúa con el bautismo de nuestro Señor y termina con la tentación de Jesús. No hay referencias al nacimiento de Juan ni tampoco al de Jesús. Para esto debemos acudir a Mateo y a Lucas.

2. El Ministerio de Jesús (Mr 1:14-9:50).

A continuación Marcos registra una selección de hechos y enseñanzas de Jesús. Los que, guiado por el Espíritu Santo, consideraba importantes para su presentación de Cristo. Esto ocupa desde el 1:14 hasta el 9:50 de Marcos.

(Mr 1:14) “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios”.

Hay que hacer varias observaciones:

-El ministerio público de Jesús no empieza aquí. Cuando Juan es encarcelado y Jesús regresa a Galilea ya llevaba ¡casi un año de actividad! Entre otras cosas estuvo en la fiesta de la Pascua en Jerusalén, purificó el templo, se entrevistó con Nicodemo, recorrió Perea y Judea, se encontró con la mujer Samaritana, … (Jn 2:1-29-4:42).

-Este periodo de tiempo que ahora menciona Marcos abarca casi dos años, y es conocido como “el gran ministerio en Galilea”. Jesús se instala en Capernaum, ciudad costera del mar de Galilea, este será su “cuartel general, y desde allí recorrió Galilea, descendió a Judea, visitó los dominios de Filipo el tetrarca, Decápolis e incluso se adentró en territorio fenicio.

-Un tiempo donde enseñó a las multitudes, a sus discípulos, escogió a los Apóstoles, hizo curaciones, señales, expulsó demonios, y enfrentó a los escribas y fariseos.

3. Camino de Jerusalén (Mr 10:1-16:20).

Terminado el ministerio en Galilea, Jesús inicia su viaje a Judea con la intención de llegar a tiempo para la Pascua en Jerusalén. Es el momento en que habría de entregar su vida en sacrificio para perdón de nuestros pecados (Mr 10:32-34). El relato abarca desde el 10:1 hasta el 16:20, último verso del evangelio.

Para este recorrido, cruzando el Jordan para evitar Samaria, se tarda unos cuatro días. Sin embargo Jesús y los suyos tardaron aproximadamente seis meses. ¿Por qué? Pues porque aunque tenía un destino (su propio sacrificio en Jerusalén), Jesús no dejó de predicar y enseñar al pueblo.

(Mr 10:1) “Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.”

Esta porción recoge su enseñanza en Judea y Perea “al otro lado del Jordán”; y a partir del capítulo 11 la entrada triunfal en Jerusalén, la purificación del Templo, nuevos debates con los judíos, la visita a Betania, la última cena, el arresto, juicio, crucifixión,  resurrección de Jesús y finalmente la gran comisión y su ascensión al cielo.

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i Eusebio de Cesarea, citando a Clemente de Alejandría (150-215 d.C.) escribe lo siguiente respecto al origen de este evangelio y sus destinatarios originales:

“…en tiempos en los que Pedro publicaba la palabra en Roma y exponía el evangelio bajo la acción del Espíritu, aquellos que en gran número estaban presentes en aquella ocasión le pidieron a Marcos que, puesto que llevaba acompañando mucho tiempo a Pedro y se acordaba de las cosas que él había dicho, pusiera por escrito sus palabras; así lo hizo y les dio el evangelio a los que se lo habían pedido;…”

Que los destinatarios son personas procedentes del mundo grego-romano se hace evidente por las explicaciones que Marcos hace de diferentes palabras arameas: boanerges (3:17); Talitha kumi (5:41); corbán (7:11); effata (7:34); Abba (14:36); Gólgota (15:22); Eloi, Elí, lamma sabajtani (15:34). También por la explicación que hace de ciertos usos y costumbres de los judíos como son las abluciones (3:3 s.); el cordero pascual (14:22); o la parasceve (15:42).

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Natanael Leon