El joven rico.

El vacío de la religión y las escaleras rotas.

(Mr 10:17-27)



Introducción.

Estos versos contienen la conversación entre Jesús y un hombre que acudió a él para preguntarle acerca de la vida eterna. Esto hace que el relato sea muy interesante por dos razones: 

- La primera, porque ¿Quién no se ha hecho alguna vez este tipo de preguntas trascendentes? “¿Y qué será de mí cuando abandone este mundo?” “¿Dónde pasare la eternidad?”

- Y la segunda, porque el relato nos anticipa una gran verdad. La salvación es un asunto individual, no de familia, ni de colectividad. Todo aquel que quiere la salvación debe tener un encuentro personal con Jesús.

Otro punto interesante, el Señor acababa de enseñar que para entrar en el reino de Dios es necesario “vaciarse como un niño y poner la confianza en Dios” (Mr. 10:15). Recordamos que los niños socialmente eran tenidos en poca cosa, y como en este caso, que posiblemente eran niños pequeñitos, dependían en todo de sus padres. Este relato será, contra todo pronóstico, un ejemplo de los que no quieren acercarse a Dios como un niño.

Un joven con inquietud espiritual.

(Mr 10:17) “Al salir Él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de Él, le preguntó: Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?”

Después de bendecir a los niños el Señor decide abandonar Perea, al otro lado del Jordán, y seguir su camino hacia Jerusalén. Pero entonces ocurre algo inesperado. De repente aparece un hombre corriendo, que se pone de rodillas, y le hace una importante pregunta “Maestro bueno, ¿Qué haré para heredar la vida eterna?” Impresionante, ¿verdad? Que bueno sería que hubiesen más personas preocupadas por al eternidad, por la trascendencia de sus vidas, que no por “engordar” y vivir bien en este mundo.

Reuniendo la información de los diferentes evangelios, sabemos que era un hombre joven (Mt 19:20,22), rico (Mr 10:22), de buena familia (Lc 18:18), y además “buena persona”. ¿Qué padres no quieren un pretendiente así para su hija?

Dos detalles respecto a la petición que hace a Jesús:

1. Le llama “Maestro bueno”. Una expresión que no era propia entre los judíos para dirigirse a un rabino1.. Se salió del protocolo cuando vino corriendo, cuando se puso de rodillas, y ahora al hablarle así a Jesús. Esto indica que era sincero, y que tenía un profundo respeto por Jesús como guía espiritual que venía de Dios. 

2. La otra cosa que destacamos es la manera en que se interesa por su salvación “¿Qué haré para heredar…?”

La teología judía enseñaba que había una relación directa entre obedecer los mandamientos y la vida eterna. Entre obrar el bien, cumplir con los preceptos religiosos y entrar en la vida eterna. Con sus matices esta es la enseñanza de las religiones en el día de hoy, y también el sentir de mucha gente. Se piensa que la salvación es algo así como una escalera, que a fuerza de sufrimiento y sacrifico voy subiendo peldaños hasta llegar al cielo. 

Pero había un problema, aquel joven no se sentía seguro. A pesar de una vida religiosa activa y de ser buena persona, no tenía paz en su corazón. ¿Estaría olvidando algo? Por eso decide preguntar a Jesús. El rabí que con sus enseñanzas y sus obras estaba revolucionando Israel. En realidad este es el problema de las religiones y filosofías que procuran la auto redención ¿Cuánto de bueno es necesario para conseguirlo? 

En contraste con esta teología judía y de muchas religiones la Palabra de Dios enseña que la Salvación es un regalo de Dios, y que se recibe únicamente por la fe “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.”(Ef 2:8,9) (Ro 6:23).

Ninguno hay bueno.

(Mr 10:18) “Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino sólo uno, Dios.”

Jesús no está negando que Él sea bueno. Más bien al contrario. Lo está confrontando con sus propias palabras. “Si solo Dios es bueno, ¿Estas dispuesto a reconocer que salí de Dios? ¿Qué valor tendrán para ti mis palabras?” ¿Actuaría en consecuencia? Y qué cuándo sus intereses personales entrarán en conflicto con lo que Jesús pedía, ¿qué haría?

Por otro lado, Jesús está preparando el terreno para mostrarle una gran verdad, que ninguno, a pesar de los esfuerzos o espiritualidad, puede llegar a la bondad que Dios demanda de nosotros. El Apostol Pablo lo expresó más tarde con estas palabras: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro 3:23).

(Mr 10:19) “Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.”

Puesto que él había escogido el camino del esfuerzo, el Señor le remite a la tabla de los diez mandamientos, un resumen del carácter de Dios y lo que se espera del hombre frente a Dios y su prójimo (Ex. 20:1-17)

En este caso el Señor cita la segunda parte del decálogo, los que tienen que ver con el prójimo, pues sirven mejor para su propósito (Ex 20:12-16). Llama la atención que el Señor añade un “no defraudes.” Posiblemente como una aplicación del no hurtar y no decir falso testimonio. Algunos piensan que pertenecía a una familia de comerciantes.

(Mr 10:20) “El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.”

Cuando dice “desde mi juventud” se refiere a los trece años, la edad en la que el niño asumía la responsabilidad de guardar la ley.  No hay contradicción con que Mateo le llame joven.

Esta forma de responder, ese convencimiento de haberlos cumplido perfectamente, pone en evidencia que no había entendido las palabras de Jesús, “Ninguno hay bueno sino sólo uno, Dios”, y que desconocía que el propósito último del decálogo no es salvarnos, pues nadie podría jamás cumplirlo de forma perfecta, sino que nos veamos pecadores y necesitados de la gracia de Dios en nuestra vidas "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos." (Santiago 2:10) (Gal. 3:10-11, 24). 

Jesús le amó.

(Mr 10:21) “Entonces Jesús, mirándole le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.”

El verbo mirar2. usado aquí, indica que no fue superficial sino la de alguien que pone interés. A continuación añade le amó, en griego agapao,3. el verbo preferido en el NT. para hablar del amor de Dios. Un amor que “ama a pesar de.” Este es uno de esos detalles que solo lo recoge Marcos. 

Pero ¿Qué vio Jesús que provocó esta reacción? Indudablemente su miseria, pero también su confusión y su búsqueda sincera de respuestas. Unas palabras que recuerdan que Dios ama a este mundo pecador y que desea la salvación de los hombres (Jn 3:16) (1ª Tim 2:3-4). Otra cuestión es ¿Cómo respondemos? 

Volviendo al relato: ¿Cómo mostró Jesús este amor? Llevando luz a su corazón. Mostrándole el error de sus creencias, la verdad de su condición e invitando a seguirle.

En Mateo leemos “Jesús le dijo: si quieres ser perfecto,…” Y en Marcos “Una cosa te falta;” ¿Enseña Jesús que la Salvación es una cuestión de obras? No. Desde el principio de su ministerio el mensaje fue: Arrepentíos y creed en el evangelio (Mar 1:15). Arrepentimiento y fe en la persona de Jesús. 

El joven había escogido el camino de la Ley y las buenas obras para ser salvo. Ahora el Señor quiere mostrarle que se equivocaba. No porque la ley de Dios sea mala, al contrario, no porque hacer el bien esté mal, al contrario, sino porque “Bueno solo hay uno, Dios” y a causa de nuestra condición caída siempre fallamos en algo.

Al pedirle que vendiese sus riquezas y repartiese a los pobres, Jesús no estaba imponiendo una condición para la salvación sino poniendo el dedo en su llaga. Le iba a mostrar que en realidad no cumplía los mandamientos, que su religiosidad estaba vacía, que era tan pecador y miserable como los demás. 

Él no amaba a Dios sobre todas las cosas, amaba más su fortuna y su posición social. No amaba a su prójimo como a sí mismo: “Una cosa es dar limosna y otra repartir” (Mr 12:29-31). Tenía que arrepentirse como los demás (Sant 2:10). Tenía una escalera rota.

“Y tendrás tesoro en el cielo.” Jesús presenta la Salvación, el reino de los cielos, como un tesoro, por el cual merece la pena sacrificarlo todo (Mt 13:44-46) (Fil 3:8), y nos invita a usar nuestras posesiones terrenales no para salvarnos sino para alcanzar a otros con el Evangelio y hacer el bien (Mt 6:19-20) (Lc 12:33-34) (Lc 16:9).

“… y ven, sígueme, tomando tu cruz.” Para la Salvación es necesario primero renunciar a nuestros intentos de justificarnos nosotros mismos (religión), y a la confianza en las cosas de este mundo (riquezas), para así, vacíos como un niño, abrazarnos incondicionalmente a Jesús. “Tomando tu cruz” sin importar el precio familiar, social o económico a pagar.

¿Por qué sabemos que este hombre amaba más su posición social que a Dios? Aparte de que Jesús lo dice después, lo sabemos por su reacción. Primero le vimos hincado de rodillas, joven y preocupado por su eternidad, dirigiéndose con profunda reverencia a Jesús, Pero ¿Qué hizo cuando Jesús le habló la verdad, porque lo amaba? 

La respuesta del joven.

(Mr 10:22) “Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.” 

El final no puede ser más dramático. Había entendido perfectamente las demandas de Jesús y no estaba dispuesto a obedecer. El amor a su posición social, y a las posesiones materiales podían más en su corazón. Se fue triste, afligido, turbado, pero se fue.

Esta escena, y estas palabras, de nuevo me recuerdan el discurso de Jesús sobre la necesidad de tomar decisiones valientes. Solo que en este caso, además de perder su alma, también perdió todas sus posesiones, “desnudos venimos a este mundo y desnudos saldremos de él.”

A modo de conclusión.

Para concluir, hacemos un breve resumen de algunas enseñanzas:

1. ¿Tienes inquietudes espirituales? Eso es bueno. Pero reflexiona: ¿De qué manera has estado intentando acercarte a Dios? ¿Quién es Jesús para ti?

2. El camino de las buenas obras, el intentar merecer, produce inquietud, falta de seguridad y finalmente condenación. Nadie puede obrar lo suficiente para rescatar su alma. La invitación de Jesús es: renuncia a ese camino y ven a mí. Confiésate pecador y recibe el don de la vida que Él ganó para ti en la cruz, vive para Él.

3. Si hay algo triste en este relato es el hecho de que no todos se salvan. Y el problema no está en Dios (el quiere tu salvación) sino en la respuesta que el hombre debe dar a la oferta de Dios en Cristo.

4. No dejes que aquellas cosas que debieran ser una bendición, en este caso las posesiones materiales bien usadas, se conviertan en la causa de tu condenación. Dale primeramente tu corazón a Dios.

 

1. El conocimiento Bíblico. Un comentario expositivo. Tomo I. Pág. 194. Ediciones Las Américas.

2. emblepo, expresando una intensa contemplación. W.E. Vine. Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Pág. 556. Editorial Caribe.

 

3. agapao “cuando se usa de Dios, expresa el profundo y constante amor e interés de un ser perfecto hacia objetos totalmente indignos de este amor,…” W.E. Vine. Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Pág. 556. Editorial Caribe.