¿CUAL ES TU META? 

"Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna." (Ro 6:22).

Entre los usos de la palabra META, termino de origen griego que signfica “después de” o “más allá de”, nos fijamos en dos: 

* Puede significar propósito con sentido de finalidad, de objetivo, lo que se persigue. Así escuchamos frases como: “mi meta este verano es…” 

* Y también “la linea de llegada”, el destino, el lugar donde culmina el esfuerzo. Y pensamos por ejemplo en el corredor que cruza la línea de llegada. 

Nuestra pregunta “¿Cuál es tu meta?”, tiene ese doble sentido: ¿Cuál es tu propósito en la vida? Pero también ¿A dónde te diriges? ¿Cuál es tu destino?

Los sicólogos, los educadores, los coaching etc… dicen que es bueno tener metas. Metas que estén dentro de la lógica y de nuestras posibilidades. Dicen: “Las metas actúan como motor de nuestra existencia”, “son fundamentales para una vida equilibrada”, “dan sentido a la vida”.

Ahora bien, cuáles son las metas más comunes que tienen los seres humanos. La lista es grande pero vamos a nombrar tres: placer, riqueza y fama.

1.- El placer: “La vida es muy corta y hay que aprovecharla al máximo”. En consecuencia, son muchos los que dedican su vida a buscar máximo placer, máxima intensidad y máxima diversión, no importa el precio, no importan las consecuencias (Is 22:13).

2.- Riquezas: Muchos están convencido de que el dinero lo es todo. Piensan que es la llave de la felicidad, de una vida digna donde todos te respeten y te quieran, la solución a los problemas.

3.- La fama (el éxito): Es decir, obtener el reconocimiento o aplauso. Ser el mejor, o al menos que se te admire, que te feliciten. Hay personas que desde muy jóvenes van tras esta meta. 

Al lado, hay otras que podemos clasificar como “mas nobles”: “el trabajo”, “la familia”, “la amistad”, etc. Sin embargo todas tienen una cosa en común: empiezan y acaban en esta vida. Tienen como meta final la muerte.

Metas frágiles.

La Biblia también tiene una palabra que decir en todo este asunto. Además, una palabra que debería ser escuchada con respeto y reflexión porque viene de Dios:

(Mt 6:19-20) “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín (óxido) corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”.

Una advertencia acerca de llenar nuestras vidas con metas que comienzan y acaban en este mundo. Puedes que trabajes mucho para alcanzarlas, que las conviertas en tu todo, pero en realidad son muy frágiles y limitadas: 

De repente estalla la guerra, como ocurrió recientemente en Europa, y todo se pierde. Un accidente, una enfermedad, un divorcio o una leve contrariedad puede desbaratarla, y de repente todo lo que era ilusión y fuerza para vivir se convierte en desilusión, frustración, angustia… . Y lo más triste, acaban con la muerte. Tanto esfuerzo para finalmente dejarlo todo aquí y que con el tiempo se olviden de ti. (Ecl 2:11). 

El mismo Jesús compara este tipo de metas con la comida o el agua. Es decir, cuando comes o bebes te sientes satisfecho, pero al cabo de las horas vuelves a tener hambre y sed. No traen una satisfacción permanente o plenitud al hombre, lo mantienen en una constante búsqueda y un vacío que no saben llenar.

Una alternativa distinta.

Pero la Biblia ofrece una alternativa radicalmente diferente, una meta con verdadera trascendencia, satisfacción y seguridad:

(Jn 6:35) "Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás."

Volvamos al verso en romanos que leímos al principio, y mirémos lo que significó para sus lectores “ir a Jesús” “creer en Él”: 

(Ro 6:22) “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.”

Tener un encuentro personal con Jesús fue el mayor y mejor acontecimiento que pudieron experimentar. Resultó en un cambio de META. Tanto el propósito como el destino de sus vidas fueron radicalmente alterados. 

En Cristo habían sido libertados de las consecuencias del pecado, no solo de su tiranía y del juicio sino también de vidas vacías y metas vanas, y por tanto ahora eran libres para servir a Dios. Ahora el propósito de sus vidas era agradar a Dios, por eso dice: “tenéis por vuestro fruto la santificación”. Y el fin que tenían, es decir el punto de llegada, el pleno disfrute de la comunión con Dios por toda la eternidad: “y como fin la vida eterna”.

Dos ilustraciones

La Biblia contiene diferentes relatos de personas que tenían metas frágiles y limitadas: El hijo pródigo (el placer), Zaqueo (la riqueza), el joven rico (la religión). Sí, leístes bien, también la religión. Vamos a mencionar estas dos últimas y hacer algunos contrastes:

La historia de Zaqueo (Lc 19:1-10).

Zaqueo, el cobrador de impuestos al servicio de los romanos, es el ejemplo de un hombre que escogió como meta las riquezas, las posesiones materiales. ¿Por qué escogió esta META?.

Aunque el texto no lo dice no es difícil imaginárlo. Posiblemente las mismas razones por las que miles de personas lo hacen hoy:

* La vida será más fácil. Seguramente pensaba “con dinero todo será más sencillo, todos me respetarán”. ¿Estaba acomplejado por su falta de altura?

* La vida será más agradable. Con dinero tendré también todo lo que quiera. Podré disfrutar verdaderamente la vida.

* La vida estará llena de sentido. “teniéndolo todo, me sentiré mejor. No estaré frustrado, al contrario, viviré satisfecho”.

Pero ¿Cuál fue el resultado? En realidad su vida se hizo mas dura y desagradable. ¿Sabéis lo que significa Zaqueo? Quiere decir “prominentemente limpio y bueno”. Un nombre que posiblemente expresaba el deseo de sus padres. Y sin embargo para alcanzar su meta había tenido que dar la espalda a su pueblo, vender su lealtad, actuar sin escrúpulos, y enemistarse con todos. ¿Cómo se sentiría al saber que ninguna persona de bien le quería y que todos le señalaban? 

Pero lo más triste era reconocer que vivía insatisfecho. Muy rico, pero vacío. No era la simple curiosidad lo que le llevó a correr y subir al árbol, sino la necesidad de encontrar respuestas. Por eso Jesús se detuvo donde él estaba. Jesús nunca se detuvo para entretener a la gente satisfaciendo curiosidades, pero sí para atender a personas que teniendo hambre y sed necesitaban respuestas.

El jovén rico (Mt 19:16-22).

El segundo ejemplo es el de un hombre cuya meta en la vida era muy noble. No era la riqueza, ni el placer ni la fama. Era alcanzar la Vida Eterna.

Posiblemente era rico de cuna y se había dado cuenta de que el dinero no lo es todo. El hombre necesita algo más que dinero, fama y satisfacciones. Sin embargo tenía un serio problema: escogió el camino equivocado. Escogió el camino de la religión y del mérito. Veamos como le fue:

* Le llenó de incertidumbre. ¿Cuánto hay que hacer, cuánto de bueno hay que ser? ¿Habré llegado? Después de tanto tiempo aún no estaba seguro. Por eso decidió un día ir a Jesús y ver si podía acabar con su incertidumbre. 

* Le llenó de jactancia. Estaba convencido de ser una buena persona, un fiel cumplidor de los mandamientos. Que delante de Dios estaba en una posición privilegiada: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud” le dijo a Jesús; e ignoraba que la misma Palabra de Dios dice que no hay hombre perfecto, nadie que nunca ofenda o peque.

* Estaba llenó de egoísmo. Tan lleno estaba de religión y de su propia bondad que era incapaz de reconocer la realidad del mal que le comía por dentro. Cuando Jesús le dijo comparte, la verdad de su corazón salió a la luz. Amaba mucho más su posición social y sus riquezas que a Dios y su prójimo.

Dos encuentros con Jesús, dos resultados.

Para concluir, fijémonos en un detalle: Ambos vivieron una experiencia común. Tuvieron un encuentro con Jesús. Aquel que afirma ser “el Pan de Vida”, que dice: “el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” se cruzó en sus vidas. Al joven rico le dijo: sígueme, y a Zaqueo le dijo: recíbeme en tu casa. ¿Y cómo respondieron?

* Zaqueo le recibió en su casa, y no solo de manera física sino también en su vida. La entrada de Jesús en la intimidad de Zaqueo trajo como consecuencia la transformación radical de aquel pecador. Jesús mismo dijo de él: “hoy ha venido la salvación a esta casa”.

* El joven rico, representa la otra cara de la moneda. Tan cerca que parecía, con tantas inquietudes, tan decidido y al final NO QUISO SEGUIRLE. Dice el texto bíblico: “oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”.

Zaqueo, que iba tras las riquezas de este mundo encontró a Jesús, aquel que es verdadera riqueza, y no tiene inconveniente en deshacerse de ellas. Aquel joven, que buscaba la vida eterna, cuando se encuentra frente a la VIDA se aleja y deja escapar su oportunidad.

¿Con cual de los dos te identificas? Físicamente Jesús no está aquí para decirte “sígueme”, “recíbeme en tu vida”, sin embargo este es el mensaje que te quiere hacer llegar por medio de su Palabra y con el cual habla a tu corazón por medio de su Espíritu. 

“Porque la paga del pecado es muerte” Las consecuencias de vivir de espaldas a Dios es la frustración, nada alcanza la plena realización en este mundo porque al final la muerte acaba con todo. “Más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” En contraste Dios ofrece en Cristo vida abundante y permanente. Un propósito y un fin que no quedan en este mundo (Ro 6:23). 

Recuerda: Todos los obstáculos que separan al hombre rebelde, caído, débil, del Dios amoroso, pero Santo y Justo fueron removidos por Jesús en la cruz. El murió por nosotros. Dos condiciones son necesarias para que disfrutes del perdón y la Vida en Cristo:

- Arrepentimiento, reconocer tu condición caída, tu incapacidad para salvarte, tu vida de ignorancia y ofensa frente a Dios.

- Fe en el Señor Jesucristo y Su Obra en la cruz.

¿Qué vas a hacer con la invitación del Señor? 

A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. Isaías 55:1-3.