Aprendiendo con NICODEMO

(Jn 3:1-16)

IntroducciónNICODEMO

El título de este mensaje es “Aprendiendo con Nicodemo”. Es decir, la intención no es un estudio del texto sino entresacar algunas de las enseñanzas que Nicodemo aprendió con Jesús, cosas que le sorprendieron y nos pueden sorprender también a nosotros. Pero antes de empezar será importante conocer a nuestro personaje.

¿Quién era Nicodemo?

(Jn 3:1) “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.”

- “Se llamaba Nicodemo” Un nombre de origen griego que significa victoria del pueblo. Estos nombres eran consecuencia de la presión histórica que los griegos ejercieron en esta parte del mundo. A partir de Alejandro Magno se hizo común que muchos judíos pusiesen nombres griegos a sus hijos. 

- “Un hombre de los fariseos” Esto significa que pertenecía a unos de los grupos religiosos más importantes dentro del judaísmo: los fariseos. En los tiempos de Jesús se habían convertido en la tendencia religiosa más importante del judaísmo, gozaban del favor del pueblo y dominaban las instituciones religiosas. 

Enseñaban que Dios solamente otorgaba su gracia a aquellos que cumplían fielmente con los preceptos de la ley de Moisés. Por tanto se caracterizaban por ser muy devotos y estrictos en el cumplimiento de sus las obligaciones religiosas. Movidos por este deseo terminaron añadiendo a la ley innumerables tradiciones e interpretaciones humanas que supuestamente ayudarían cumplirla mejor. Con el tiempo, esto sería causa de continuos conflictos con  Jesús1.

- Se dice también que era “un principal entre los judíos.” Es decir, un miembro del Sanedrín, máximo órgano de gobierno judío bajo la ocupación romana.

- Y por último un  “Maestro de Israel” (Jn 3:10). Es decir “un escriba”, un profundo conocedor de las Sagradas Escrituras, de las tradiciones y de las costumbres religiosas de su pueblo.

Todo esto para RESALTAR que Nicodemo no era un hombre cualquiera al que podamos tener en poco. Por el contrario, era persona culto, inteligente, de profundas convicciones religiosas, comprometido con su fe, y además con el servicio de su pueblo. Todo un ejemplo.

Tres cosas que Nicodemo aprendió de Jesús.

Hecha la introducción, veamos ahora cuales son algunas de esas enseñanzas que tanto sorprendieron a Nicodemo y que son de gran importancia también para nosotros.

I. El camino de la religión no trae verdadera plenitud ni la Vida Eterna al hombre (Jn 3:1-2).

Ya lo hemos visto, Nicodemo no era un judío cualquiera. Su fe no era como la de muchos, de ir de tarde en tarde a alguna actividad religiosa, la mayoría de las veces a actos especiales (alguna conferencia, Navidad, bautismos, bodas, entierros…) y vivir haciendo lo que quiero. Y sin embargo, a pesar de su posición social y toda su religión le encontramos sentado junto a Jesús y deseando oír sus enseñanzas. ¿Por qué? 

(Jn 3:2) “Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.”

Es probable que hasta ese momento hubiese vivido satisfecho con sus costumbres y religión, pero la llegada de Jesús con sus enseñanzas y sus señales había trastocado el orden de su vida. Empezaba a darse cuenta de que pese a su formación, su cultura y su religiosidad, algo le faltaba, no estaba satisfecho. 

Esto mismo le ha sucedido a muchas personas. Vivian pensando que tenían una vida plena, que no necesitaban más. Pero un día algo pasó: se dieron de frente con una realidad más amarga de lo que querían admitir (el fracaso personal, una enfermedad, la muerte), y encuentran que están vacíos. Los hay que han vivido de espaldas al Evangelio, y están bien, hasta que alguien les habló de Jesús, algo escucharon, algo vieron, y ahora nada es igual. Necesitan algo para sus vidas, algo que nunca han tenido pero no saben qué es.

Pero Jesús si conocía la inquietud de Nicodemo, igual que conoce tu necesidad. Recordemos el comentario que el evangelista Juan hace en los versos inmediatamente anteriores a este relato: (Jn 2:24-25) “conocía a todos” “…él sabía lo que había en el hombre”. JESÚS SABE lo que hay en cada corazón y conoce tu necesidad.

He aquí la primera lección que aprendemos junto con Nicodemo: No importa el nombre de la religión que profeses o sientas simpatía –Católica, Evangélica, Budista, Musulmana, Hindú-, la filosofía de vida que adoptes, ninguna puede dar autentica satisfacción y paz. Esto solamente lo puede hacer Cristo. 

El propio Jesús dijo en cierta ocasión a una gran multitud:  (Jn 6:35) “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” 

Y el apóstol Pablo2, que en otro tiempo también fue fariseo como Nicodemo, después de haber conocido a Jesús escribe: (Col 2:9-10) “En Jesús habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él” 

Veamos ahora la segunda cosa que Jesús quería enseñarle:

II. Lo que el hombre necesita no es más religión, sino NACER DE NUEVO. Una transformación en su interior.(Jn 3:3-6).

¿Qué esperaba escuchar Nicodemo de labios del Señor? ¿Un discurso sobre la necesidad de ser más sincero en la práctica religiosa? ¿Qué hay que actualizar la religión? ¿Alguna propuesta de revolución sociopolítica? No lo sabemos. Lo que si sabemos es lo que Jesús le dijo: 

(Jn 3:3) “de cierto, de cierto, te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” 

Lo que tú necesitas, lo que cada hombre necesita, es tener un nuevo nacimiento. No una reencarnación, no una reforma más o menos profunda o cosa semejante sino una transformación en tu interior que haga de ti una nueva criatura, entrar en una nueva relación con Dios.

Vivimos en un mundo que cree que la solución a nuestros males está en los cambios políticos, sociales, educativos, económicos (el capitalismo, el heteropatriarcado, la religión), que así cambiaremos al ser humano y el mundo. Pero se equivocan, se equivocan porque estos métodos son exteriores, ninguno afecta a la esencia del hombre, al centro mismo del problema. Difícilmente pueden contrarrestar el egoísmo, el orgullo, el odio, la avaricia, la codicia, o la maldad que anidan en el corazón.

A modo de aclaración: Mi querido amigo el hombre natural, es decir tal como viene a este mundo, tiene una naturaleza caída o pecadora. En abierta rebeldía contra su Creador y por tanto incapaz de sintonizar con Dios. Y esto no es nada bueno, tiene consecuencias prácticas muy duras:

1ª. Apartados de Dios.  Esto implica que a pesar a los buenos propósitos y esfuerzos, el control de nuestras vidas queda expuesto a estas pasiones que nacen de dentro, que nos hacen daño y dañan a nuestro prójimo (Marcos 7: 21-23). Una situación que nos aboca al juicio y al castigo eterno.

2ª. A causa de este alejamiento el hombre vive en un estado de insatisfacción y vacío: Jeremías 2:13. Buscamos algo, y no sabemos qué, necesitamos algo y no sabemos dónde encontrarlo.

Como estamos viendo, la respuesta de Dios a esta situación no es añadir más religión, ni un programa de reformas, ni siquiera de autoayuda, sino actuar sobre la parte dañada del hombre, sobre su corazón: ¡Un nuevo nacimiento! Es decir implantar en ti una nueva naturaleza no contaminada por el pecado, que no esté esclavizada por esas pasiones destructivas, un corazón limpio, que le ame y que le anhele. Una vida nueva que encuentra su plena satisfacción en Cristo. 

Hay unas bellísimas palabras que el apóstol Pablo dirigió a los creyentes de la ciudad de Corinto que me gustaría recordar aquí: (2ª Co 5:17-18) “…si alguno está en Cristo, NUEVA CRIATURA ES; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios”. . 

¿Quieres experimentar este nuevo nacimiento, tener la nueva vida de Dios?

III. Este NUEVO NACIMIENTO se produce desde el momento en que la persona Cree en Jesús para salvación (Jn 3:12-16).

(Jn 3:9) “Respondió Nicodemo y le dijo: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”.

La pregunta que surge a continuación sería: ¿Y como sucede esto?, ¿Qué debo hacer? Esta es la última de las enseñanzas de Jesús que queremos destacar. Dos cosas son importantes aquí: 

1º. Lo primero que debes saber es que este acontecimiento no depende de lo que seamos capaces de hacer, sino que es totalmente una obra de Dios: (Jn 3:7-8) el verso termina diciendo: “…nacido del Espíritu.” Y recordamos las últimas palabras de 2ª Co 5:18 “…y todo esto proviene de Dios”.

 2º. Y lo segundo, es que lo único que Dios pide de ti es que creer (que confíes) en el Señor Jesús como tu único y suficiente Salvador. NICODEMO2

Por lo tanto la respuesta de Jesús a la pregunta “¿Cómo puede hacerse esto?” fue: “Cree en mí… pon toda tu confianza en mí, recíbeme en tu vida”. Solo entonces el nuevo nacimiento será una realidad en tu vida, tendrás una nueva relación con Dios y tus inquietudes hallarán verdadera respuesta (Jn 3:16). 

Sin duda Nicodemo, quizás también tú, quedó perplejo: “¿solo creer3?” Y para que pudiese comprender bien el alcance de sus palabras, Jesús acompaña su respuesta con un relato histórico del pueblo de Israel a su salida de Egipto, estando aún en el desierto (una historia que sin duda Nicodemo conocería muy bien, pues era maestro de la Ley). Números 21:4-9.

(Jn 3:24-15) “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”NICODEMO3

Fijémonos en esto: Todo aquel enfermo que creía el testimonio de Dios y miraba a aquel lugar era sanado. Sin embargo, todo el que rehusaba el testimonio de Dios y se negaba a mirar moría irremediablemente. 

Jesús le dice a Nicodemo: “Esta misma escena es la que ha de repetirse ahora primero contigo y después con cada persona que realmente busque a Dios”. “El lugar donde se debe mirar no es a la serpiente de bronce sino al Hijo del hombre que fue crucificado por nuestros pecados para salvación”. Es ahí, en la cruz, en virtud del valor de su muerte donde hay perdón, transformación y nueva vida para el hombre.NICODEMO4

 (Jn 3:16-18) “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” 



1. Sin embargo Jesús tuvo palabras muy serias contra ellos. Les acusó de haberse olvidado de la justicia, la misericordia y el amor que Dios enseñó en su palabra para transformar las instrucciones de Moisés en una religión formalista y legalista, donde las interpretaciones de los doctores de la ley y sus comentarios tenían más valor que la propia Palabra dada por Dios a Moisés. Jesús les tuvo que decir: “Hipócritas: porque dejando el mandamiento de Dios os aferráis a la tradición de los hombres… invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición… enseñando como doctrina mandamientos de hombres.” (Marcos 7:6-13). Ahora bien este deterioro espiritual no significa que entre ellos no hubiese hombres íntegros, piadosos y preocupados por la verdad. Ejemplo de ellos son Nicodemo, Gamaliel o quien después sería el Apóstol Pablo.

 

2. Pero Nicodemo, no es el único ejemplo bíblico de personas que pese a su religiosidad y buena posición social sienten vació en su vida y acude a Jesús buscando respuestas. En Marcos 10 encontramos la historia de otro hombre, en este caso un joven religioso y de influencia en la sociedad judía. Este vino corriendo a Jesús, he hincando de rodillas le precuenta: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? (Marcos 10:17).

3. ¿Solo creer? ¿Dónde queda el arrepentimiento? Si bien la palabra arrepentimiento no aparece en el Evangelio de Juan, como explica el profesor Paul R. Van Gorder,  “la verdadera “fe” en Jesucristo incluye arrepentimiento. Es el aspecto negativo de la fe. Cuando uno es salvo, se vuelve de su pecado a Cristo, “cambia de mente”. El pecador no regenerado no tiene un punto de vista adecuado acerca de Dios y del pecado. Es cegado por su culpa; su profunda depravación interior y su total incapacidad de salvarse a sí mismo. Pero mediante la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo, es convencido de que Dios es santo; reconoce su pecado, su impureza; se da cuenta de su impotencia, y entonces pone su confianza en Jesucristo. Ha cambiado de mente.” Consultar artículo: “¿Qué es el arrepentimiento?”

https://www.mirandoenlapalabra.com/estudios-biblicos/desenterrando-tesoros/60-que-es-el-arrepentimiento

 

Natanael Leon