45. EL COSTO DE SEGUIR A JESÚS

El costo de seguir a Jesús.

(Mr 8:34 – 9:1)

 

Pensemos en una persona que se considera deportista1 porque practica deporte, va al gimnasio, pero lleva una vida insana. Es decir: come y bebe con exceso, y además cualquier cosa, fuma, incluso juega con drogas, le gusta trasnochar. ¿Es coherente? ¿La considerarías un verdadero deportista?

Creo que coincidiríamos en decir que no es coherente. ¿Qué le gusta el deporte? sí, pero no actúa como un deportista de verdad. Debería tener cuidado, el deporte no justifica los excesos y el cuerpo termina por pasar factura. Hay quienes se lamentarían de cómo la profesionalización y el dinero a corrompido el concepto “ser un deportista.”

¿Y qué pensarías de una persona que dice ser cristiana, que tiene apariencia de piedad, pero cuando rascas la superficie ves que ni su mente ni su actuar reflejan a Cristo? Vive desordenadamente, metida en líos, hablando mal de la iglesia, mal de los creyentes.

No hace falta ser muy listo para darse cuenta que algo chirría en su cristianismo. Que no es un verdadero cristiano, o al menos que no ha entendido lo que esto significa.

En ambos casos nos damos cuenta que aquel que dice ser algo, tiene que evidenciarlo con su vida no solo con las palabras.

 

Las tres condiciones del discipulado.

La actitud de Pedro hacia el sufrimiento de Jesús no solo puso en evidencia que tenía problemas para entender Su Obra, la necesidad de sus padecimientos, sino también con lo que significaba seguir a Jesús. Era necesario que también fuesen enseñados al respecto. De esto va nuestro estudio.

(Mr 8:34) “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz y sígame.”

“Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo:..” No sabemos de dónde salió la gente, quizás eran personas que habían subido de Galilea siguiendo el rastro de Jesús, quizás eran habitantes de las aldeas cercanas a Cesarea de Filipo, posiblemente judíos, y que sabían de la fama de Jesús. Pero lo significativo no es el origen sino que Jesús los llamara y los hiciera partícipe de una enseñanza tan importante ¿Qué es en verdad un cristiano, un seguidor de Jesús? Estas palabras de Jesús son una lección que los creyentes debemos repasar continuamente.

“Si alguno quiere venir en pos de mí,…” Son muchos los que se sienten atraídos por el mensaje de perdón, de amor, de esperanza, de gozo, que significa el Evangelio y ¡quieren seguir a Jesús! Genial. El modo impersonal que usa Jesús “Si alguno quiere…” nos recuerda la universalidad del Evangelio y es una invitación a poner tu nombre. Jesús llama a todos y es sincero.

¿Pero conoces las implicaciones de seguirle? ¿Qué pasará cuando vengan los desprecios o las confrontaciones por causa de la fe? (Mr 4:18-19). ¿Cuándo el mundo tiente con sus ilusiones? (Mr 4:16-17). ¿Qué clase de fe se pondrá en evidencia? Jesús no quiere llamar a engaño por eso habla con claridad y franqueza.

Hay tres cuestiones que de una forma u otra, aquel que tome una decisión por Cristo tiene que enfrentar. Intentar eludirlas significaría fracaso espiritual y en el peor de los casos, que posiblemente no ha experimentado una verdadera conversión. Jesús dijo de forma clara que quienes le siguen, deben: 1. Negarse a sí mismo, 2. Tomar su cruz, y 3. Seguirle.

1. “Negarse a sí mismo.”

“Niéguese a sí mismo,…” Este verbo, negar, es un término fuerte. Implica la idea de rechazo, de ruptura, disociación. Nuestro Señor habla en primer lugar de la necesidad de decir no “a uno mismo”, renunciar, romper, con uno mismo. ¿Pero en qué sentido? ¿Tiene que ver con mortificar o castigar el cuerpo? No. Eso es de poco valor espiritual. ¿Quizás con anular la personalidad? Aunque es cierto que nuestra personalidad debe ser limada de sus asperezas por el Señor, aquí no se habla de anulación, ese es el lenguaje de los manipuladores. Bien sabemos que lo que Dios hace es sanar, restaurar, transformar y usar personas.

Si volvemos a la escena anterior, vemos que Pedro pretendía un seguimiento “hecho a su medida”, sin que sus ideas o expectativas sobre Jesús fuesen confrontadas y cambiadas. Y Jesús dice que eso no es posible. Lo contrario significaría convertirse en el seguidor de un programa político, social, o de un falso Jesús.

Por tanto, de lo que el Señor habla en primer término, y nosotros también debemos aplicarlo, es: De la necesidad de que el “yo” no sea nuestro punto de referencia. Volvernos de esa “práctica idolátrica de centrarse en sí mismo, y de todo intento de orientar la vida por los dictados del propio interés.”2. Recordemos:

– No es posible entrar en el camino del seguimiento a Jesús mientras la persona no abandone toda idea de autorredención, y se entregue incondicionalmente a Cristo.

– Tampoco es posible avanzar en este camino mientras no aprendamos a sujetar nuestros planes, nuestras expectativas, nuestras posesiones, y aún nuestras vidas a Jesús. Es en este sentido que podemos hablar de la continua necesidad de “morir al yo”. Anular el poder del yo para sustituirlo por el gran Tú de Dios que es Cristo3..

El Apóstol Pablo expresa esta experiencia de una forma única: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20).

Nuestro Señor Jesucristo cuando habla de esta necesidad, no pide nada que previamente él mismo no hubiera hecho. Él vivía sometido de forma voluntaria a la voluntad del Padre (Jn 4:34) (Mt 26:39) (Fil 2:6).

2. “Tomar la cruz”

“… y tome su cruz…” Para muchos la cruz es un adorno, las hay de oro, de plata, con piedras preciosas. Puedes llevarla en el cuello, gravada en un objeto o en un paso de Semana Santa. Unos la ven como un símbolo de fe y la veneran. Otros sin embargo la usan como un talismán que da suerte o protege. Pero nada de esto tiene nada que ver con lo que se dice aquí.

La imagen que el Señor está usando es la de un condenado a muerte, que camina al lugar de su propia ejecución cargando el travesaño que forma la cruz donde va a ser clavado. Un anticipo del camino que esperaba a Jesús. De ahí que aprendamos que el significado tiene que ver con la necesidad de identificarse con el sufrimiento, con la disposición a sufrir, a padecer, e incluso a morir.

No olvidemos el contexto. Pedro, y con él el resto de discípulos, querían “un seguimiento sin sufrimiento.” Un cristianismo sin sacrificio. Aquello de que “el siervo no es mayor que su Señor” todavía no había calado en ellos (Mt 10:24-25).

¿Pero de qué clase de padecimientos habla este tomar cruz? Esto es importante aclararlo. ¿Han escuchado aquello de “vaya con la cruz que me ha tocado” o “Que cruz, Dios mío” y semejantes. Para muchos se trata de soportar las adversidades de la vida. Una enfermedad, una persona conflictiva, un trabajo duro… Pero no es de esto lo que se habla aquí.

Efectivamente tomar la cruz nos habla de identificarse con el sufrimiento y de disposición a padecer, pero por la causa de Cristo y del Evangelio. (Jn 19:17 y Hebreos 13:13 donde se habla de “llevar su vituperio”)4. Estar dispuestos a sufrir burla, desprecio, vergüenza, conflicto, padecimientos e incluso en ocasiones la muerte por Cristo5.. ¿Quieres seguir a Cristo? Entonces Jesús nos invita a considerar cuestiones como estas (alguien escribió):

• ¿Seguiría a Jesús aún si eso significara perder a sus amigos más cercanos?

• ¿Seguiría a Jesús si significara la alienación de tu familia?

• ¿Seguiría a Jesús si significara la pérdida de tu reputación?

• ¿Seguiría a Jesús si eso significara perder tu trabajo? • ¿Seguiría a Jesús si eso significara perder la vida?

Me sorprendo al ver la facilidad con que algunas personas están dispuestas a esforzarse, asumir desprecios, incluso violencia, por un ideario político, por una filosofía de vida, incluso por cosas banales como un equipo de futbol, o ¡si la pizza debe llevar piña!, pero se sorprenden cuando el Señor les dice que ser cristiano también implica negarse a sí mismo e identificación con sus sufrimientos. “¡Que fanáticos!” dicen. Y otros dicen “yo paso”.

3. “Seguir a Jesús”

“…y sígame.” Solo entonces estaremos en disposición de ir en pos de Él. Importante entender esto. Ser cristiano no es solo “ser un partidario o un defensor de Jesús”. No es, como muchos entienden tener sentimientos religiosos, defender lo tradicional. Jesús lo presenta como “un seguimiento de su persona”. Es una forma de vida donde están implicadas tanto la mente, el corazón como la voluntad. De ahí la ilustración con la que comenzábamos al principio. Un deportista no es solo aquel que practica un deporte o vive profesionalmente de él. Es alguien que lo asume como forma de vida, que es coherente.

Le seguimos cuando obedecemos sus mandamientos, no por imposición sino por gratitud por la salvación obtenida por medio de Él, le seguimos cuando imitamos su ejemplo de humildad, de renuncia, compasión, amor,…

Nadie dijo que seguir a Jesús iba a ser fácil. Se trata de una vida sobrenatural, imposible para el hombre por su propia voluntad, por eso Jesús comienza hablando de la necesidad de “negarse a uno mismo” y “tomar la cruz”.

 

¿Desazón? ¿Desánimo?

Es posible que el coste de seguir a Cristo cause desánimo y desazón en alguno. Pero por eso, nuestro Señor coloca el tema en perspectiva y da cuatro razones para escogerle a Él: 1. La única forma de salvar la vida (8:35). 2. El engaño de este mundo (8:36). 3. El valor incalculable de la vida (8:37). 4. La vergüenza que condena (8:38).

Pero puesto que esto queda para un estudio posterior, permíteme una palabra final. Este mismo Jesús que pone delante de ti el costo de seguirle, es el mismo que te dice: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mt 11:29-30).

¿Cómo puede ser fácil y ligero mientras se pide negarse a uno mismo y tomar la cruz? Porque es Él quién está al otro lado del yugo, quién promete estar contigo para hacer juntos el camino. Por eso es fácil y ligero. Descansemos en Él.

 

El coste de seguir a Jesús

Continuación.

(Mr 8:34- 9:1)

 

En el estudio anterior vimos que en este momento de su aprendizaje los discípulos mostraron dos problemas:

1º. Que no entendían la naturaleza de la misión de Jesús como Mesías. Que no había venido como Mesías Rey sino como el Siervo Sufriente, no para establecer su reino sobre la tierra sino para entregar su vida en rescate por muchos.

2º. En consecuencia, tampoco entendían las implicaciones que tenía seguir a Jesús, que no hay seguimiento sin dolor. De ahí que a partir de ahora, estos dos temas aparezcan con una cierta frecuencia en la enseñanza de Jesús.

En esta ocasión, la enseñanza sobre el seguimiento fue breve pero intensa: “Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” (Mr 8:34).

Importante: Estas palabras están dichas delante de una multitud y no solo los discípulos. Jesús no quiere seguidores engañados ni manipulados emocionalmente.

Tres son los requisitos con los que cualquier persona que quiera seguirle debe enfrentarse: 1º. La negación de uno mismo, entendida como la negación del yo, nuestras vidas deben dejar de girar en torno a uno mismo, y estar sujetas a Él. 2º. La necesidad de tomar la cruz, entendida como identificación con el sufrimiento, disposición a padecer, pero no por cualquier causa, sino por Cristo y por el Evangelio. 3º. Seguirle. Una vida donde Jesús es el ejemplo a imitar, en obediencia a sus mandamientos pero no por imposición sino por devoción.

Y en la conclusión plateábamos el desasosiego o desánimo que estas palabras pueden causar en aquellos que les gustaría seguirle. Sin embargo, todo es diferente cuando primeramente nos negamos a nosotros mismos, entramos en una relación de amor con Dios, y tenemos a Jesús como compañero en el camino.

 

Cuatro motivos para escoger a Jesús.

Pero aquí no acaba la enseñanza. A continuación nuestro Señor nos invita a poner en perspectiva, a medio y largo plazo, las consecuencias de optar o rechazar seguirle. Cuatro motivos por los cuales identificarnos con Jesús es la mejor opción.

1. La única forma de salvar la vida.

(Mr 8:35) “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.”

Jesús pone directamente el dedo en la llaga. Apunta a lo que posiblemente sea la mayor inquietud del hombre, salvar su vida, en contraste con la mayor tragedia perder la vida.

Salvar la vida ¿En qué consiste? 1. Preservarla. 2. Darle un propósito, que tenga calidad, disfrutar de ella. 3. No perderla después de la muerte.

De hecho la palabra que se traduce vida/alma en esta porción es psuque 6, un término variado que permite identificar al ser humano tanto en su esfera terrenal como trascendente. Por otro lado, el verbo salvar es sozo 7, preservar, que permite todos estos matices: ganar la vida, conservar la vida o salvar la vida espiritual y eterna. Y la tercera palabra implicada aquí es perder, apolumi 8, y que significa tanto morir, como desperdiciar, arruinar o perder algo.

Muchos consideran el seguir a Jesús como una perdida. Perdida porque dicen impide el disfrute de la vida, todo son normas y prohibiciones, que no puedes reírte, relacionarte. Ser cristiano es tener un carácter austero, poco amigable, etc. y parecería que Jesús les da la razón: “el que pierda su vida por causa de mí y del Evangelio,” Pero este no es el sentido de sus palabras. De nuevo, no olvidemos el contexto. El mensaje es el siguiente:

Perder la vida “salvándola”: “Todo el que quiera salvar su vida, la perderá;” Todo aquel que rehúsa seguir a Jesús por lo que ello implica de negación de sí mismo o de sufrimiento (no quiere ver cuestionados sus planes, arriesgar amistades, el trabajo, sufrir desprecios, burlas, ostracismo, cárcel o la muerte), puede que preserve/salve temporalmente su vida pero finalmente lo que tanto teme sucederá: la perderá para siempre.

Recuerda, el ser humano no es un accidente temporal, es un ser con existencia trascendente. Y no hay mayor tragedia que despertar a la eternidad lejos de Dios, fuente de Plenitud y de Vida, para pasar la eternidad lejos de Él, en ruina, en oscuridad, en remordimiento y juicio (2ª Tes 1:9). Y entonces ¿Habrá merecido la pena rehusar a Jesús por un breve tiempo de disfrute, que además está más lleno de frustraciones que de satisfacción?

Y permíteme añadir algo, conocer a Jesús en esta vida no resta sino suma. Añade paz, gozo, conocimiento y sabiduría para un disfrute más sabio y pleno de la misma. Recuerda que Él es el Autor de la Vida, Creador de todas las cosas maravillosas que nos rodean.

Salvar la vida “perdiéndola”: Y Jesús continua, “Todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.” Es decir, todo aquel se niegue a sí mismo, tome su cruz y le siga, la preservará para siempre. En la cuenta final de resultados, no pierde, añade una nueva dimensión a su vida. Vida Eterna. Jesús es la mejor inversión que el hombre puede hacer (Mr 10:29-30) (Ro 8:16-17). Aquel que muere en cristo sí lleva sus tesoros a la eternidad (Mt 6:19-21) (Ap 14:13).

2. ¡Que lo temporal no comprometa tu eternidad! El gran engaño.

(Mr 8:36) “Porque ¿Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”

Pero supongamos que la vida te sonríe, que de verdad obtienes todos los deseos de tu corazón, que destierras la frustración, la insatisfacción, el vacío del alma, aunque el sabio Salomón, que anduvo en este camino de buscar la plena satisfacción sin Dios, dice que eso es humo, (Ecl 1:10-11). Y que este éxito es a costa de posponer o rechazar una y otra vez una decisión por Jesús.

“¿Qué aprovechará…”. “¿Y después qué?” pregunta Jesús, porque la vida es corta, se pasa como un suspiro, y el siguiente paso es enfrentarse a la eternidad “¿Compensará “este momento” la condenación eterna de tu alma?” ¿Será suficiente consuelo enfrentarse a una eternidad sin esperanza repitiéndote el mantra de “que me quiten lo bailao”?

» Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado.» (Lc 16:24-25).

La tragedia no es que al final tengamos que dejar este mundo y todo lo que has conseguido se quede aquí. Lo peor es que persiguiendo una ilusión habrás perdido el alma (Sal 49:16-20) (Lc 12:16-21). ¡No te dejes seducir por lo temporal!

3. Imposible volver atrás.

(Mr 8:37) “¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

Estas palabras nos enfrentan con otra cruda realidad: La imposibilidad de volver atrás una vez que la muerte nos ha visitado (Sal 49:6-9). Es decir, hay decisiones irreversibles.

Las diferentes religiones hablan de formas de influir en el “más allá”. Unas creen en procesos de reencarnación donde poco a poco vas ascendiendo y mejorando tu posición eterna. Otras en poder influir para favorecer a los muertos con oraciones, ceremonias, ofrendas,… Y gastan fuertes sumas de dinero, tiempo, y medios para ello. Pero tal cosa, como recuerda aquí el Señor, es imposible (Heb 9:27). Una vez que la persona muere, su destino está sellado. La mejor decisión por tanto es la identificación con Cristo ahora que hay vida.

4. La vergüenza que condena.

(Mr 8:38) “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adultera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.”

Aunque hay muchas cosas interesantes, vamos a centrarnos en lo básico. Jesús llama a sus contemporáneos generación adúltera y pecadora. Lo de adultera es porque los líderes judíos y con ellos gran parte del pueblo, habían cambiado la Palabra de Dios por sus tradiciones, estaban siendo desleales para con Dios. Y pecadores porque eran rebeldes al llamado de arrepentirse y creer en Su Ungido.

Y avisa del peligro que significará, ante la perspectiva de recibir desprecios, comprometer el estatus o sufrir persecución, desecharle y congraciar con el sistema. Por eso habla de “el que se avergonzare de mí y de mis palabras”. Por cierto, Persona y enseñanzas no se pueden separar al gusto. Son una misma cosa.

Un día, advierte Jesús, “cuando el Hijo del Hombre venga en la gloria de su Padre”, el Señor está anticipando su Segunda Venida como Juez y como Rey, Él también se avergonzará de los tales, se negará a reconocerlos, sufrirán pérdida eterna.

Y esta es la gran cuestión que Jesús deja en el aire ¿A quién quieres complacer? ¿Con quién prefieres congraciar? ¿Qué reconocimiento quieres para tu vida? Solo hay dos opciones: Jesús o este mundo, entendiendo mundo como sistema, orden.

Las mismas palabras que sirvieron para describir aquella generación, “adúltera y pecadora”, sirven para este Mundo: Adúltera porque ha cambiado a Dios por ídolos humanos, por ídolos materiales, y por razonamientos humanos (Ro 1:22-23). Pecadora porque se goza en llamar bueno a lo que Dios llama malo, se jacta en practicarlo y se burla de la misericordia de Dios (Ro 1:32).

¿Con quién queremos congraciar? Al final del libro de Apocalipsis hay un verso escalofriante:

(Ap 21:8) “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”

Los cobardes e incrédulos, son aquellos que rehusaron seguirle porque preferían congraciar con el sistema y no exponerse a perdidas temporales. ¡Que ninguno de nosotros sea contado con los tales!

“Perder los bienes es mucho, // Perder la salud es más. // Perder el alma es pérdida tal, //Que no se recobra jamás.”

 

NOTAS.

  1. Un atleta (un deportista) es una persona que posee salud y condición física. Su cuerpo está sano y tiene desarrolladas sus capacidades físicas tales como la fuerza, resistencia y flexibilidad. En consecuencia, es apto para realizar cualquier actividad, desde las cotidianas hasta las deportivas. En un sentido más preciso, se considera un atleta a la persona que practica actividad física con intensidad tres o más veces por semana y que lleva una dieta y estilo de vida adecuados para rendir físicamente.
  2. Mark L. Strauss, citando otro autor. Cometario exegético-práctico del Nuevo Testamento. Pág. 387. Editorial Andamio.
  3. Samuel Pérez Millos. Análisis textual griego-castellano. Mateo, Tomo 1. Pág. 908. Editorial Bet. Argentina.
  4. Evis L. Carballosa. Mateo Tomo II. Pág. 93. Editorial Portavoz.
  5. Samuel Pérez Millos, en su comentario a Mateo, añade la siguiente reflexión: “Sin embargo, la idea de que tomar la cruz significa aceptar el sufrimiento es algo muy impreciso a la luz de la enseñanza general, si bien los sufrimientos pueden y de hecho se producen en la experiencia del cristiano.” “Tomar la cruz es la disposición a que la obra de la cruz efectué cada día el milagro de la crucifixión del Yo personal… La cruz es de donde procede el poder que crucifica al yo. Sin duda alguna esa cruz personal comprende sufrimientos y dificultades cuanto más identificación haya con el crucificado Señor, pero no es el sufrimiento la razón de la cruz cotidiana, sino la expresión suprema de la renuncia personal para ser instrumento válido para Dios que glorifique su nombre.” (Análisis textual griego-castellano. Mateo, Tomo 1. Pág. 909. Editorial Bet. Argentina.)
  6. Psuque. Denota el aliento, el aliento de la vida, y luego el alma, en sus varios significados. (W. E. Vine. Diccionario Expositivo de las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Edit. Caribe.)
  7. Sozo. Salvar, librar, sanar. Concordancia Manual y Diccionario Griego español del Nuevo Testamento. Sociedad Bíblica. Entre otros significados, el Diccionario Manual Griego Español, Vox, recoge las siguientes entradas: Salvar, preservar de un peligro, conservar, proteger, guardar, aprovechar.
  8. apolumi. Hacer perecer, destruir, matar, perder. Concordancia Manual y Diccionario Griego español del Nuevo Testamento. Sociedad Bíblica. Entre otros significados, el Diccionario Manual Griego Español, Vox, recoge los siguientes: Hacer perecer, aniquilar, destruir, arruinar, hacer desgraciado a alguien, perder.