55. CAMINO DE JERUSALÉN: JESÚS ANUNCIA SU MUERTE OTRA VEZ.

Camino de Jerusalén

Jesús anuncia su muerte

(Mr 10:32-34).

 

A diferencia de cada uno de nosotros, que no sabemos con seguridad que día o cuándo partiremos de este mundo, Jesús sí que tenía este conocimiento (Jn 10:18). Su muerte no es un evento inesperado que trunca una vida prometedora, desde el principio Él tenía un propósito: “dar su vida en rescate por muchos.” (Mr 10:45).

Esta será la tercera vez que Jesús hable a sus discípulos su muerte. (Mr 8:31); (Mr 9:31); (10:32-34). Sin duda quería prepararlos para ese momento:

De las tres ocasiones, esta será la mas explícita, la que abunda en más detalles.

Las dos anteriores se hicieron en Galilea, hacia el final de su ministerio allí. Esta entre Perea y Jerusalén. Esto significa que han pasado al menos seis meses.

Siendo más precisos, este anuncio lo hace Jesús unos días antes de comenzar la Semana de Pasión. Realmente su muerte estaba “a la vuelta de la esquina.”

 

En el camino, subiendo a Jerusalén.

(Mr 10:32) “Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer:”

La escena transcurre al comienzo del camino entre Perea y Jerusalén, pasando por Jericó. En este sentido recordamos que Jerusalén es una ciudad sobre varias colinas, donde destaca el monte del Templo, y ellos están en el valle del Jordán, por tanto el camino es ascendente. De ahí este “subiendo a Jerusalén”. Un contraste llama la atención en este verso:

La entereza de Jesús.

“… y Jesús iba delante, …” La idea que trasmiten estas palabras va más allá de la de un rabino que va delante de sus discípulos. Eso, lo veremos a continuación, no causa asombro ni miedo. Más bien es la imagen de alguien que marca el paso de forma decidida. Con seguridad, con resolución, sin titubeos.

¿Qué había de especial en este subir a Jerusalén? Que aquella no era una Pascua más (la fiesta anual donde se recordaba la salida de Egipto, con el sacrificio de un cordero), era Su Pascua. Es decir, no subía como un peregrino sino como el cordero de Dios que sería sacrificado por nosotros (Jn 1:29) (Mr 10:45).

El temor de los discípulos.

“…y ellos se asombraron, y le seguían con miedo.” Solo teniendo estos antecedentes, podemos entender que los discípulos percibieran algo diferente en su porte, su mirada, su paso, y que les causara asombro. Pero ¿Y por qué miedo? Ellos no sabían a ciencia cierta que pasaría en Jerusalén, pero sí que el ambiente era muy tenso, y peligroso (Jn 11:7-8, 57). ¡Que diferencia con el andar de Jesús!

De ahí la necesidad que ve Jesús de separar a los doce del resto de discípulos o peregrinos, y decirles las cosas que iban a pasar.

 

Las cosas que habían de acontecer.

(Mr 10:33-34) “He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.”

El Señor se refiere a su persona como “el Hijo del Hombre”, su título favorito en los Evangelios. Apunta a su divinidad, pues tiene su origen en el cielo, y a su humanidad, identificado plenamente con el hombre. Apunta tanto a Su Gloria como a su humillación.

A diferencia de los anuncios anteriores, donde el Señor no les decía el cuando, ahora sí. Esto es lo que va a suceder ahora en Jerusalén, detallado y ordenado:

1º. Será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas. Con estas palabras se confirma el mayor de los temores de los discípulos. El destino de Jesús iba a quedar en manos del Sanedrín, el consejo de gobierno judío, y cuyo peso lo tenían estos dos grupos. Los escribas son los juristas, maestros de la Ley de Moisés.

“Ser entregado”, un verbo en pasiva. De entrada, la impresión es que el Señor omite deliberadamente explicar el como terminará en manos del Sanedrín. Que lo que importa es el hecho en sí. Sin embargo, desde nuestra perspectiva y conocimiento de la historia parece que el Señor esté haciendo una velada referencia a las dos dimensiones que tendría su arresto: La humana, la traición de Judas, y la divina, Dios mismo entregando a su Hijo para cumplir sus propósitos de Salvación (Mr. 14:21) (Hch 2:23).

2º. Le condenarán a muerte. El verbo condenar implica un juicio, un acto legal, del que saldrá culpable y sentenciado a la pena mayor. Anticipando, diremos que la causa sería por blasfemia (Mr 14:61-64) (Lv 24:16). Curiosamente, es el mismo delito por el cual cristianos son encarcelados o muertos en algunos países.

Pero esto tiene un problema, los judíos podían juzgar, condenar, pero no ejecutar la pena de muerte. ¿Cómo lo harían?

3º. Entregado a los gentiles. Los gentiles en este caso, sin lugar a dudas son los romanos. La autoridad imperial. Ellos sí podían aplicar la pena de muerte, y además la más degradante de todas, la crucifixión. Pero el problema persiste. Los romanos no ejecutarían a nadie por blasfemar al dios judío. Evitaban meterse en esos asuntos de religión. Para conseguir su propósito inventaron un cargo contra Jesús: Declararse rey de los judíos, era un peligro contra Roma (Mr 15:2-3, 25-26).

4º. Le escarnecerán, azotarán y escupirán en Él. Con estos tres verbos, el Señor describe el trato que recibirá en manos de los gentiles, aunque no solo de ellos.

Escarnecer es “Burlarse de una persona de manera cruel con la finalidad de humillarla o despreciarla.”

Le azotarán, antes de crucificar al reo, los romanos lo azotaban con un látigo de tiras de cuero, rematadas con fragmentos de hueso o metal insertos que los desollaba vivos.

Le escupirán, un gesto que implica desprecio absoluto, en muchas culturas, la mayor afrenta que se puede hacer. No hay clemencia ni dignidad para el “árbol caído”. Todos tienen derecho a incrementar su dolor (Mr. 14:65), (Mr 15:15-20).

5º. “Le matarán.” El evangelista Mateo habla de crucifixión (Mt 20:19). Supongo que los lectores de Marcos, y Marcos mismo, sobreentendían esta muerte. No es necesario describir su crueldad, suficiente con recordar que era una muerte diseñada para hacer sufrir de forma agónica al crucificado hasta el último minuto (Mr. 15:22-24). Por cierto, las burlas continuaron al pié de la cruz, mientras agonizaba (Mr 15:29-32).

A la pregunta, ¿Quién será el responsable de la muerte de Jesús? Sabemos que por mucho tiempo la respuesta a esta pregunta sirvió para justificar el odio al pueblo judío. Sin embargo, atendiendo al testimonio del propio Jesús podemos responder: judíos y no judíos, todos por igual. Todos responsables ante Dios. Pilatos incluso tuvo la oportunidad de soltarle pero en un acto de prevaricación terminó por condenarle. A lo que podemos añadir, de una forma u otra, todos estábamos allí representados.

6º. Pero el Señor no deja este anuncio así, sino que este trágico cuadro termina con una nota de triunfo: “Mas al tercer día resucitará.” ¡La tercera vez que lo anunciaba! No será un acontecimiento espiritual o subjetivo, sino real, literal y palpable. La incógnita es, cómo no entendían su literalidad.

 

Progresión pedagógica y percepción espiritual

Observamos que con cada ocasión, los tres anuncios sobre Su muerte han ido creciendo en detalles, cada vez son más minuciosos. Evidentemente hay un propósito pedagógico, ir preparando a los discípulos para este momento.

Pero esta progresividad posiblemente también nos revela la percepción cada vez más intensa que el Señor tenía de lo que iba a ocurrir. Y no solo del aspecto humano de su muerte, sino del conflicto espiritual que significaba cargar con nuestro pecado, y experimentar la separación del Padre (Mr. 15:34).

Evidentemente nada que ver con la agonía en Getsemaní, sin embargo, como escribe W. Hendriksen, “Él ya experimentaba algo de la perfidia, la hipocresía, la calumnia, la burla, el dolor, y la vergüenza que como una avalancha amenaza arrollarle. Ni aún así retrocede, ni siquiera se detiene. En forma resuelta y determinada va derecho hacia ella, porque sabe que esto es necesario a fin de que su pueblo sea salvado. “Habiendo amado a los suyos… los amó hasta el fin” (Jn 13:1).” 1.

Leída así, en seco, “Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante,…” la frase puede parecer insustancial. Pero, tras considerar todas las implicaciones ¿Podemos pensar así? ¿Puede alguien valorar la carga física, emocional y espiritual que significaba este subir a Jerusalén? ¿Podemos leerla y permanecer insensibles?

Humanamente hablando era para andar con temor, incluso deshacer el camino y desertar. Pero nuestro Señor afirma su rostro, y va delante de ellos, con paso firme, a enfrentar su destino. 2.

Como creyentes en Cristo, hombres y mujeres beneficiarios de Su amor y Su Salvación ¿No nos invita a callar, postrarnos en nuestro corazón y adorar?

Y a ti, amigo, ¿Puedes permanecer impasible más tiempo sin valorar este sacrificio voluntario por tus pecados sin entregar tu vida al Señor? (Hebreos 12:2-3).

 

NOTAS.

  1. W. Hendriksen, El Evangelio Según San Marcos. Comentario al Nuevo Testamento. Pág. 421-421. Editorial SLC (Subcomisión de Literatura Cristiana).
  2. Lucas, unos seis meses antes, el Jesús inicia el viaje a Jerusalén dejando Galilea, escribe: “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.” (Lc 9:51). Y ahora, cuando falta poco más de una semana para enfrentar su destino, Marcos lo describe así: “y Jesús iba delante, y ellos se asombraron.”