EL SUEÑO ESPIRITUAL
¿Existe algo así como sueño espiritual? ¿un dormir espiritual? ¿De qué hablamos?
Si el sueño es un estado de inactividad, que implica una reducción de la conciencia, de los sentidos, y de la capacidad de respuesta, el sueño espiritual estaría relacionado con una reducción de los sentidos o capacidad en la esfera de la comunión con Dios.
Hablamos de un estado de indiferencia, descuido, o pasividad (inacción) respecto a la fe y nuestra relación con Dios. Físicamente puede estar asistiendo más o menos regularmente a las reuniones de la iglesia, incluso involucrado en alguna actividad, y no ser más que rutina sin vida ni pasión.
Tres son los textos principales que hacen referencia al cristiano y este sueño del espíritu:
– Pablo, dirigiéndose a los cristianos en Roma, escribe: “… que es ya hora de levantarnos del sueño,” (Ro 13:11). Como escribe Newell, “Este versículo nos pone delante la terrible tendencia a hundirnos en el sopor y el sueño, en un estado de torpeza espiritual en el cual ninguno de los deberes cristianos se lleva a cabo efectivamente.” 19. Es un llamado a dejar a un lado la inconsciencia, la falta de respuesta y la inactividad respecto a las cosas de Dios. Y para ello el Apóstol apela al pronto regreso de Jesús para llevar consigo a su Iglesia. ¿Tienes dudas de ello? Pues observa los tiempos y prepárate para este encuentro (Ro 13:11-14).
– En Efesios, Pablo vuelve a escribir sobre el tema y dice: “Despiértate tú que duermes, y levántate de los muertos…” (Ef. 5:14). Como hace notar J. MacArthur: “no está hablando a personas no salvas que estuviesen “muertas” espiritualmente, sino a creyentes genuinos cuyo letargo y pereza espiritual les hacía parecer y actuar como si no tuvieran vida espiritual.” 20. Lo hermoso del verso, es que hay esperanza para aquellos que se dan cuenta de su situación y buscan al Señor: “despiértate… y te alumbrará Cristo.” ¿Hay mayor privilegio que vivir bajo la luz de Cristo, Su dirección, Su calor y Su comunión. “Despiértate” implica arrepentimiento, vuelta a Dios,
– Y por último mencionar a Pablo en la carta a los Tesalonicenses: “Por tanto, no durmamos como los demás,…” (1ª Tes 5:6). Ahora el mundo, los incrédulos, son tratados “como los que duermen”. Y esto porque viven en una situación de anestesia o indolencia espiritual, de indiferencia frente a Dios. Pero el cristiano no, Él es del día, de la luz, de ahí la exhortación, en sentido negativo a “velar contra la tentación, la pereza, el letargo y las distracciones. En sentido positivo, … a velar por el regreso del Señor.” 21.
Vista la realidad y posibilidad de este mal, veamos ahora algunas de las señales o avisos que nos indican que estamos cayendo o viviendo en esta condición, aún cuando tengamos todavía una relación regular con la asamblea o con otros cristianos:
-
Cada vez más ocupado en alcanzar tus propias metas o intereses, llámese trabajo, estudios, familia, amigos, posición, disfrute, riquezas…. (Lc 21:34).
-
Cada vez menos tiempo para atender la vida espiritual, leer, orar, meditar, y por supuesto, para asistir a las reuniones, para congregarse (Lc 12:35,36).
Recuerdo, hace ya algunos años, de un joven brillante y prometedor en los caminos del Señor, que un día me dijo: “No me pongas más para compartir con los jóvenes, tengo que centrarme en los estudios, en el trabajo. Estoy a tope.” Sonaba lógico, era un momento importante en su carrera profesional, pero me causó gran tristeza. Eso implicaba para su vida menos tiempo con la Palabra, menos tiempo de oración, de buscar del Señor. Presentía lo que venía después.
Y así fue, dejó de reunirse con los jóvenes (no tenía tiempo), después empezó a fallar los domingos (necesitaba descansar, desconectar), a distanciarse cada día más, hasta que finalmente dejó de congregarse y no sé hasta que punto el Señor forma o no parte de su vida.
-
Cada vez, menor capacidad de asombrarse por la presencia de Dios, una mayor pérdida cada vez de sensibilidad espiritual.
¿Has dejado de asombrarte la Palabra de Dios? ¿No encuentras motivos de maravilla en ella? ¿Eres consciente de la presencia de Dios en tu vida? ¿Y qué de la Persona de Jesús y la grandeza e implicaciones de Su Obra Salvadora? ¿Todo resulta algo común?
-
Cada vez más, una conducta hostil hacia otros cristianos. El enfriamiento espiritual nos aleja de los otros creyentes. De forma sutil nos hace sentir que no los necesitamos. La desconfianza, la amargura, el chisme, la molestia, se hacen cada vez mas frecuente en la vida. ¿Qué ha pasado con el amor desinteresado por los creyentes en Cristo? ¿Qué clase de relación tienes con tus hermanos?
-
Cada vez menos conciencia o convicción de pecado, cada vez las “lineas” que marcan los límites se difuminan más, se traspasan con mayor facilidad, y cada vez se llega más lejos: “una vez no va a pasar nada”, “es lo que hacen todos, y son felices”, “No comprendo por qué lo dice la Biblia, está desfasada en esto” “Pues a mí me parece bien”. Hermano ¿Qué o quién está marcando la norma de conducta en tu vida?
Pero ahora viene la gran cuestión. Me doy cuenta que algo de esto está pasando en mi vida, que aunque presente de cuerpo, hace tiempo que vivo en dejadez espiritual. ¿Qué hacer ahora?
Si bien no existen “fórmulas mágicas”, porque en primera y última instancia, todo es obra del Espíritu en nuestro corazón, un hermano insistía en que, una vez identificado este mal, hay algunas cosas que debes enfrentar y pasos que dar:
-
Considera el verdadero estado de tu alma ante Dios, deja que Él te escudriñe.
La tendencia de nuestro corazón es a minimizar el problema. Sí tengo un problema, pero… La única forma de tomar conciencia de su verdadera dimensión implica dejar que el Señor nos escudriñe a fondo. Sin limitaciones (Sal 139:23,24).
-
Identifica la causa de ese enfriamiento del alma.
¿Qué te ha estorbado? ¿Qué obstaculiza tu avance? ¿Qué o quién ha debilita tu fe, qué ha enfriado tu amor y apartado de corazón de Jesús?
-
Presenta tu condición, pero también la causa, ante el trono de la Gracia (Sal 32:5) (Hbr 4:16).
Sin arrepentimiento y confesión, el perdón restaurador no puede operar en ti. Sin arrepentimiento y confesión ante Dios, el auxilio de Su gracia no puede hacer su obra completa.
-
En el poder de la Gracia de Dios, toma decisiones valientes.
Pon distancia con aquello que te hace caer. Las palabras de Pablo son drásticas: “Haz morir lo terrenal en tu vida” lo que termina por arrastrarte lejos del Señor (Col. 3:5,6). Júzgalo, hazlo morir en tu vida.
-
Enriquece tu vida con el afecto a la Palabra y la Persona de Jesús.
Busca deleitarte con la gran grandeza de Su Persona, de Su Obra, de Su Gloria. Esto evitará que no solo el mundo con sus distracciones, sino también que las ocupaciones y tareas legítimas de la vida aparten la mente de Dios y del afecto de Cristo (Fil 4:8) (2ª Pedro 1:5-9).
Hay un ejercicio espiritual que personalmente me es de utilidad: La próxima vez que, al estudiar la Palabra, veas o aprendas algo sorprendente, que te maravilla de Dios, de Su Obra, haz un alto, y en tu corazón eleva una oración de gratitud y alabanza a Dios. No te conformes con atesorar el dato.
Si no lo has hecho nunca, empieza a practicarlo. Porque cada vez que hacemos algo así damos muerte al viejo hombre con su orgullo y autosuficiencia, para dejar que la gloria de Dios nos llene.
-
deza de Su Persona, de Su Obra, de Su Gloria. Esto evitará que no solo el mundo con sus distracciones, sino también que las ocupaciones y tareas legítimas de la vida aparten la mente de Dios y del afecto de Cristo (Fil 4:8) (2ª Pedro 1:5-9).
-
Pide al Señor que renueve el gozo de Su Salvación, y que por medio de Su Espíritu sustente tu espíritu (Sal 51:12). En palabras de Pablo, que seamos llenos, controlados, por el Espíritu Santo (Ef 5:18).
(Estos consejos están inspirados en el libro de Octavius Winslow (1808-1878), El enfriamiento espiritual. Capítulo I. Páginas 31-45. Editorial Peregrino.)
Notas
19. William R. Newell. Romanos, versículo por versículo. Página 394. Editorial Portavoz.
20. John MacArthur. Comentario MacArhur del Nuevo Testamento. Romanos 9-16. Pág. 279. Editorial Portavoz 2005. Esta es también la interpretación de Samuel P. Millos Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento. Efesios. Pág. 428. También de William Hendriksen. Efesios. Comentario del Nuevo Testamento. Pág. 258. Editorial SLC.
21.W. MacDonald. Comentario al Nuevo Testamento. Pág. 1011. Editorial Clie. 1995.