70. LA OFRENDA DE LA VIUDA.

La ofrenda de la viuda.

(Marcos 12:41-44)

¿Hay alguna relación entre esta escena y la anterior, “Jesús acusa a los escribas”? Llama la atención que la anterior termine con una condena por los abusos a las viudas, y ahora el Señor alabe el comportamiento de una viuda.

Una tendencia actual es presentar a esta viuda como un ejemplo de víctima de los escribas. De como estos devoraban las casas de las viudas, en este caso exigiendo de ellas ofrendas por las que no estaban obligadas. El templo convertido en “una cueva de ladrones”. Es un enfoque interesante que vamos a encontrar en algunos expositores. Y sirve a aquellos que están preocupados en denunciar los abusos de la religión. No olvidemos que este relato es favorito de telepredicadores y extorsionadores.

Sin embargo, y a pesar de la buena intención, no parece que este sea el propósito. Jesús contrasta el comportamiento de los ricos con el de la viuda y termina por alabar su proceder. En contraste con los ricos y religiosos, ella actúa como un verdadero adorador, una entrega completa y voluntaria.

Y es en este sentido que podemos relacionarla con la escena anterior. Ella es un ejemplo de verdadera devoción al Señor. Un ejemplo del cómo debiera ser nuestro servicio al Señor.

Las ofrendas en el templo.

(Mr 12: 41,42) “Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca, y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante.”

“Estando sentado delante del arca de la ofrenda” (tesorería). El Señor Jesús deja el patio de los gentiles, ese gran patio que rodea el santuario propiamente dicho, donde transcurrió su enseñanza, para entrar en el patio de las mujeres.

Recibe este nombre no porque estuviese dedicado exclusivamente a ellas, sino porque estas no podían acceder mas adentro, excepto cuando se trataba de ofrecer un sacrificio, así lo explica Alfred Edersheim, en su libro “El Templo, su ministerio y servicios en tiempo de Cristo”.1.

Además añade que “alrededor del atrio había una columnata simple, y dentro de ella, contra la pared, estaban los trece [cofres] o ‘trompetas’ donde se depositaban las contribuciones” (o tesorería del templo). “A los cofres se les llamaba trompetas porque tenían cuello estrecho y base ancha. Cada uno tenía un rótulo con un tipo específico de ofrenda, y los fondos se destinaban a diversos usos.”2. Lo mas probable es que estuviese sentado frente a una de ellas, posiblemente una de las destinadas a ofrendas voluntarias.

Jesús sentado… miraba.

Y ahora añade: “miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca,” Desde aquel lugar el Señor observa como el pueblo, ricos y pobres, residentes y peregrinos, hombres y mujeres, labradores, artesanos, comerciantes, echaban sus ofrendas. El significado fundamental de este verbo, dice el diccionario, es “contemplar como observador”3. Sin embargo es evidente que en el caso de Jesús su mirar es más que el de un simple observador. No está pasando el tiempo. Implica discernimiento, conocimiento de las intenciones del corazón, “comprensión interna de una realidad no perceptible por los sentidos.” Y aquí podemos parar un momento para meditar brevemente.

El Señor mira nuestro servicio y dedicación, una verdad tremenda y consoladora. A veces insistimos en el aspecto negativo de este Jesús mira, “cuidado con lo que haces, como lo haces, con lo que piensas,” y es importante, pero olvidamos el aspecto consolador de esta verdad: mira la realidad de nuestro corazón, sus anhelos, los sufrimientos, los sacrificios hechos para Él, las luchas en nuestro deseo de amarle, … y los pone en valor. Tu amor al Señor, a pesar de las deficiencias, no pasará desapercibido.

Las dos ofrendas.

¿Qué llama la atención de Jesús?

– En primer lugar las ofrendas de los ricos: “y muchos… echaban mucho.” Al parecer no eran muy discretos. De alguna manera hacían notar la abundancia de sus ofrendas. Disfrutaban con esa satisfacción que te da el reconocimiento.

– La ofrenda de una viuda pobre: “Echó dos blancas”. Dos pequeñas monedas de cobre, las monedas de menos valor en Israel. Que Marcos dé el equivalente en moneda romana, un cuadrante, invita a pensar en que los destinatarios no conocen las monedas de Israel, que eran los cristianos en Roma. Es difícil calcular el equivalente en nuestra moneda, pero como Jesús dirá que era todo su sustento podemos pensar en lo suficiente para una comida humilde.

Si hubiésemos estado allí, posiblemente estaríamos sorprendidos por los primeros. ¡Tanta abundancia y tanta generosidad! ¡La de cosas que se pueden hacer con estas ofrendas! y es probable que la viuda pobre nos hubiese pasado desapercibida. Pero Jesús ve el panorama completo y no se deja atrapar por las apariencias.

Jesús alaba a la viuda.

(Mr 12: 43,44) “Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.”

Varias cosas llaman nuestra atención:

– La solemnidad que Jesús quiso dar al momento y a sus palabras. Llamó a sus discípulos y añade: “De cierto os digo”. Sus palabras exigen máxima atención.

– La declaración: “Esta viuda pobre echó más que todos…” No se si en ese momento apareció alguna cara de desconcierto entre los discípulos, ellos también estaban allí, y sabían sumar. Pero posiblemente el efecto que tuvieron estas palabras más que de desconcierto, fue aumentar la expectación. Conocían al Señor, algo solemne el Señor iba a decir.

– La explicación de Jesús: “todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.” Cuando dice “todo lo que tenía, todo su sustento”, se debe entender “todo lo que había reunido ese día”. Por alguna razón que desconocemos decidió renunciar a ello y entregarlo al Señor. Nadie la forzó. Nació de su corazón. Evidentemente confiaba en que Dios cuidaría de ella y que renovaría sus fuerzas para el día siguiente.

– Y por último, una vez más el Señor está evidenciando su divinidad. Al igual que Dios el Padre, Él conoce los pensamientos y las intenciones más íntimas del corazón.

El ejemplo de la viuda: un reto para el cristiano.

“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” (1º Sam 16:7).

La gran pregunta con la que nos desafía el ejemplo de esta viuda es ¿Cómo es nuestro servicio al Señor? El relato pone de manifiesto no solo dos maneras de ofrendar, sino de hacer la Obra para el Señor y de vivir la vida cristiana:

– La de aquellos ricos y escribas (extendiéndonos a la escena anterior): donde pese a las apariencias (mira lo que hago, el tiempo que dedico, cómo predico, cuanto ofrendo) el Señor y su Obra no es prioridad. La prioridad soy yo y mis circunstancias.

– La de la viuda: de forma abnegada (con disposición a renunciar a los intereses y deseos propios), silenciosa (si Jesús no hubiese puesto en valor su acción nadie hubiese reparado en ella, pero delante de Dios seguiría teniendo el mismo valor), voluntaria (nadie la obligaba, era el resultado de su devoción y relación personal con el Señor).

Una buena pregunta sería ¿Con quien queremos identificarnos? Recordemos también el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo:

Aún siendo el Hijo de Dios, nunca buscó ni procuró su propia gloria: (Jn 5:41) (Jn 8:50). En todo buscó la gloria y la aprobación de Padre (Jn 12:28) (Jn 17:4). Enseñó a los suyos a seguir su ejemplo: (Mt 6:9,10) (Lc 17:10).

 

  1. Alfred Edersheim. El Templo, su ministerio y servicios en tiempo de Cristo. Pág 57 y ss. Editorial Clie. 1990.
  2. Los cofres 1 y 2 eran para el impuesto del templo del año corriente y el del anterior. Los cofres 3 a 7 eran para cubrir el costo de las tórtolas, las palomas, la leña, el incienso y los vasos de oro, respectivamente. Si a alguien le sobraba dinero después de haber costeado su sacrificio, lo depositaba en uno de los cofres restantes. Los cofres 8 a 12 eran para el sobrante de las ofrendas por el pecado, las ofrendas por la culpa, las ofrendas de aves, las de los nazareos y las de los leprosos que se habían curado, respectivamente. El cofre 13 era para ofrendas voluntarias. (Ver El Templo, y su ministerio, Alfred Edersheim).
  3. Diccionario Exegético del Nuevo testamento. Volumen I. Editorial SÍGUEME. Pág. 1871.