47. JESÚS SANA A UN MUCHACHO ENDEMONIADO.

Jesús sana a un muchacho endemoniado.

(Mr 9:14-29)

 

Este relato ocurre inmediatamente después del descenso del monte de la transfiguración. Y como señalan muchos expositores bíblicos, muestra un duro contraste entre dos realidades, el monte de la gloria (donde fueron testigos de la transfiguración de Jesús), y el valle del dolor, donde estaban ahora. Esta escena sirve como ilustración de al menos dos realidades espirituales:

1º Es un cuadro dramático del hombre bajo la tiranía del príncipe de este mundo. Promete libertad, autorrealización, esperanza, pero en realidad son esclavos del sistema, muchas veces sujetos a un proceso de despersonalización y degradación. Una realidad entre la cual los creyentes debemos vivir pero con una misión, ser luz y sal (Mt 5:13-16).

2º También es una ilustración del fracaso espiritual en que podemos vivir los creyentes cuando descuidamos la comunión y la dependencia de Dios. Cuando vivimos de glorias pasadas. Cuando nos negamos a llevar la cruz cada día (Mr 8:34). Sin Jesús nada podemos hacer, es una de las grandes lecciones que los discípulos aprendieron desde la experiencia (Jn 15:5).

 

¿Qué disputáis con ellos? 

(Mr 9:14) “Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.”

Al bajar del monte, Jesús y los tres discípulos se dirigen al encuentro del resto. Y cuando llegan, los encuentran inmersos en una discusión con los escribas, los maestros oficiales de Biblia.1.

(Mr 9:15) “Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a Él, le saludaron.”

La discusión aquí es ¿Por qué se asombraron al ver a Jesús? ¿Simplemente porque no le esperaban y se sorprendieron? ¿Llegó en el momento más álgido de la discusión? o como en el caso de Moisés, ¿Había algo inusual en su rostro, un reflejo de la experiencia en el monte? (Ex 34:29-30). Viendo la reacción de la multitud, correr para saludarle, me inclino a pensar más en la emoción/sorpresa que causó su aparición repentina.

(Mr 9:16) “El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?”

En realidad no sabemos a quién se dirige Jesús, si a los discípulos o a los escribas. Lo natural es que fuese a los primeros, los estaba buscando,  por otro lado, parece que los escribas eran los que llevaban la iniciativa en la discusión. Pero ¿Qué había pasado? ¿Qué motivó esta situación?

 

El fracaso de los discípulos.

(Mr 9:17-18) “Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.”

Estas palabras son esclarecedoras y nos ayudan a situar la escena. Lo primero que pensamos es que mientras los afectados callan, “el enterado de turno” toma la palabra para responder a Jesús. Pero no es así. Detrás de aquella discusión está 1. Un padre desesperado, que ve impotente como su hijo se degrada día a día y está en peligro de morir, y 2. El fracaso de los discípulos, por eso posiblemente callaban, y es el padre quien toma la iniciativa frente a Jesús.

La enfermedad del hijo.

Sabemos que además de mudo, el muchacho era epiléptico. Un trastorno del sistema nervioso central con diferentes manifestaciones clínicas, y que pueden o no ser simultáneas. Cosas como: convulsiones, pérdida de conciencia, rigidez. Pero el relato añade un punto que no deja de ser polémico. El trastorno está provocado por una presencia maligna.

Tres cosas es importante decir aquí:

Primero, que la posesión es una forma extrema de control demoníaco. No es lo habitual. Durante los tiempos de Jesús se hizo muy frecuente en Israel, quizás como forma de manifestar Satanás su oposición a la presencia del Hijo de Dios.

Segundo, que el hombre no ha sido creado ni para ser controlado ni habitado por mal, sino para la comunión con Dios y para el Espíritu de Dios. De ahí que cuando esto sucede cause distorsión, sufrimiento y daño a las personas.

Los demonios nunca son responsables/causantes del mal moral. No existe un demonio de la ira, o de la lujuria, o de la mentira, que nos hace pecar. Ello siempre son decisiones de la voluntad (otra cosa es que Satanás y sus demonios tientan e incitan al pecado).

El fracaso de los discípulos.

¿Qué sucedió? Que el padre, al que siguió la multitud, y a la que se unieron los escribas, no con buenas intenciones, buscaba a Jesús. Pero Él no estaba. Así que pidió ayuda a los discípulos. Lo más probable es que estos aceptaran sin dudar el desafío, ya que tenían experiencia en esta lucha (Mr 6:12-13). Pero fracasaron “…y no pudieron.” ¡Qué palabras tan tristes!

Estas palabras nos enfrentan con un tema importante en el testimonio cristiano: “las decepciones” y “los fracasos”. Porque también los cristianos, aunque nos cueste reconocerlo, decepcionamos en más de una ocasión, y también fracasamos, no siempre alcanzamos lo que el Señor espera de nosotros.

1. En este caso, el fracaso de los discípulos dio a los escribas una gran oportunidad para desacreditar el ministerio de Jesús y ridiculizar a los discípulos. Imagino que actuaron sin compasión. Y esto no ha cambiado con el tiempo. El mundo nos observa, y siempre hay quien está dispuesto para señalar los fallos de los creyentes y avergonzar al cristiano.

2. Y en paralelo al fracaso, está la decepción/frustración que esto provocó en el padre, “…y no pudieron”. En el relato se percibe que fue como un jarro de agua fría. Después de lo visto ¿De verdad que Jesús podría ayudarle?

Esta experiencia del padre es, quizás, la de muchos alrededor, que en algún momento han quedado desilusionados por alguna iglesia, algún siervo de Dios o por algún creyente que admiraban. Y al final terminan cuestionando o dudando de Dios. En cierta ocasión escuché a un joven justificar su rechazo del evangelio diciendo “lo intenté, pero las cosas fueron mal (estaba decepcionado)”.

Los creyentes, aún siendo muy sinceros en la fe, en más de una ocasión fracasamos y decepcionamos. No debería ocurrir pero ocurre. ¿Qué haremos? Creo que la respuesta es doble, frente al prójimo y frente a Dios:

Ante Dios, confesar nuestra debilidad e incapacidad para servirle. Reconocer una vez más que somos discípulos en proceso de crecimiento, y que la gran lección que debemos interiorizar es nuestra dependencia de Dios.

Ante el prójimo, dejar nuestro orgullo y pedir perdón, no importa si las personas defraudadas son creyentes o inconversos. Importante, esforzarnos por vivir vidas coherentes con el Evangelio, en dependencia del Señor.

Sin embargo hay algo importante que recordar. Nosotros podemos decepcionar, Cristo no. Nadie puede decir con verdad que ha ido a Jesús y le ha defraudado, que es un fraude. Sí aún así persistes en esta queja, la invitación es a llevar esa situación delante de Él. ¡Pregúntale!, como lo hacía Job con Dios en medio de su dolor. Insiste cuanto sea necesario. Pero sin imponer tu respuesta, déjale hablar y actuar de manera incondicional en tu vida.

El lamento de Jesús

(Mr 9:19) “Y respondiendo Él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuando he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? traédmelo.”

Unas palabras duras, pero que expresan el dolor y la frustración (enfado) que esta escena provocó en Jesús. Después de tanto tiempo enseñando y haciendo milagros, lo que encuentra es una multitud descreída, unos escribas que cuestionan a Jesús, y unos discípulos desconcertados, incapaces de actuar en su nombre. “¿Hasta cuándo…?” exclama el Señor.

En justicia Jesús podía haber dado la vuelta y marcharse, pero decide actuar. No tanto por la multitud, ni por los escribas, sino por amor al joven que sufre, al padre que lucha por creer, y a sus discípulos que necesitan aprender. Dos reflexiones:

1ª “Traédmelo.” Un llamado del Señor a llevar todas nuestras ansiedades y circunstancias, por dramáticas que parezcan, delante de Él. Ponerlos a sus pies para que Él pueda obrar.

2ª Pero este “¿Hasta cuándo…?” de Jesús también implica la necesidad de crecer y madurar. El infantilismo o la negligencia espiritual no pueden ser siempre una asignatura pendiente. Recuerda que ese manido “yo soy así” es una negación implícita del poder de Dios para transformar. Es cierto que la mano del Señor nunca va a faltar, pero los medios que usa cambian y su disciplina, ante una inmadurez crónica, puede incluso ser dura (Heb 12:6) (1ª Co 11:31-32).

 

El joven ante Jesús 

La condición del joven.

(Mr 9:20-22) “Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.”

Varias cosas que llaman nuestra atención:

1. La reacción del espíritu cuando ve a Jesús. Los demonios parecen tener mayor “sensibilidad espiritual” que el pueblo de Israel. Mientras que ellos era incapaces de reconocer al Mesías, estos lo reconocían y le temían. De ahí esta reacción violenta que tira por el suelo al muchacho y le hace convulsionar.

2. La pregunta de Jesús y la respuesta del padre: “¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: desde niño.” Con esta pregunta Jesús pone en evidencia la gravedad del drama que vivía esta familia desde hacía tiempo. Y también, como médico divino, está tendiendo puentes que permitan simpatizar y acercarse a su dolor.

3. Las palabras del padre con Jesús: “Si puedes algo, ten misericordia…” Parece que el fracaso de los discípulos le produjo desconfianza con respecto a Jesús. Es como si después de lo sucedido pensara, “quizás la petición es demasiado grande, pero aunque solo haya una esperanza hazlo, por favor”.

Sin embargo una de las cosas que más llaman la atención es ver que todo este mal le sobrevino siendo un niño. No se dice qué pasó y no creo que sea bueno especular. Se dicen muchos disparates sin fundamento bíblico.

Pero quedemos con lo evidente: “Todos, sin límite de edad, estamos expuestos al mal y a sus consecuencias, por tanto todos necesitamos escuchar y creer al Evangelio, aún desde la más tierna infancia.” J. C. Ryle escribe al respecto:

“Tenemos que esforzarnos por el bien de nuestros hijos aún desde sus primeros años. Si Satanás comienza tan pronto a hacerles daño, no debemos quedarnos atrás en diligencia para conducirlos a Dios. Es difícil saber cuándo es un niño responsable y dueño de sus actos. Quizá mucho antes de lo que la mayoría supone. Una cosa, en todo caso, es muy clara: nunca es demasiado pronto para esforzarnos y orar por la salvación de las almas de los niños, nunca es demasiado pronto para dirigirnos a ellos como seres morales y hablarles de Dios, de Cristo, de lo bueno y de lo malo. Podemos estar seguros de que el diablo no pierde el tiempo y procura influir en las mentes de los jóvenes. Comienza con ellos desde niños. Trabajemos para contrarrestarle. Si Satanás puede llenar los corazones jóvenes, estos también pueden ser llenos del Espíritu de Dios.”2.

A modo de conclusión: Si hacemos un poco de recapitulación, la verdad es que podemos sentirnos “desanimados” ante los desafíos planteados. El fracaso en la misión, la decepción que podemos ocasionar, la necesidad de madurar, el desafío que suponen nuestros hijos… ¿Y ahora qué? Los versos siguientes son muy importantes en este sentido (Mr 9:23-24).

El Señor no nos está pidiendo que nos enfrentemos solos a estos desafíos. El Señor nos está invitando a confiar/descansar en Él. No se trata de la cantidad de fe que puedas tener sino aún en nuestras luchas, por muy intensas que sean, decirle sí a Jesús. Entonces, el Señor se encargará del resto. Es la lección que primeramente el padre, pero también los discípulos debían aprender. “Sin mí nada podéis hacer”.

La incapacidad humana.

(Mr 9:23-24) “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.”

Es interesante darse cuenta que el Señor contesta al padre utilizando sus propias palabras. Este dijo a Jesús “si puedes algo” y Él le contesta “Si puedes creer,…”3. El Señor lo plantea en términos similares a la salvación personal. La cuestión no es si Jesús puede o no puede salvar, claro que puede, para eso vino al mundo. La cuestión es ¿Quieres ser salvado?

Creo que el Señor lo que está pidiendo al padre es que se posicione claramente delante de Él. Con todas las luchas, con todas las dudas, no importa. De eso se encarga Jesús.

Es aquí donde este pobre hombre se derrumba ante Jesús confesando su necesidad, creo, y su impotencia ayuda mi incredulidad. Curiosamente, este último grito, es un acto de fe, “ya que pedir a Dios una fe mayor es confiar en Él más que en uno mismo; la esencia de la verdadera fe”4. (Sal 34:18).

Las palabras del padre, “Creo; ayuda mi incredulidad”, también ponen de manifiesto el como todos nos debatimos entre creer y la incredulidad en más de una ocasión. Empezamos bien la carrera, llenos de gozo, como cuando Pedro salió a caminar sobre el mar. Pero al ver las circunstancias muchas veces tendemos al desánimo y a la duda. Es entonces cuando este grito se convierte también en nuestra oración. No tenemos que avergonzarnos por ello, el Señor conoce nuestra condición y como en este caso, está siempre dispuesto para salir en nuestro auxilio. (Sal 103:13-14).

 

“Al que cree, todo es posible”

Abramos un breve paréntesis, porque estas palabras “Al que cree todo es posible,” han sido objeto de innumerables abusos y malas interpretaciones. En ocasiones han sido entendidas como si fuesen una formula de Jesús para el éxito personal. Algo semejante al “Tu quieres, tu puedes”. Observa varias cosas:

  1. Fíjate bien, el énfasis del relato no está en la fe en sí misma, en la capacidad que tengas de creer algo, sino en el objeto de la fe. No importa si es mucha o poca, fuerte o débil, lo importante es que descanse en la persona correcta, en Jesús.
  2. Esta promesa, como todas en la Escritura, debe entenderse dentro del contexto de la voluntad y los propósitos de Dios. El Señor no es un mayordomo a nuestro servicio, dispuesto a satisfacer caprichos. Es justo al revés, encontramos el propósito y somos realizados cuando le servimos.
  3. Si aún no eres creyente, te debates en un montón de luchas y prejuicios que te atan, debes saber que si pones tu confianza en Jesús, no hay atadura, lucha u obstáculo, por imposible que parezcan, que te impidan experimentar su Obra de Salvación (Is. 61:1) (Jn 8:36).
  4. Por otro lado, si eres creyente nacido de nuevo, debes saber que todo Su poder está a nuestra disposición para una vida cristiana victoriosa, no de caprichos mundanos, y para realizar la Obra que te ha encomendado (Mt 17:20), (Filp 4:13).

La liberación del joven.

(Mr 9:25) “Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.”

El Señor no hace del sufrimiento humano un espectáculo. Por eso, al ver que la escena cada vez atraía más curiosos, que crecía la expectación, y para evitar esa exaltación popular de la que Jesús huye una y otra vez, decide actuar de forma inmediata.

Una vez más queda manifiesto que Jesús vino a deshacer las obras de Satanás, Aquel que vence al hombre fuerte y le arrebata sus bienes (Mr 3:27) (Is 49:24-26). Jesús se está identificando con el Fuerte de Jacob, uno de los títulos de Dios en Isaías.

Hay al menos tres propósitos en Jesús cuando expulsa al espíritu (además de aliviar el dolor y manifestar la presencia del reino de Dios):

  1. Despejar de manera mas que convincente cualquier duda que los escribas sembraron sobre Su Persona.
  2. Fortalecer la fe del padre y de los desconcertados discípulos.
  3. Manifestar que ningún poder, por oscuro que sea, es superior a Jesús.

(Mr 9:26) “Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió, y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.”

No hay lugar a la duda. La orden, aunque forzada, de ahí los gritos y la violencia sobre el joven, es obedecida al instante.

Y como si de un juguete roto se tratara, aquel muchacho quedó inconsciente en el suelo. Tan terrible fue la sacudida que muchos pensaron que estaba muerto. Aquel espíritu trató de hacer todo el daño posible hasta el último momento. Recordemos que Jesús llama a estos seres “inmundos”, es decir, que su naturaleza participa de lo mas bajo y oscuro. Nada bueno se puede esperar de ellos. No te dejes engañar por aquellos que venden el espiritismo en sus diferentes formas como un juego inocente o una salida a tus problemas.

(Mr 9:27) “Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.”

Algunos especulan con que el joven realmente murió y que Jesús lo resucitó. No lo parece, No hay ninguna razón para que Marcos intentara “disfrazar” una posible muerte. Si hubiese sucedido la resurrección no haría más que evidenciar el gran poder de Jesús.

¿Qué tenemos aquí? Primero vimos un padre que clamó: “…si puedes…, ten misericordia de nosotros, ayúdanos.” “Ayuda mi incredulidad.” y ahora ¡Una familia recibiendo a su hijo! Pero sano, libre del mal. Que hermoso contemplar el poder del Evangelio actuando en aquellos que acuden a Jesús. Devolviendo la dignidad que el diablo nos arrebató. Perdonando, liberando, restaurando y reconciliando con Dios y con el prójimo.

 

Jesús y los discípulos. 

(Mr 9:28) “Cuando Él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?”

El relato bien podía haber terminado con la liberación y con los padres recibiendo al muchacho. Pero estaría inconcluso. ¿Qué pasa con la incapacidad de los discípulos? ¿Podrán seguir cumpliendo con la misión encomendada? ¿Eran de fiar?

No sabemos con certeza si la casa era ya en Capernaum o era un alojamiento temporal para aquella noche en cualquier otro lugar. Lo interesante es la pregunta ¿Por qué no pudimos? Una pregunta y una respuesta que también nos interesa.

¿A dónde acudir con nuestros fracasos, con nuestras dudas, con nuestra ignorancia? En este sentido ellos son un ejemplo para nosotros, fueron a la persona correcta, a Jesús, al Maestro.

(Mr 9:29)Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”

El Señor hace aquí una revelación interesante respecto a los demonios y su organización. Habla de clases o categorías, y da a entender que eso los hace más o menos fuertes. Pero en realidad esa no fue la razón del fracaso. Mateo insiste en la falta de fe (Mt 17:20), y Marcos, la falta de comunión y de dependencia de Dios.

Esto se hace evidente en la referencia a la oración y el ayuno5. Hablan de lo importante que es para nuestra vida y en nuestras batallas la intimidad y la dependencia del Señor. No olvidemos que el ayuno, mas que un arma para la batalla, es una forma de expresar búsqueda y dependencia del Señor.

Después de instruir sobre toda la armadura del cristiano para nuestra lucha espiritual, el Apóstol Pablo cierra la enseñanza con un solemne exhortación a la oración. Sin la oración y el sometimiento al Espíritu de Dios, todo esfuerzo es vano (Ef 6:18). “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” (Is 40:29)

Conclusión.

A modo de conclusión, me gustaría reproducir lo que el expositor bíblico Ernesto Trenchard llamó La gran lección de esta porción:

“La nota predominante del pasaje es el concepto de poder. ¿Cómo puede manifestarse el poder de Dios en la lucha contra el reino del mal?

1) El poder se pierde si no se mantiene contacto intimo con el Maestro.

2) Para que se manifieste el poder hemos de gloriarnos en la Cruz y no procurar evadirla, como hacían los discípulos.

3) Todas las cosas son posibles al que cree, entendiéndose que se trata de la fe de un siervo de Dios que anda en el camino de la voluntad de Dios.

4) La ORACIÓN es el secreto de la victoria.”6.

 

  1. Si la escena sucede en el norte, en los alrededores de Cesarea de Filipo, significa que esta gente se había desplazado desde Galilea, y con ellos los escribas, buscando a Jesús. Desde luego que la gravedad del muchacho lo justificaría. Otra opción sería que la transfiguración sucediera en un monte de Galilea o cercano al territorio.
  2. J. C. Ryle. Meditaciones sobre los Evangelios. Marcos. Pág. 192-193. Editorial Peregrino.
  3. Las traducciones modernas, atendiendo al texto crítico, traducen “Si puedes”, en ocasiones entre interrogante, omitiendo el verbo creer.
  4. Mark L. Strauss. Comentario Exegético-práctico del Nuevo Testamento. Pág. 423. Editorial Andamio.
  5. No será extraño que al consultar este verso en algún comentario bíblico nos encontremos con la nota de que la referencia al ayuno es un añadido bien intencionado de algún copista. Se argumenta que no aparecen en los manuscritos más antiguos, es decir Sinaítico (S. IV) y Vaticano (S. IV). Sin embargo está en textos como el papiro P45 (S. III); los códices A, Alejandrino (S. V); C, Ephraemi (S. V); D, Codex Bezae (S.V); W, Washingtoniano (S.V) entre otros.
  6. Ernesto Trenchard. Una exposición del evangelio según Marcos. Editorial Literatura Bíblica. Madrid.