48. Jesús anuncia otra vez su muerte.

Jesús anuncia otra vez su muerte

(Mr 9:30-32)

 

(Mr 9:30) “Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería que nadie lo supiese.”

Después de sanar al muchacho endemoniado, Marcos nos presenta otra vez al Señor caminando a solas con sus discípulos. Pero no en los alrededores de Cesarea de Filipo sino en Galilea, posiblemente en la periferia y evitando el contacto con la gente. ¿Por qué este afán por pasar desapercibido?

Porque todavía no ha terminado ese tiempo de intimidad, ese viaje privado, que inició con los discípulos en Mr 8:27 “Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo.” Con el propósito de instruirlos en Su muerte y en el discipulado.

En realidad el incidente anterior, la sanidad de aquel joven, en vez poner fin a ese tiempo con Jesús, fue como una “clase práctica” sobre lo aprendido. Aprendieron por la experiencia, en este caso dura, que para vivir en el poder del Señor debe haber una aplicación constante las palabras de Jesús en Mr 8:34 “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Lo contrario significará frustración y fracaso, como en este caso (Mr 9:18, 28). Difícilmente podremos cumplir con nuestro llamado (Gal 2:20).

(Mr 9:31) “Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; pero después de muerto, resucitará al tercer día.”

Esta enseñanza sobre su muerte, aunque más breve, es parecida a la anterior (8:31). Contiene los mismos elementos: muerte (implicando rechazo y sufrimiento) y una referencia clara a Su resurrección al tercer día. Sin embargo introduce un nuevo elemento: “será entregado (lit. es entregado) en manos de hombres.” Sin duda alguna, el Señor los está introduciendo poco a poco en el programa divino respecto al Mesías.

En primer lugar, este “ser entregado” parece ser una referencia velada a la traición de Judas (que lo entrega a los líderes religiosos, estos a Pilato y éste a los soldados para crucificarlo).

Pero al mismo tiempo, una referencia a Dios mismo entregando a Su Hijo. En este sentido nos damos cuenta como la frase “entregado en manos de hombres” favorece la idea de un contraste entre lo divino y lo humano. Este contraste entre la acción divina y humana se ve claramente en el discurso de Pedro en Hch 2:22-23.

Su entrega y muerte no será el resultado de las circunstancias, algo que salió mal, ni siquiera de la avaricia o la decepción de un hombre como Judas. Es la expresión de un plan Salvador, gestado en la Eternidad por amor a nosotros (Is 53:3-12) (Hch 2:22-23) (Ro 8:32) (1ª Pedro 1:18-20).

(Mr 9:32) “Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo de preguntarle.”

¿Por qué no entendían? ¿Cuál era el problema? Creo que es una cuestión de prejuicios, esa idea popular de un Mesías vencedor de Roma que devolvería el reino a Israel, y a la que no querían renunciar. Esto era como un velo sobre su entendimiento (Lc 18:34). De ahí que según Mateo, estas palabras produjeron tristeza, les dolía volver a escuchar estas cosas de Jesús.

¿Y por qué miedo a preguntar? Quizás porque no querían que su ignorancia espiritual volviese a quedar en evidencia, que de alguna forma el Señor les reprendiera otra vez. Quizás porque no querían enfrentarse con el mensaje de la cruz y sus consecuencias, se resistían en su interior.

Si en 9:28 alabamos a los discípulos por preguntar ahora lamentamos este temor injustificado, un temor que les llevaba a rehusar lo que podríamos definir como un encuentro sanador con el Maestro.

Quizás podamos aplicar esto a nuestra particular situación preguntándonos por las veces que nuestro prejuicio, o nuestro miedo a escuchar lo que no queremos, nos impiden acudir al Señor y tener un encuentro sanador con Él.