53. JESÚS BENDICE A LOS NIÑOS.

Jesús bendice a los niños.

(Mr 13:13-16).

 Padres preocupados, discípulos insensibles ¿A quién llevaremos nuestros niños?

 

Introducción.

No parece casual que dos temas tan importantes, la naturaleza del matrimonio y los niños, aparezcan juntos en los evangelios. Y teniendo en cuenta el ataque a la familia y a la infancia que vivimos, esta palabra del Señor es especialmente oportuna. Oremos por nuestras autoridades, que en verdad protejan a las familias y no fomenten su destrucción, por los matrimonios, las familias, los niños, que sean librados de influencias perversas y que puedan tener una visión sana de la niñez y la familia.

Dicho esto ¿De qué trata esta porción? Primero de lo que no trata. No trata de la bondad de los niños, su inocencia, de sacar a la luz el niño puro que tenemos dentro y cosas por el estilo. Tampoco del bautismo infantil.1.

El Señor aprovecha este incidente para dos cosas: Mostrar su amor por los niños y recordar, porque la enseñanza estaba presente en el “sermón del niño” (Mr. 9:33-37), que la humildad y la dependencia de Dios nos deben identificar como seguidores de Jesús (Ver lección/estudio 49).

Esos son los valores que el Señor destaca en los niños. Socialmente ocupaban el escalón más bajo, y su indefensión y vulnerabilidad los hace mirar a sus padres.

Padres preocupados, discípulos insensibles.

(Mr. 10:13) “Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban.”

Al parecer el texto hace referencia a una costumbre extendida entre los judíos, pedir a un rabino o persona de piedad que intercediera ante Dios en favor del niño.

¿Qué edad tenían estos niños? La palabra usada para niño es paidion, diminutivo de pais, niños entre 0 y 12 años (Mr 5:42). El hecho de que Lucas se refiera a ellos como niños de pecho, brefos en griego, hace pensar que eran niños pequeños.2.

Y la primera reflexión que viene a la mente, ¿A quién llevaremos nuestros hijos? ¿De verdad que hay algo mejor que ofrecerlos al Señor? Estos padres lo tenían claro y no perdieron la oportunidad. No olvidemos que los niños nunca son demasiado pequeños para ser influenciados por el mal y pecar, pero tampoco para ser influenciados por Dios y Su Palabra.

Ahora la pregunta es, si esto era costumbre, algo buscado por los padres ¿Por qué se enfadan los discípulos?

Evidentemente porque pensaban que el Señor estaba ocupado en cosas más importantes, y los padres y sus niños molestaban. Pero, si como sugieren algunos comentaristas, esto sucedió en la casa mientras Jesús les hablaba del divorcio (Mt 19:10-12), resulta que los interrumpidos eran ellos y los molestos eran ellos. ¡Qué pronto se habían olvidado del “sermón del niño”? (Mr 9:37)! Y del hombre al que prohibieron echar demonios en el nombre de Jesús, como ellos ahora con los niños, y las palabras de Jesús “no se lo prohibáis”. Estos niños, lo mismo que muchas situaciones inesperadas que nos suceden, ponen en evidencia la insensibilidad, el orgullo y el egoísmo del corazón humano. Y tenemos que exclamar: ¡Que paciente y misericordioso es el Señor con nosotros!

Impidiendo a un niño venir a Jesús.

(Mr 10:14) “Viéndolos Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis: porque de los tales es el reino de Dios.”

“Jesús se indignó”. del gr. aganakteo,3 el verbo indica que el enfado fue mayúsculo. Quizás no solo por la acción misma, sino también por la falta de discernimiento de los discípulos.

Este mandato de Jesús “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis” y el gesto de abrazarlos y cogerlos en brazos (Mr. 10:16) nos recuerda que para Jesús no son algo accidental sino importante. Y nos obliga a hacernos una pregunta: ¿De qué manera impedimos a los niños ir a Jesús? Pensamos en dos formas:

1º. No llevando a los niños a las reuniones para que escuchen la Palabra de Dios. Varias reflexiones al respecto:

  • Algunos pueden pensar para qué, los niños no se enteran y lo único que hacen es dar guerra y molestar. Pero nunca debemos olvidar que todo aquello que oyen y ven en sus primeros años, les ayudará a formar su carácter y difícilmente lo olvidarán (Pr 22:6).
  • Que los niños puedan estar en las reuniones significa un esfuerzo para todos. Un esfuerzo para los padres que tienen que controlarlos lo mejor posible, y un esfuerzo para los hermanos que deben ser pacientes y ayudar según el momento.
  • Tampoco debemos olvidar que los niños tienen necesidades espirituales y que nunca es pronto para empezar a guiarlos a Cristo. Las clases bíblicas, las actividades específicas para los pequeños son cosas fundamentales. Pero también cuidar que una excesiva rigidez en nuestros cultos, teniendo en mente solo a los adultos, no se convierta en un impedimento para los más pequeños. Todos hemos conocido hermanos que tomaron su decisión de entregar sus vidas al Señor siendo niños y muchos años después todavía le siguen con fidelidad.

2º. El mal testimonio en el hogar. No debemos olvidar que no es sólo en la asamblea donde el niño aprende del Señor, el primer lugar donde esto sucede es en el hogar.

Y aquí, además de dedicar tiempo a hablarles del Señor y que se familiaricen con la Palabra, es muy importante la coherencia de sus padres o familiares cercanos. No vale aquello de:

  • soy cristiano, pero apenas hay tiempo para la Biblia en casa;
  • soy cristiano, pero paso el día criticando la congregación, a los ancianos, buscando los fallos de unos y otros.
  • soy cristiano, pero recurro al engaño, tengo un vocabulario descuidado, siempre estoy enfadado, parece que ser cristiano es un castigo y no una bendición;
  • soy cristiano, pero me reúno de domingo en domingo, y no siempre; mis hijos no saben que hay algo que se llama culto de oración, conferencias, evangelización, compromiso los justos, solo los que me interesan.
  • soy cristiano, pero siempre estoy pensando en mí, y no me comprometo con la Obra del Señor, y menos con las ofrendas.

Es triste cuando hay jóvenes que justifican su alejamiento del Señor en la incoherencia de sus padres, incluso les acusan de hipocresía. Este tipo de actitudes es una forma grave de alejar a los niños del Señor.

Volviendo al texto, ¿Por qué no se les debe impedir? el motivo a continuación: “porque de los tales es el reino de Dios.” “… de los que son como estos, como niños,…”.

Esta afirmación de Jesús nos permite aprender dos cosas:

– Que el reino de los cielos está compuesto de gente como ellos, de personas humildes y necesitadas, que tienen su confianza en Dios. Esta es por tanto la actitud y el carácter que el Señor quiere en nosotros.

– Que los niños “que no han llegado al uso de razón, y por tanto no han sido rebeldes a la Palabra, son cobijados bajo la Sangre de Cristo” (Trenchard).4. Y no solo los hijos de creyentes, sino todos los niños pequeños sin distinción. Esto “no significa que todo niño sea salvo por el hecho de ser un niño y que luego se pierda cuando sea un hombre, en caso de no creer, sino que los beneficios de la redención les son aplicados a la hora de la muerte sin haber podido actuar conscientemente como pecadores en responsabilidad personal.” (S. P. Millos).5.

Recibir el reino como un niño.

(Mr 10:15) “De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.”

Este “De cierto os digo,” implica que la declaración es solemne. Muy importante. Y no es para menos. Ya sabemos del carácter y de la actitud de los que participan de su reino (10:14), pero ¿Qué hacer para entrar en Él? ¿Cómo puedo ser salvo?

Y de nuevo el Señor utiliza el ejemplo de un niño para explicarlo: “el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Lo hemos explicado varias veces, el niño ocupaba el escalón más bajo en la sociedad, era considerado en ese sentido insignificante, sin valor social. El niño depende por entero de otros, y lo más hermoso, confía plenamente en sus padres.

¿Qué pide Jesús cuando habla de “recibir el reino como un niño”? que nos reconozcamos insignificantes, necesitados (esto implica abandonar la autosuficiencia o la auto conmiseración con que hemos alimentado nuestra vida), y confiar, recibir la provisión de Dios que es Cristo Jesús (Jn 6:40).

El niño como ilustración de la experiencia cristiana.

Interesante verdad, el Señor ilustra la verdadera conversión, la Salvación, con el ejemplo de un niño:

“De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” (Mr. 10:15) (Lc. 18:16). “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” (Mt. 18:3).

Cuando enseña sobre el carácter de sus seguidores, la humildad, usa nuevamente un niño:

“Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis: porque de los tales es el reino de Dios.” (Mr 10:14). “Así que, cualquier que se humille como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos.” (Mt 18:4).

Y por último, cuando se trata del servicio que agrada a Dios, otra vez menciona al niño:

“Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.” (Mt 18:5). “Y tomó un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.” (Mr 9:35-36).

“Cualquiera que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y cualquiera que me recibe a mí, recibe al que me envió; porque el que es más pequeño entre vosotros, ése es el más grande.” (Lc 9:48).

Conclusión.

(Mr. 10:16) “Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.”

Al parecer el verbo griego permite traducir tanto “abrazando a los niños” como “cogerlos en los brazos”, de ahí la diferencia que podemos encontrar en algunas traducciones. Por otro lado, esto de “poner las manos” no es un rito, ni tiene valor “cuasi mágico”. Es simplemente una forma de mostrar identificación.

Y finalmente a modo de conclusión, atendiendo a las cosas que hemos dicho:

– Procuremos siempre el bien de los niños. Presentarles al Señor Jesús y evitar los tropiezos. Entre discípulos insensibles, ocupados de sí mismos, y padres preocupados, ¿Con quienes nos identificamos?

“De los tales es el reino de los cielos”. El niño, por su humildad, dependencia y confianza, es un modelo de nuestro carácter y actitud como seguidores de Jesús.

– Jesús se identificó con los niños, aún cuando eran lo más pequeño y vulnerable de la sociedad. Así también debe ser nuestra práctica, con los pequeños en edad con y los pequeños en la fe, servir al prójimo por amor, desinteresadamente.

 

NOTAS

  1. R.C. Ryle, Meditaciones sobre los Evangelios. Marcos. Pág. 214-217. Editorial Peregrino. Samuel Pérez Millos, Mateo. Análisis textual griego castellano. Tomo II. Pág. 140-141. Editorial Clie.
  2. W.E. Vine. Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Pág. 586-587. Editorial Caribe.
  3. W.E. Vine. Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Pág. 449. Editorial Caribe.
  4. Ernesto Trenchard. Una exposición del Evangelio según Marcos. Pág. 122. Editorial Literatura Bíblica. 1981.
  5. Samuel Pérez Millos, Mateo. Análisis textual griego castellano. Tomo II. Pág. 141. Editorial Clie.