54.2. LAS RIQUEZAS Y EL REINO DE DIOS.

Este relato conocido como “El joven rico” (Mr 10:17:31) tiene tres partes fácilmente diferenciadas, y que usaremos para organizar la exposición del texto:

  1. El diálogo entre Jesús y el hombre rico (10:17-22). 2. La enseñanza de Jesús sobre las riquezas y el reino de Dios (10:23-27). 3. La observación de Pedro (10:28-31).

 

Las riquezas y el reino de Dios

Una puerta falsa para la Salvación.

(Mr 10:23-27).

 

Una declaración controvertida.

(Mr 10:23) “Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuan difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!”

Este “Entonces…, mirando alrededor, dijo…” indica que estas palabras son resultado de lo que acaba de suceder. La marcha afligida y triste de aquel joven prometedor (10:22) que vino a Jesús preguntando por la salvación de su alma. Usando una expresión actual, estamos ante una secuela de ese encuentro.

Afligido, no se cómo era el rostro del joven cuando se acercó al Señor, pero lo que esta palabra indica es que cambió radicalmente, un rostro sombrío, contrariado. Añade, se fue triste, es decir apesadumbrado, aturdido. Se sentía defraudado, ningún rabí hasta este momento le había pedido tanto, posiblemente aquella situación para nada le parecía “justa”. Algunos traducen la reacción del joven de la siguiente manera: “Frunciendo el ceño se fue triste”

Los discípulos estaban desconcertados. ¿Cómo podía Jesús dejar escapar este fichaje para su causa? ¡Con el prestigio que podría traerles! ¡La de cosas y facilidades que se podrían lograr para el ministerio! Pero con el Evangelio no hay “negociaciones”. Él no va a rebajar sus demandas para agradar a nadie. Son iguales para todos. (Mt 6:24). También podemos concluir, Dios no busca tu dinero sino tu corazón.

Como buen maestro, Jesús, después de mirarlos atentamente, evidenciando que conocía sus pensamientos, aprovecha aquel encuentro fallido para enseñarles sobre los peligros de poner la confianza y amar las riquezas, haciéndolas el objetivo prioritario de la vida. Como este caso, pueden costarte la eternidad.

Y lo hace con esta tremenda declaración: “¡Cuan difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” Es decir, “no sin mucha dificultad” o “solo con mucha dificultad” entrarán los ricos en el reino de Dios.

Y esto nos lleva a una pregunta, ¿Tiene Dios algún problema con la riqueza? ¿Odia al rico por ser rico? ¿Por qué se lo pone más difícil? La respuesta debe ser un No rotundo. Aunque no está de más añadir que los acaparadores de riquezas, los explotadores, los que se enriquecen a costa de guerras y del sufrimiento ajeno, estos sí tienen un problema añadido con Dios (Isaías 10:1-2).

También será importante aclarar que la entrada al reino de Dios, a la Vida Eterna, no es una cuestión de ricos frente a pobres, como algunos insinúan. Como si la una u otra condición fuera un mérito. Esto significaría que Dios hace acepción de personas. Las bases siguen siendo las mismas desde el principio: “Arrepentíos y creed en el evangelio.” (Mr 1:15), “el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.” (Mr 10:15).

¿Y qué de frases como: “Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios” (Lc 6:20)? ¿No enseñan que la salvación es de los pobres?

En este caso es interesante darnos cuenta del contexto, a quienes llama Jesús pobres, literalmente mendigos. Se dirige a los discípulos no a los pobres en general, y se está poniendo en valor la decisión de dejarlo todo, incluyendo bienes materiales y posición social, para seguirle a Él 4. (Mt 5:3) (Mr 10:14-15).

Y por otro lado, se está constatando un hecho. Y es que la mayor parte de sus seguidores eran gente trabajadora, sufrida, sencilla, despreciada por los ricos de este mundo y muchos por la sociedad. Por lo general estos se consideraban demasiado dignos para seguir a Jesús, eso es cosa de perdedores (1ª Co. 1:26-27).

Seguimos adelante ¿Cómo reaccionaron los discípulos ante una afirmación tan contundente de Jesús?

El asombro de los discípulos.

(Mr 10:24) “Los discípulos se asombraron de sus palabras;…”

Reaccionan con asombro. Podría traducirse “se espantaron”, es decir, que las palabras les produjo rechazo. ¿Por qué? Aquí tiene mucho que ver las enseñanzas que habían recibido desde pequeños y que en cierta forma aún permanece.

Evidentemente los judíos no creían que por el hecho de ser rico la persona tenía ganada la entrada en el reino eterno de Dios o la vida eterna. Habían muchos ricos impíos, malas personas, que lograron su fortuna con extorsión y malas artes, y los tales estaban y están bajo el justo juicio de Dios. Ejemplo claro era Herodes, y todo su séquito de oportunistas políticos, o los publicanos, muchos de ellos hacían fortuna extorsionando a sus propios hermanos de sangre.

Pero la cosa cambiaba cuando se trataba de una familia o de una persona judía religiosa, que tenía el aprecio o la admiración de los demás a causa de su piedad, que cumplía con los preceptos básicos de la religión, que guardaba el sábado, las fiestas solemnes, asistía al templo, a la sinagoga, daba limosnas, diezmaba, hacía obras de caridad… En estos casos la riqueza se entendía como una bendición de Dios (Gn 28:1,11) (Prov. 10:22).

Como ejemplo se podía citar a los patriarcas, a Abraham, Isaac y Jacob, que tenían muchas posesiones, o al justo Job (Job 42:12-13), o al rey David, entre otros. De ahí el rechazo que de entrada produce esta enseñanza.

(Mr 10:24) “… pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” 5.

Varias cosas llaman aquí la atención: 1. A pesar del rechazo, el Señor no suaviza la afirmación, y la repite casi literalmente. 2. Les llama hijos, y es que la intención no es otra sino la de instruir y corregir con cariño estos conceptos equivocados. 3. Jesús hace un énfasis aclaratorio: “a los que confían en las riquezas.”

Esto último es fundamental. El problema no está en los bienes materiales en sí. El problema viene cuando se convierten en un dios en el cual ponemos nuestra confianza para esta vida y para la eternidad. Para los ricos primeramente, pero la afirmación también vale para cualquier persona, muchos se aferran a “su tesoro”, por pequeño que sea, y no están dispuestos a renunciar a Él para asirse de Jesús.

“El problema estriba en el hecho de que la riqueza material muchas veces se convierte en un obstáculo para que una persona escoja lo que tiene valor transcendental, es decir, la riqueza celestial.” 6.

No hace falta ser judío, ni vivir en los tiempos de Jesús, para encontrar personas que piensan que el dinero lo compra todo, también la salvación del alma. Incluso los hay que concluyen que teniendo dinero no importa mucho como vivas. Se hacen donaciones a las iglesias, grandes sumas para obras de caridad, labores filantrópicas, se apadrinan religiosos, misioneros, se ganan amistades, se pagan misas por los muertos,… y de alguna manera consigues que la puerta del cielo esté como mínimo entre abierta para mí. Pero que terrible error. Las posesiones materiales son una puerta falsa a la Salvación. Y que tragedia despertar a la eternidad y descubrir que ni el dinero ni las influencias compran la gracia de Dios.

Y ahora para que esta verdad, la imposibilidad de entrar al cielo sobre la base de las riquezas y de las influencias, quede bien grabada, usa un ejemplo hiperbólico (algo que es exagerado pero con propósito):

La enseñanza ilustrada.

(Mr 10:25) “Mas fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.”

¿Imaginan lo que significa pasar un camello por el ojo de una aguja de coser? Si ya cuesta con un hilo, ¡imaginemos con un camello! Imposible. En Mesopotamia, para ilustrar lo imposible, los judíos utilizaban el mismo ejemplo pero ¡con un elefante!

Así de imposible es la salvación para aquellos que confían en las posesiones, y por extensión en buenas obras, o todo lo que se puede comprar o hacer con dinero. En otras palabras, para los que se niegan a acercarse a Dios como un niño: desnudo, indefenso y necesitado.

¿Quién pues podrá ser salvo?

(Mr 10:26) “Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: ¿quién pues, podrá ser salvo?”

“Se asombraban aún más” una buena traducción sería: “estaban atónitos.”

Si a los ricos no lo salvan sus riquezas, ni al pobre su pobreza, si las personas piadosas, es decir que practican su religión, o los filántropos, los que hacen buenas obras, no se salvan por ellas, si la combinación o suma de estas variantes, como era el hombre de nuestro relato, rico, piadoso, filántropo, buena gente, no son garantía de ir al cielo, entonces: “¡Quién se salva!” se decían unos a otros. ¿Quieres oír la respuesta de Jesús?

Imposible para el hombre, posible para Dios.

(Mr 10:27) “Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios no; porque todas las cosas son posibles para Dios.”

Fíjate en la respuesta. No se trata de que la persona sea rica o pobre, Jesús dice PARA LOS HOMBRES, los seres humanos sin excepción, ES IMPOSIBLE. Y a continuación añade: MAS PARA DIOS NO.

Y aunque Jesús no abunda en ello, la buena noticia es que Dios no se ha desentendido del hombre, por eso vino Jesús a este mundo. Un poco más adelante el Señor hará otra declaración que anticipa esta voluntad salvadora de Dios:

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mr 10:45)

Así lo entendió y lo predicó el Apóstol Pedro (Hch 4:11-12) y también el Apóstol Pablo (1ª Tim 2:3-6).

Jesús está anticipando una doctrina que después será ampliamente desarrollada a lo largo del Nuevo testamento, y que está en el centro del Evangelio:

La incapacidad de todos los hombres para procurar su salvación a causa de su condición pecadora, y la gracia de Dios que provee Salvación (justicia de Dios) gratuitamente por medio de la Obra de Jesús a todo aquel que cree en Él (Ro. 3:21-26) (Ef. 2:4-9).

 

NOTAS.

4 Francisco Lacueva, Comentario Bíblico de Matthew Henry, traducido y adaptado al castellano por Francisco Lacueva. Pág. 1279. Editorial Clie. W. Hendriksen. Evangelio Según San Lucas Tomo II. Cometario al Nuevo Testamento. Pág. 334-335. Libros SLC.

5. En defensa del texto largo, véase R. C. H. Lenski, La interpretación del Evangelio Según San Marcos. Pág. 380-381. Publicaciones El Escudo, México. 1962. Juan Mateos – Fernando Camacho. El Evangelio de Marcos. Análisis lingüístico y comentario exegético Vol. II. Pág. 461-462. Nota a pié de página “Las razones para adoptar la lectura larga, son las siguientes…” Ediciones El Almendro y Fundación Epsilon.

6. Evis L. Carballosa. Mateo, Tomo II. La revelación de la realeza de Cristo. Pág. 174. Editorial Portavoz.