Este relato conocido como “El joven rico” (Mr 10:17:31) tiene tres partes fácilmente diferenciadas, y que usaremos para organizar la exposición del texto:
- El diálogo entre Jesús y el hombre rico (10:17-22). 2. La enseñanza de Jesús sobre las riquezas y el reino de Dios (10:23-27). 3. La observación de Pedro (10:28-31).
La preocupación de Pedro
Mr 10:28-31
El encuentro de Jesús con un hombre rico que se interesa por la Vida Eterna y su desenlace (Mr 10:17-22) tiene como resultado “una secuela”, las riquezas y el reino de Dios (Mr. 10:23-27); y finalmente esta última terminará con otra: La preocupación de Pedro (Mr. 10:28-31).
La preocupación de Pedro.
(Mr 10:28) “Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.” Y Mateo añade ¿Qué, pues, tendremos? (Mt 19:27).
La primera cuestión que surge es qué motivó el comentario de Pedro ¿Quizás una forma de presunción? “Mira que bueno somos Jesús, hemos hecho lo que este hombre no quiso.” Creo que no, que la razón tenemos que buscarla más en el desconcierto y confusión que les provocó las palabras del Señor 7. (10:26-27). Me explico:
Si Jesús dijo al hombre “vende todo y dalo a los pobres” y “ven sígueme” “y tendrás tesoro en el cielo” (10:21) cosa que no hizo, pero que los discípulos sí hicieron (Mr 1:16-20; 2:13-14; 3:13-14), lo lógico es pensar que tenían recompensa. Pero las palabras con que termina la conversación afirmando la incapacidad del hombre para la salvación, y que todo depende de la iniciativa divina, parece cuestionarlo todo (Mr 10:26-27). “¿Cómo encaja esto?” De hecho, aunque la respuesta de Jesús tiene una advertencia final, esta será en términos consoladores y alentadores.
Es interesante fijarnos en el alcance de la expresión “nosotros lo hemos dejado todo”. Es verdad, habían sacrificado la comodidad de un hogar, la seguridad de un trabajo que les permitía vivir con cierta holgura, la atención de sus esposas, el disfrute de la familia, para “echarse al campo” con Jesús, y seguirle sin condiciones.
Pero también es verdad que no habían vendido todo, el Señor no se los pidió, en el caso de Pedro tenía casa y barca (1:29; 3:9) que puso a Su servicio, pero nada de eso les ató para identificarse con Jesús. Todo pasó a un segundo lugar. Y esa actitud de renuncia total, se hará manifiesta después, cuando Jesús marche al cielo y la iglesia comience su camino, cuando enfrentarán sin dudar el acoso, la confiscación de bienes, persecuciones e incluso la muerte por causa de Jesús y el Evangelio.
Recompensas prometidas.
(Mr 10:29) “Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,»
“No hay ninguno que…” Si seguimos el relato de Mateo vemos que hay una promesa específica para los Doce y otra que para la totalidad los discípulos. Marcos menciona solo la segunda parte de la respuesta.
“Por causa de mí y del evangelio.” Otro detalle importante. La promesa está condicionada, tiene que ver con aquellos que están dispuestos a pagar el precio por seguir a Jesús y por el Evangelio. Y esto es importante aclararlo porque a veces pensamos que esto es un saco donde metemos todas las contrariedades de la vida, “me pasa por ser cristiano, por seguir a Jesús,” cuando en realidad las circunstancias son otras. Evidentemente eso no quitará para que de una u otra forma el Señor se haga presente, y extienda su mano si se lo pedimos, Él siempre cuida de sus hijos.
En el cristianismo cómodo que vivimos en occidente, la situación que se describe aquí, salvo excepciones, que las hay, nos parece extraña. Generalmente no tenemos que elegir, o al menos no en temas vitales. Sin embargo es la realidad que viven miles de cristianos alrededor del mundo:
– No hace mucho teníamos noticias de una joven kurda que fue asesinada por su propia familia cuando anunció su intención de bautizarse.
– Muchos cristianos ven como su familia le da la espalda y son desheredados por confesar a Cristo, es decir, han muerto en vida; otros pierden sus trabajos o su medio de vida (las tierras de cultivo, por ejemplo), sus derechos o su posición en la comunidad. Y aún así, eligen a Jesús.
– En algunos lugares los cónyuges se divorcian y se quedan con la casa y los hijos, pierde al esposo, a la esposa y además sus hijos. Y aún así, se entregan a Cristo. ¿Qué promesa tiene el Señor para ellos?
(Mr 10:30) “… que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, a madres, hijos y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.”
Estas bendiciones, dice Jesús, afectan tanto al presente “en este tiempo” como al futuro “en el siglo venidero”. No se trata de que la Vida Eterna sea un premio por haber sufrido despojo por la causa de Cristo, la Salvación en por la fe, no por obras, un don de Dios, sino: una esperanza cierta que nos anima en medio del conflicto, y una referencia a los grados de recompensa que tendrán tales creyentes (Hebreos 10:32-36; 12:1-3) (1ª Pedro 1:6-9)
Pero ¿En qué sentido el creyente que ha dejado/perdido todo por la causa de Cristo, gana casa, familia y tierras?
Esto solo se entiende y experimenta en la medida que somos conscientes que los creyentes formamos una familia en Cristo, y por tanto nuestras posesiones, en última instancia, son de Dios y nosotros sus mayordomos. Recordemos el ejemplo de los primeros cristianos en Jerusalén (Hechos 2:42; 4:32; 6:1). O como los cristianos de origen gentil, por encima de cualquier recelo, se volcaron para atender las necesidades de sus hermanos en Jerusalén (Ro 15:25-27).
“Miles de creyentes pueden dar testimonio de que, aún cuando sus propios familiares los haya odiado y perseguido, han encontrado hermanos y hermanas en número mucho mayor. Los apóstoles encontraban numerosos y sinceros hermanos, que les acogían, atendían, cuidaban y curaban dondequiera que se encontraban entre creyentes. Lo que para el mundo es una gran pérdida para el creyente es una gran ganancia (Fil 3:7-8).” 8.
Interesante también notar las cosas perdidas por la causa de Cristo, que no se prometen: padres y conyugues. Quizás porque los creyentes tienen un padre en el cielo (Mt 23:9), y respecto a un nuevo esposo o esposa, bueno, dos cosas, posiblemente la voluntad de Dios para nuestras vidas no siempre sea el matrimonio, y por otro la enseñanza de Jesús sobre el divorcio.
Otra idea que quisiera compartir respecto a esta promesa, es el añadido final del Señor: “que no reciba cien veces más… con persecuciones;”
“Cien veces más” significa simplemente multiplicado, en abundancia, pero notemos ahora la absoluta honestidad con la que habla el Señor: “con persecuciones”.
Y abro paréntesis. Uno de los argumentos mas extendidos para desprestigiar el arrebatamiento pretribulacional, es decir que la iglesia será tomada de este mundo antes la tribulación final, es que “no queremos sufrir por la causa de Cristo” o que “estamos creando una falsa expectativa de seguridad, lo cual hará que cuando llegue la tribulación los creyentes no estén preparados.” Personalmente me sorprende este tipo de afirmaciones, y más cuando, creamos o no en un arrebatamiento pretribulacional, el Señor dijo con toda claridad que ser cristiano, no importa tu trasfondo doctrinal, no sería fácil.
Al contrario, cada generación debe estar preparada y esperar oposición e incluso persecución por parte del mundo y Satanás. Situaciones que en cualquier momento se pueden volver dramáticas y crueles, como ocurrió de repente con nuestros hermanos en Irak, en Siria, con el denominado Estado Islámico (¡Qué fácilmente olvidamos aquellas crudas imágenes!) y ahora Afganistán. Por eso oramos por la iglesia perseguida, sabiendo que en cualquier momento esa situación puede ser la nuestra (2 Ti 3:12). Gracias a Dios que Él cuida, equipa y fortalece a sus hijos (Mt 10:16-20; 28-33). Y ahora llegamos a la advertencia final del Señor.
La advertencia final.
(Mr. 10:31) “Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.”
Estas palabras forman una expresión que Jesús usa al menos tres veces en los evangelios. En el contexto del joven rico (Mt 19:30; Mr 10:31); en la parábola de los obreros contratados a diferentes horas para trabajar en la viña (Mt 20:16); Y en Lucas, cuando alguien pregunta a Jesús ¿Son pocos los que se salvan? (Lc 13:30).
En consecuencia, el significado hay que buscarlo en el contexto de cada ocasión. En nuestro caso pueden tener dos aplicaciones.
En relación a la Salvación:
Se relacionan estas palabras con la reacción del hombre rico. Jesús estaría cuestionando los estereotipos respecto a la salvación que habían entre los judíos. La idea de que los ricos, si además eran religiosos, tenían preferencia frente a los trabajadores y despreciados de la sociedad en el Reino de Dios.
La realidad es otra, son estos últimos, que no se sienten atados por las posesiones materiales, los que responderán con mayor facilidad al llamado del Evangelio (arrepentimiento y fe en Jesús) que los ricos y poderosos. Por eso, en contra de la creencia general, estos postreros serán primeros (Mt 21:31).
En relación a la vida cristiana.
La segunda interpretación relaciona estas palabras con la preocupación de Pedro y la recompensa que espera a los que siguen al Señor. Nos fijamos primero en dos cosas:
– La necesidad de la advertencia: Y es que, pese a la sinceridad de nuestra fe y acciones, nunca estamos libres de la influencia de nuestra naturaleza caída.
– Los destinatarios de la advertencia: Sin duda, todos los creyentes. Pero de forma más concreta, una advertencia dirigida a todos los que tienen responsabilidad en la obra del Señor, en las congregaciones, cualquiera que sea el área: Obreros, misioneros, ancianos, pastores, maestros, predicadores, … Es como un “Advertido estas Pedro, para que después no hayan sorpresas.”
Este dicho solemne del Señor nos invita a recordar:
1º Que a la hora de valorar la vida cristiana el Señor no va a mirar lo externo, o la imagen que proyectamos, sino la realidad del corazón (1º Samuel 16:7). Por eso habrá muchos que, aunque desde nuestra perspectiva humana, pensemos que van por delante, finalmente que serán postreros en el reino de Dios.
2º “Los que se consideran primeros en las congregaciones, pero que no están en dependencia de Dios y revestidos de humildad, pasarán a ocupar los últimos lugares en el reino de Dios, mientras que aquellos que pasan desapercibidos y considerados como poca cosa, pero que dependen enteramente de Dios y siguen fielmente a Cristo, ocuparán los primeros lugares en el reino de los cielos” 9.
Escribe W MacDonald: “No es suficiente con comenzar bien en el camino del discipulado, lo que cuenta es cómo acabamos.” 10.
Basta con mirar alrededor o echar la vista atrás. Cuántas personas hemos conocido que empezaron la carrera cristiana junto nosotros, que parecían correr bien ¿Pero dónde están ahora?
En consecuencia, ¿Y yo? ¿Cómo estoy caminando? ¿Acaso no es tiempo de presentarme ante el Señor y enderezar el camino torcido? (Efesios 5:14-17) (Hebreos 12:1-3; 12-13) (2ª Tim 4:6-8). Aprendamos a orar por humildad, afiancémonos en la gracia de Dios.
NOTAS
7. W. Hendriksen. El Evangelio Según San Marcos. Pág. 414-415. Subcomisión de Literatura Cristiana.
8. Francisco Lacueva, Comentario Bíblico de Matthew Henry, traducido y adaptado al castellano. Pág 1159. Editorial Clie.
9. Samuel Pérez Millos. Análisis textual Griego-Castellano. Mateo. Tomo 2 Pág 164-165. editorial BET.
10. W. Macdonald. Comentario al Nuevo Testamento. Pág. 195. Editorial Clie.