HEREDEROS DE LA TIERRA

 

LA TIERRA, ¿HERENCIA DE ISRAEL Y LUGAR DE SU MORADA?

¿Es la Tierra la herencia futura para Israel, o en definitiva la herencia para todos los redimidos es el Cielo, sin más distingos? ¿Llegará el día en que los cielos y la tierra dejarán de existir para siempre?

 

UNA MESA REDONDA Y UNA PREGUNTA INTERESANTE.

Escribo a partir de unas notas elaboradas en 1998, felizmente rescatadas, y que ahora he podido recomponer y ampliar con verdadero provecho y regocijo, comprobando una vez más la exactitud de la Palabra de Dios.

Todo surgió a partir de una pregunta planteada en aquel entonces durante el desarrollo de una mesa redonda, y teniendo como interlocutores a un grupo de jóvenes. Entre varias preguntas, hubo una que tenía que ver con la “Tierra” como premio, si es que esta, en verdad o en algún sentido constituirá la bendición de una herencia futura para algún colectivo diferenciado, como creen de sí mismos los Testigos de Jehová, y como enseñan respecto de Israel los premilenialistas (con los que me identifico), o si en definitiva la herencia para todos los redimidos es el Cielo, sin más distingos.

Entreví que el joven tenía su pregunta bien meditada, e intuí que su motivación venía espoleada por la falsa doctrina de los “Testigos de Jehová” en la que sostienen que solo los 144.000 “Testigos Ungidos” gozarán de las moradas celestes, en tanto que “la gran muchedumbre”, compuesta según ellos por el resto de los “Testigos”, “recibirían la tierra por herencia perpetua”, (Sal.37:9, 11, 22, 29; Is.57:13b; Mt.5:5; Ec.1:4).

Hasta tal punto se traslucía su aversión por esa idea, que inclusive rechazaba la noción de que, en una perspectiva escatológica, la descendencia de Abraham hubiese de recibir por herencia la tierra que Dios, en términos tan concretos, juró que le daría como heredad perpetua, cual dice Isaías.

Is.60:21 «Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme. El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.» (Cf. Is.66:8;Gn.17:8.)

El argumento esgrimido por el joven fue doble, dijo:

a.- Que la vocación que Abraham abrigaba en su corazón era celestial y no terrena.

b.- Que la Tierra será pasada por fuego hasta ser fundida y todos sus elementos desechos, argumentos que sustentó citando Hb.11:8-11, 13-16, y 2Pd.3:7-12.

Transcribo los textos para refrescar en mente sus contenidos:

Hb.11:8-11, 13-16 «Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa. Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. […] Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad».

Hb.12:22 «…os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles»

Y respecto a la no continuidad de la tierra, el joven citó:

2Pd.3:7-12. «Los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma Palabra, guardados para el fuego en el Día del Juicio y de la perdición de los hombres impíos […] Pero el Día del Señor vendrá como ladrón en la noche, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que ella hay serán quemadas. […] esperando y apresurándoos para la venida del Día de Dios, en el cual los cielos encendiéndose, serán deshecho, y los elementos, siendo quemados, se fundirán». (Cf. Sal.102:25-26; Is.51:6.)

 

EL CIELO LUGAR DE NUESTRA MORADA CON CRISTO.

Sin lugar a dudas el Cielo es el lugar de residencia de la nueva comunidad de creyentes, el hogar al que la Iglesia será llevada por el Esposo. Jesús “nuestro precursor” ya está allí “preparando lugar para nosotros” (Jn.14:1-3), y no creo que alguien pueda pensar que Jesús haya de ser un precursor frustrado, o sea, que nadie haya de seguirle al cielo, o que nadie haya de encontrarse con Él en la casa del Padre, (Hb.6:19-20; Cf. 1ªCo.15:20-23).

Por otro lado es obvio que Ap.7 enseña claramente que los “144 mil sellados” nada tienen que ver con los adeptos a la “Torre del Vigía”, sino con judíos, («doce mil sellados de cada tribu de Israel», Ap.7:4), y que estarán sobre la tierra (no en el cielo), en el tiempo previo a la apertura del séptimo sello, quienes a su vez debían ser sellados para evitar que fuesen dañados con las plagas que vendrían a la tierra con ocasión de los toques de trompetas.

¡Cierto! Más adelante (cap.14), vemos a estos 144 mil sellados en el Cielo; pero el escenario de la gran muchedumbre en el cap.7, compuesta por todos los mártires de la Gran Tribulación, es el Cielo y no la Tierra, gozando la beatífica presencia divina, mientras que los 144 mil sellados aún permanecen sobre la tierra:

«diciendo: No hagas daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios. Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil de todas las tribus de Israel».

«Después miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos». (Ap.7:3-4,9 y ss.)

Destacar que nuestro Señor no dijo en vano: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay». En vez de decir como dijo (indefinidamente), que eran muchas las moradas, bien pudo haber especificado “144 mil moradas”, como Ap.7:4 especifica, «Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel»

Pero el Señor sabía qué decía y por qué: «muchas moradas hay, si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis» Jn.14:2-3.

Jn.17:20,24. «Mas no ruego solamente por éstos, sino por los que han de creer en mí por la palabra de ellos […] Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado». (Cf. Jn.10:16; Hch.7:55; 2ªCo.5:8; Fil.1:23.)

Estas son evidencias irrefutables de que la vocación de los creyentes en la dispensación de la Iglesia es celestial: «Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los Cielos», (Lc.10:20; Cf. Hb.12:22-23; Ef.1:3:2:6; Fil.3:20; 1ªPd.1:4). Decir que, aunque la declaración está hecha bajo la vigencia del A. T., los aludidos cruzaron el umbral del Antiguo Pacto, al Nuevo. (Gá.4:4-6.)

La idea de que “donde Cristo esté, ese será el Cielo”, es linda, y no hay por qué excluirla, pues que el Cielo sin Cristo no sería Cielo, y la Tierra, con Cristo presente, sería como el verdadero Cielo; pero por hermoso que sea el pensamiento, este nunca debe anular la realidad de los lugares concretos, sea “el Cielo de Dios, lugar de su Morada”, o la Tierra, “estrado de sus pies” y lugar de la “morada de los hombre”, (Hch.17:26; Sal.115:16).

De modo que, al igual que la Tierra, el Cielo es un lugar real, lugar donde el creyente puede atesorar durante el tiempo que dure su vida aquí, con la garantía de que «ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan» (Mt.6:20).

Para mayor concreción, el Cielo, lugar donde se asienta el Trono de Dios, queda «dentro del velo donde Jesús entró por nosotros como precursor» (Hb.6:19-20). «Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el Cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios». (Hb.9:24)

 

¿ANIQUILACIÓN O CIELOS NUEVOS Y TIERRA NUEVA?

La expresión, “el cielo y la tierra” es una frase hecha que la Biblia emplea para denominar todo el universo creado. Frente a la creencia de que un día este universo será totalmente destruido y borrado de la existencia por siempre jamás, (Mt.24:29; 2Pd.3:12), se opone la creencia de la no aniquilación del universo, tesis que comparto, y que, de no ser así, los que postulan la aniquilación final de los réprobos tendrían en ello una buena base.

Los efectos cósmicos de la Obra Redentora de Cristo.

No se puede negar que un día, a causa de la maldición que trajo consigo la desobediencia sobre el mundo y por la forma en que el pecado lo ha permeado y contaminado todo, el universo entero tendrá que experimentar los efectos colaterales de los más severos juicios de Dios, y como consecuencia «las virtudes de los cielos serán conmovidas»; pero tampoco se ha de ignorar que los efectos cósmicos de la Obra Redentora de Cristo han de alcanzar todo aquello que de alguna manera fue contaminado por el pecado.

«Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (Ef.1:9-10 y ss.), cosas, éstas, pertenecientes al cielo y la tierra, que serán reunidas en Cristo y que pasarán a engrosar la herencia de los redimidos, en Cristo.

«Y por medio de Él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su Cruz». (Col.1:20.)

«Porque el anhelo ardiente de la creación [en su carácter cósmico, como es el caso de los textos precedentes,] es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujeta a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino también nosotros mismo, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismo, esperando la adopción, la redención de nuestros cuerpos» (Rm.8:19-23.)

En cuanto al cuerpo como parte integrantes de la naturaleza tripartita del ser humano, hay que decir que dicho cuerpo fue formado del polvo de la tierra; por tanto, y según se ha dicho, los creyentes, como el resto de la creación y a semejanza de ella «también gemimos dentro de nosotros mismo, esperando la adopción, la redención de nuestros cuerpos». (Rm.8:23.)

«Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás». (Gn.3:19.)

Aparte del hecho positivo y cierto de que «la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios», está la realidad de que un día, Dios, a pesar de que nuestros cuerpos, ya disueltos, integrados y asimilados en su propio medio, (el polvo de la tierra del que fue tomado), serán levantados:

«Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados>, (Dn.12:2). Antes que Daniel fue Job quien dijo: «Yo sé que mi redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; el cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro…», (Job 19:25-27). (Cf. Os.13:14; Jn.5:28; 11:24; Hch.24:15; 1ªCo.15:22-24; 2ªCo.4:14; 1ªTs.4:16; Ap.20:13.)

Siendo esto así, resulta un tanto incomprensible pensar que la naturaleza gimiente, (la Tierra incluida), ya «liberada de la esclavitud de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios», haya de ser aniquilada por completo. Si así fuera, también tendrían que ser aniquilados nuestros cuerpos terrenales, por tanto, no se podría sostener la esperanza de la resurrección de la carne, pues esta es parte integrante de esa tierra, ni se podrá cumplir «la Palabra que está Escrita: Sorbida es la muerte con victoria» ni se podrá entonar el himno triunfal: «¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?»(1Co.15:54-55).

Así la cosa y partiendo de los elementos deshechos y fundidos por la acción purificadora de los juicios divinos, una vez operada la transformación de la materia ¿Qué dificultad tendría Dios para, (como en el caso de nuestros «cuerpos terrenales» (1Co15:48-49) que serán levantados del polvo en incorrupción), hacer los nuevos cielos y la nueva tierra a partir de la vieja creación? (Cf. Is.65:17-18; 66:22; 2ªPd.3:13; Ap.21:1-4.)

Un texto fuera de contexto.

Algunos, fuera de contexto, citan Ap.20:11, «…de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos», texto donde solo se nos muestra el aspecto imponente y terrible del que está sentado en el Trono, razón de la huida de los cielos y la tierra y de la imposibilidad que tuvieron de ocultarse, según la visión de Juan.

Así que la personificación y escenificación de la Tierra y el Cielo huyendo aterrados de delante de Aquel…, nunca significa desaparecer como algo que se diluye, que se evapora, o que deja de ser; y la frase: «ningún lugar se encontró para ellos», significa simplemente que dicha huida fue todo un fracaso, una verdadera inutilidad. La escena se repite a similitud del intento desesperado y fallido que han de protagonizar los hombres impíos para escapar de la ira divina, según la escena de Ap. cp. 6:

Ap.6:15-17 «Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?»(Cf. Is.2:18-21; Lc.23:30.)

Advertencia solemne para todos cuantos, teniendo noticias de tan espantosa realidad, no se hayan refugiado en Cristo. Deben saber que, de seguir en semejante actitud de rebelión hará que la imponente majestad del Juez Universal ante cuyo alto tribunal tendrán que comparecer, será implacable; que sepan de su aterradora severidad y del rigor con que ha de aplicar la Ley; que sepan que dicha comparecencia será ineludible, y su sentencia inapelable; ese es el significado de tales figuras apocalípticas, y no que el universo visible desaparecerá, aunque de su grado quisiera desaparecer. En la narrativa metafórica se dice que lo intentara, pero la tentativa resultará del todo fallida.

 

LA TIERRA, ¿HERENCIA DE ISRAEL Y LUGAR DE SU MORADA?

Ahora es necesario dejar claro que lo expuesto, nada tiene que ver con la condición de la Tierra en el Milenio. En el Reinado del Mesías sobre la vieja Tierra y con la Jerusalén terrenal como capital del Reino, será cuando Dios cumplirá sus promesas a Israel.

El Milenio será el tiempo durante el cual Dios hará que su pueblo posea, en toda su dimensión, la herencia de la tierra; hará que la habite en paz, en seguridad y prosperidad (Am.9:11-15). Este es el tiempo cuando Israel, como pueblo, será hecho cabeza de las naciones. (Gn.49:10; Dt.28:13; Zc.8:20-23; Ap.20:1-7.)

Cabría esperar que, durante este reinado de paz, y como consecuencia del buen orden, y la justa y sabia administración del Rey divino sobre los recursos del mundo, que la polución ambiental remita gradualmente hasta un punto insospechado, quedando así neutralizadas las incidencias degradantes, procedentes de los abusos del pecado, y permitiendo que la naturaleza se regenere por sí misma. El resultado será que la tierra, en toda su plenitud, termine experimentando una especie de salutífera vigorización y rejuvenecimiento. (Is.30:23-25; 35:7; Ez.47:8; Am.9:13.) [i]

Este sería el tiempo cuando los creyentes, juntos con los mártires de la Gran Tribulación, más los profetas y santos del AT reinen sobre la tierra (Ap.5:9-10; 11:18; 20:4; 22:5), digamos que con el Milenio se introduce el tiempo de «la restauración de todas las cosas» (Hch.3:19-21).

Pero al final, ya concluido el Milenio y derrotadas todas las huestes infernales, y Satanás confinado en el «lago de fuego y azufre», será el momento cuando los Cielos y la Tierra pasarán, y Dios hará nuevos los cielos y la tierra.

 

DIOS CUMPLE SU PROMESA A ABRAHAM RESPECTO DE LA TIERRA Y LA CIUDAD, AL PIE DE LA LETRA

Es en el momento de «la restauración de todas las cosas» (Hch.3:21; Mt.19:28), cuando el tiempo da paso a la Eternidad, y cuando la herencia de Abraham, y consecuentemente de Israel, su descendencia, desborda los límites que se describen en Gé.12:7, (la tierra que ves y pisas), para englobar todos los confines de una Tierra ya Renovada y Bendita en virtud del Mesías, su simiente. «Porque no por la Ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que serían herederos del mundo, sino por la justicia de la fe». (Rm.4:13.)

Notar además que, para colmar las expectativas de Abraham sobre la Nueva Tierra, Dios hace descender la Ciudad Celestial, la Nueva Jerusalem, cuyo arquitecto y constructor es Dios, a la cual Abraham, padre de la fe, aspiraba. Cf. Hb.11:8-11, 13-16; Hb.12:22.

Ap.21:1-3 «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.» (Cf. Hb.11:10,16.)

Para que la cosa no quede en meras especulaciones, y en cuanto concierne a la tesis expuesta, decir que hay dos vocablos de uso muy común en griego que para verterlos al castellano se usa, en ambos casos, las palabras, “nuevo, o nueva”.

Xavier León-Dofour, en su Vocabulario de Teología Bíblica (Ed. Herder), dice: “La idea de novedad se expresa en griego con dos términos diferentes: Neos, nuevo en el tiempo, reciente, joven (de donde también, sin madurez), y Kainos, nuevo en su naturaleza, por tanto, cualitativamente mejor”.

  1. E. Vine, dice: “Neos y Kainosse usan en ocasiones de lo mismo, pero existe una diferencia como ya hemos indicado. Así, el ‘nuevo hombre’ en Ef.2:15 es nuevo(kainos), en cuanto que difiere de carácter; lo mismo en 4:24 (ver nº 1). # ‘El vino nuevo’ del pasaje de los odres, Mt.9:17; Mr.2:2; Lc.5:37-39, es neos, como de reciente producción; pero ‘el vino nuevo del Reino’ Mt.26:29; Mr.14:25, es kainos, por cuanto será de diferente carácter al de este mundo” (Diccionario Expositivo de Palabras del NT). [ii]

Al principio, cuando la ya vieja y desgastada Tierra surgió a la existencia obedeciendo a la voz atronadora del Omnipotente, era una tierra neos, joven, reciente, pero los Cielos y la Tierra nueva que se nombra en 2ªPd.3:13 y Ap.21:1 son nuevos en sentido kainos, es decir, en lo referido a su nueva constitución y naturaleza. Quiere decir, como veremos seguidamente, que, sin perder su identidad, ésta, será la misma Tierra con otra naturaleza.

Tómese en cuenta que el vocablo que Pablo usa para hablar del creyente como nueva creación, se deriva del mismo término, kainos, «De modo que, si alguno está en Cristo, nueva [kainës] creación es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas [kaina], nuevas» (2Co.5:17).

Sorprende notar que las expresiones contenidas en 2Co.5:17 son un calco, tanto de los vocablos como del sentido que se usan en…

Is.65:17, «Porque he aquí, yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento», y de Ap.21:1,5. «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron…», y así, 2Co.5:17, «las cosas viejas pasaron».

 

LA RECREACIÓN GLORIOSA A LA QUE DIOS HA DESTINADO

EL UNIVERSO, SIRVE A PABLO PARA TRAZAR UN PARALELISMO RESPECTO AL FIN GLORIOSO QUE HA TOCADO EN SUERTE A LOS HIJOS DE DIOS

Si al final de los tiempos la Creación feneciera, lo mismo sucedería a los hijos de Dios, en tanto que el cuerpo humano fue tomado del polvo de la tierra, no ha dejado de ser polvo, y su destino es el polvo, (Gé.2:7; 3:19; 18:27), si bien la realidad cierta es que esta carne ha de ser transformada a semejanza del cuerpo de la Gloria Suya, (Fil.3:21).

De modo que toda la Creación participará de la misma Gloria que se ha de manifestar en los Hijos de Dios. No en vano dice la Escritura que todas las cosas fueron creadas por Él y para Él. ¿Cree alguno que los propósitos eternos de Dios podrán ser frustrados? Cf. Col.1:16, 20; Ef.1:9-11.

Rm.8:19-23 «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente, [aflicciones que la misma naturaleza, en este mismo tiempo, está padeciendo] no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse [misma transformación gloriosa para la creación que «gime con dolores de parto»]. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios

Notemos: No es la creación que gime igual que los creyentes, sino son los creyentes que gimen como la creación, y sus anhelos y gemidos no es en razón de que se esté demorando el momento en que han de ser aniquilados. El fervor de sus ansias está centrado en poder gozar, al fin, la bendita, gloriosa e inconmensurable plenitud, que dimana de la Gran Redención, consumada por Cristo en el Calvario, Jn.19:30.

…Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros [como la creación], también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando [como también la creación aguarda y anhela su restauración] la adopción, la redención de nuestro cuerpo.»

La lógica es, que si yo, sin dejar de ser yo, y tú, sin dejar de ser tú, ambos somos hechos (kainos) nueva creación, «aún [cuando todavía] no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a Él…» (1Jn.3:2), es lógico que, como beneficiario de la misma redención, así suceda con el Universo entero.

Si de acuerdo a la revelación bíblica el cuerpo resucitado del Señor se corresponde con el que fue depositado en la tumba, pero transformado (Lc.24:38-43; Jn.20:27); y si nuestros cuerpos también, una vez rescatados del polvo, resucitados y transformados, se corresponderán con los mismos cuerpos que poseímos en nuestro transitar en este mundo: «El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya…» (Fil.3:21), no es de extrañar, tanto por lógica como por los vocablos que se usan, que lo mismo suceda a la tierra y a todo el universo cósmico.

Está claro que ese es el principio que se ha de aplicar para entender que los nuevos cielos y la nueva tierra también han de corresponderse con los viejos, los cuales, después de deshechos, (no aniquilados), Job, 19:26, Dios, en el día de la regeneración (Mt.19:28) los re-creará y hará de ellos, como de nosotros, una (kainos) nueva creación. [iii]

«Alzad a los cielos vuestros ojos, y mirad debajo de la tierra; porque los cielos serán deshechos como humo, y la tierra se envejecerá como ropa de vestir…» (Is.51:6.)

«…aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando[…] sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio…». (2ªCo.4:16; 5:1.)

«Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios…» (Job 19:25-27.)

«Pero el Día del Señor vendrá como ladrón en la noche, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos[…] esperando y apresurándoos para la venida del Día de Dios, en el cual los cielos encendiéndose, serán deshecho, y los elementos, siendo quemados, se fundirán» (2ªPd.3:10,12); nunca se dice aniquilados ni borrados de la existencia, sino desechos, como nuestros cuerpos se deshacen en la tumba.

Tal como ya hemos considerado, asombra pensar que alguien pueda enseñar que la Obra de redención consumada por el Hijo de Dios en el Calvario no sea del todo suficiente y eficaz como para reparar, en todos los órdenes y confines de la creación de Dios, los efectos de la impureza contaminante del pecado.

Según Pablo, igual que los hijos de Dios gimen bajo los efectos del pecado, anhelando la redención del cuerpo, así la creación:

«Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. […] Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino también nosotros mismo, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismo, esperando la adopción, la redención de nuestros cuerpos». Y como nosotros seremos total y definitivamente libres de la polución deletérea del pecado, «…también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios». (Rm.8:19-23.)

Es pues factible pensar que, a pesar de haber sido invadidos por los efectos del pecado, estos cielos y esta tierra que por siglos y edades jamás cesaron de cantar y proclamar la gloria de Dios (Sal.19:1; Rm.1:20), una vez renovados, y al igual que los redimidos, cielos y tierra seguirán alabando al Creador por toda la eternidad; de otra manera y como algunos autores dicen, sería como conceder un trofeo a Satanás; pero obviamente será Satanás quien quede frustrado, nunca Dios, ni sus propósitos divinos.

 

Manuel León

 

 

[i] Mt.19:28, podría ser aplicado en el punto en discusión, pero en mi opinión y por el significado expreso del vocablo que Mateo emplea, παλινγενεσία (palingenesía G3824), nuevo nacimiento, (palin, de nuevo; génesis, nacimiento, Diccionario Vine), sería más factible ubicar el texto para después del Milenio, dentro de la idea de la renovación, o nuevo nacimiento de la creación. Esta opinión la refleja Alfred Wikenhauser, en los siguientes términos: “El pecado ha llevado la corrupción y la consiguiente maldición de Dios incluso a las criaturas irracionales (Gé.3:17; Rm.8:19ss.), y por eso es necesario que haya una nueva tierra (Ap.21:1). En otros pasajes del NT se habla de una renovación o nuevo nacimiento de la creación (subrayado mío), o que esta será liberada del estado de maldición a que ha quedado sujeta (Mt.19:28; Rm8:21). Todas estas expresiones tienen, en definitiva, el mismo sentido.” (El Apocalipsis de San Juan, p.252; Herder.)

 

[ii] Obviamente, y en la misma tónica, para ese entonces la Escritura contempla un Israel renovado:

2Co 3:16 «Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará

Os.3:5 «Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.»

Rm.11:26-27 «y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.»

Is.45:17 «Israel será salvo en Jehová con salvación eterna; no os avergonzaréis ni os afrentaréis, por todos los siglos

 

[iii] “Cierta imprecisa expectación de un re-‘nacimiento’, re-‘generación’ o re-‘creación’ del mundo […] Esto que para muchas culturas pudo ser nostalgia, mito, intuición o poesía, en el pueblo de la Biblia se apoyaba en una promesa divina comunicada por Revelación.” Isidro Gomá Civit, El Evangelio de San Mateo, Ed. Marova, Tomo II, p.266.

“…restauración universal, que será como una nueva generación del mundo de que gozarán los que fueren hallados justos…, José Mª Bover, “EL EVANG. DE S. MATEO” p.361, Editorial Balmes.

“Jesucristo habla de regeneración, es decir, de una renovación del mundo entero en el día en que el Hijo del Hombre venga a juzgar a los vivos y a los muertos. No conocemos exactamente todo el alcance del término (Rm.8:9-23; 2ªPd.3:12); pero seguramente esta ‘regeneración’ llevará consigo de modo especial la resurrección de los muertos” Alfred Durand “Evangelio según San Mateo”, Colección Verbum Salutis, p. 348, Ediciones Paulinas.

He transcrito las citas de los autores católicos por ser obras antiguas y de más difícil acceso. También se puede confrontar entre otros muchos a: J. A. Broadus, El comentario expositivo sobre el Nuevo Testamento. El Evangelio según San Mateo, p.522, ver nota (1) a pie de página, C. B. de P. // G. Hendriksen, Evangelio según San Mateo, p.766, SLC. Esto, y aun cuando este autor es amilenialista, traduce y comenta Mt.19:28 en la misma línea argumental que aquí desarrollada.

Hilvanando dos textos de Isaías, y sin hacerles violencia, resulta en el siguiente pensamiento:

«Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. […] Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre.» Is.65:17; 66:22.

Ge.15:18; 24:7; Gé.26:3-4 «Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre.» Cf. Sal.105:9 Jer.11:5.