51. 1. OCASIONES DE CAER. Decisiones valientes (I).

Ocasiones de caer.

(Mar 9:42-50)

 

¿Saben qué es el lenguaje hiperbólico? Es “una figura literaria que consiste en exagerar, aumentando o disminuyendo de manera excesiva, las cualidades o características de aquello de lo que se habla”. Todo esto con un fin: Evocar sentimientos, producir impresiones fuertes. Por ejemplo: “Te llamaré un millón de veces” Es evidente que no lo hará. Es una forma de manifestar su compromiso, que pondrá todo su empeño.

Este es el lenguaje que predomina en la siguiente porción. No para desdramatizar sino para enfatizar la enseñanza, causar una fuerte impresión. 

 

Sobre los tropiezos.

(Mr 9:42) “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.”

Esta piedra de molino no es la manual, la de casa, sino la grande. Podía pesar entre 500 kilos y dos toneladas y se movía con ayuda de un animal. Desde luego que con menos peso era suficiente para hundir en el mar. Además, más que atar al cuello la idea es introducirle la cabeza por el agujero que sirve de eje. Colocarla como un rosco alrededor en el cuello. Si no fuera por este lenguaje podríamos concluir que Jesús justifica la muerte preventiva en determinados casos.

De lo que se trata con este lenguaje exagerado es de enfatizar la gravedad del comportamiento, que el oyente no quede indiferente. “Tan grave es, que antes de cometer tal acción (diría Jesús), es preferible que una mano amiga te hunda en lo profundo del mar con una gran piedra y evitar así que lo hagas.”

La relación con el contexto.

Y ¿Qué relación tiene con los versos anteriores? Terminado el paréntesis que provoca Juan (Marcos 9:38-41) parece que Jesús retoma el tema del verso 37. Aquí habla de “pequeñitos” y allí de “niñitos”, pero teniendo de fondo también el comportamiento de los discípulos con aquel hombre que no les seguía que bien puede ser una ilustración del niño (9:37) o del pequeñito aquí (9:42).

La enseñanza/aplicación: dos enfoques.

La enseñanza la podemos expresar de dos formas, una en términos generales y otra más específica, aplicada a la instrucción de los discípulos:

En términos generales: Cuidado con hacer tropezar1 a estos pequeñitos, la palabra que utiliza es mikros (es posible que todavía Jesús tenga al niño en sus brazos). Estos pequeñitos son los creyentes más sencillos y sinceros en su fe, los que están en situación de mayor vulnerabilidad, también los que están aprendiendo, los que se están acercando al Señor.

Dios los ama grandemente, y actúa solemnemente contra los que dañan su fe. Aunque sea a uno solo. Tanto si lo hacen desde el mundo como desde de la iglesia.

Cuántas personas hay, desgraciadamente, que con sus palabras y acciones se posicionan contra Jesús y el Evangelio, y que desde su incredulidad, su ateísmo o su frustración, se deleitan en destruir la fe cristiana o intentar apartar a los creyentes del Evangelio. Cuantas personas hay, tristemente, que se introducen en las iglesias y ven viven el Evangelio como un medio de vida, buscando el provecho propio, a costa de los mas débiles, sin importar el daño que hagan. Si no se arrepienten de corazón, si no terminan por acogerse ellos mismos a la misericordia de Dios, el juicio sobre ellos será terrible.

De forma más concreta, atendiendo a la circunstancia de los discípulos: La verdadera grandeza en el reino de Dios también tiene que ver con el evitar escandalizar a los pequeñitos que creen en mí. “Ser causa de tropiezo” es fácil, basta dejarse llevar, como sucedió con el hombre que no les seguía.

Lo difícil y lo que Dios honra es lo contrario, ejercer dominio propio, saber estar en segundo plano, amar la Obra más que lo propio. En definitiva, esta grandeza, esta preeminencia que Jesús enseña es una aplicación del “negarse a sí mismo” (8:34).

 

Decisiones valientes.

Si tu mano, tu pie, tu ojo te fuere ocasión de caer.

En cierta ocasión, alguien ponía la siguiente ilustración: Cada uno de nosotros es jardinero de su corazón. Decidimos que semillas plantamos, cuales cuidar y también las que arrancar para que nuestro jardín luzca hermoso y sano.

Pues de esto van los versículos siguientes. Una exhortación a no descuidar este jardín, a identificar situaciones, actitudes, hábitos dañinos que si no se cortan pueden llevar al fracaso espiritual. En definitiva, un llamado a tomar decisiones valientes y crecer como seguidores de Cristo.

(Mr 9:43-44) “Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado. Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.”

Y así esta construcción se repite casi literalmente dos veces más, pero cambiando la parte del cuerpo, de “la mano” (9:43-44), se pasa al “pié” (9:45-46), y luego al “ojo” (9:47-48). También es de notar que en el verso 47 cambia “entrar en la vida” por “entrar en el reino de Dios.” En este caso, una referencia a la Vida Eterna.

La hipérbole en el texto.

De nuevo es necesario recordar que Jesús esta usando un lenguaje figurado, la metáfora y sobre todo la hipérbole. El propósito, impresionar con verdades profundas a los oyentes, enfatizar la enseñanza y provocar una reacción.

Que esto es así, y que lo de mutilar no es literal, es fácil entenderlo: Por un lado, el pecado no reside en la mano, en el pié o en el ojo, sino en el corazón. Un manco es tan pecador como el que tiene todos su miembros. Por otro lado, nadie entrará en la eternidad con un defecto físico, tendremos cuerpos glorificados. Y por último sería equivocado concluir que Dios promueve la mutilación por motivos religiosos (Dt 14:1) (1 R 18:28) (Zac 13:6). Como testifica Pablo, el duro trato del cuerpo no tiene valor contra los apetitos de la naturaleza caída (Col 2:23).

Según esto, la mano podría simbolizar nuestra manera de obrar, el pie nuestro modo de caminar por el mundo, el ojo una figura de los malos deseos que surgen del corazón, y el cortar los miembros de la necesidad de tomar decisiones valientes.

De la misma forma, el fracaso espiritual y las consecuencias eternas, en este caso de las no decisiones, están ilustradas de la forma más cruda posible, en su grado máximo, con la condenación eterna.

Y ahora, una reflexión en voz alta. Esta exposición parte de la base de que la Salvación no se pierde: “Una vez en Cristo, para Siempre en Cristo” (Jn 10:28-29). Pero: ¿Y qué de aquellos que habiendo profesado fe en Jesús, en un momento determinado menosprecian la misma para satisfacer sus deseos? ¿No han perdido la salvación? En estos casos lo que sucede es que probablemente, pues la realidad última de las cosas solo la conoce Dios, probablemente nunca conoció al Señor. Si es un verdadero creyente, además de la tristeza que produce el pecado, también debemos esperar arrepentimiento.

La condenación eterna

Una observación importante. Lejos de referirse al castigo eterno como una “historia de miedo” para que asustar a los niños, estos versos enfatizan no solo su existencia sino que Jesús creía en ello. Este es el destino final de quienes rechazan el regalo de la gracia de Dios.

Tres cosas quiero destacar de la enseñanza de Jesús sobre el castigo eterno (Jesús está citando Is 66:24):

Primero, la palabra que nuestra Reina/Valera 60 traduce infierno, es Geenma o gehena en griego. Proviene del hebreo Valle de Hinom, un lugar de las afueras de Jerusalén. El como este valle se convierte en ilustración del castigo eterno es interesante.

En el A. T. el lugar fue utilizado por reyes como Acaz y Manases para ofrecer sacrificios humanos, de niños, a los dioses cananeos Moloc y Baal (2º Cr 28:3) (2º Cr 33:3) (Jer 7:30-31). El rey Josías, en su intento de reforma, profanó el lugar para que no fuese utilizado más con semejantes abominaciones (2º R 23:10). El profeta Jeremías profetizó que se convertiría en un vertedero donde serian arrojados los cuerpos de los habitantes de Jerusalén tras la caída de la ciudad (Jer 7:32-33).

Mas tarde, en el periodo de tiempo de 300 años que va entre el A.T. y el N.T., después del regreso del cautiverio, este lugar de infame recuerdo terminará por convertirse en basurero de la ciudad. Un lugar nauseabundo, de podredumbre, donde se quemaba la basura. Y es en ese tiempo que empezó a utilizarse su nombre, Gehena, para referirse al castigo eterno.

Segundo, “Donde el gusano de ellos no muere”: El castigo eterno no es un estado de inconsciencia. No se si se dan cuenta, pero Jesús no habla de la podredumbre que acompaña la descomposición de los cuerpos, sino de una especie de “gusano roedor” interno, y que nunca muere. Posiblemente una referencia al tormento interior, al remordimiento, que también acompañará a estos pobres desventurados por toda la eternidad. Allí no habrá lugar a las risas y fiestas. Terrible.

Tercero, Esta condición de tormento interna y externa, no es por un tiempo limitado “y el fuego nunca se apaga”.

¿Pero de verdad que el castigo eterno será eterno? ¿Por qué castigar eternamente a quien pecó, aunque fuese de forma muy grave, durante por ejemplo ochenta años? ¿No es desproporcionado? Cito aquí a los expositores Gooding y Lennox, en su libro Conceptos Bíblicos Fundamentales, Pág. 142,143. Editorial Andamio.

“Esta objeción se basa en un malentendido doble:

  1. Da por supuesto que, aunque hayan pecado en esta vida, aquellos que rechazan a Dios y a Cristo cesarán de pecar y de ser pecadores en la vida venidera. Y eso no es cierto.
  2. Da por supuesto que, a pesar de que han rechazado arrepentirse en esta vida, se arrepentirán y confiarán en el Salvador en la vida venidera. Pero eso tampoco es cierto. Aquellos que han rechazado al Salvador y negado a Dios aquí, seguirán haciéndolo después. Son culpables de un pecado eterno (Marcos 3:29). El hombre rico de la historia al que nuestro Señor le dijo (Lucas 16:19-31) que se encontraría después de la muerte separado de Dios y atormentado, mostraba la evidencia del remordimiento y de la angustia, pero no de un arrepentimiento genuino.”

El propósito de Jesús: Las decisiones tienen consecuencias.

Dice un expositor bíblico: “Lo que pretende Jesús es alentar a sus oyentes a tomar en serio sus actos en la vida, ya que estas acciones tienen consecuencias eternas.”2

¿Qué enseña? Que seguir a Jesús, no importa que seas un discípulo o alguien que busca respuestas, requiere decisiones valientes, a veces dolorosas, como las del cirujano que corta un pié para evitar un mal mayor. Decisiones que el mundo no va a comprender, como cuando María quebró el frasco y derramó el perfume a los pies de Jesús, pero que son necesarias.

Un ejemplo dramático del cumplimiento de esta enseñanza de Jesús lo vivieron los discípulos en sus propias filas. Nos referimos a Judas Iscariote. Un hombre que no quiso “sacar su ojo”, es decir renunciar a esa visión de Jesús como líder político y el deseo de poder, ni “cortar la mano”, es decir juzgar la avaricia de su corazón, para seguir incondicionalmente a Jesús (nunca le llamó Señor). Que finalmente se resistió a volver a Dios en arrepentimiento y ahora sufre las consecuencias eternas de sus decisiones.