JUAN MARCOS DE JERUSALEM

JUAN MARCOS DE JERUSALEM

Semblanza y Armonía

Autor: Manuel León.

 

Mucho se ha dicho y escrito sobre los incidentes y las relaciones interpersonales que se dan en la vida de Juan Marcos de Jerusalem, autor tradicional del segundo Evangelio. Su nombre hebreo, Johanán, (Juan abreviado), significa: “Yahvé ha mostrado gracia”, y en verdad va a ser esa Gracia Divina la que va a marcar la historia de este personaje bíblico.

De su madre se sabe que era una cristiana pudiente y que su casa, (identificada por algunos como el “aposento alto” en el que el Señor celebró la última Pascua)[i], era una de las tantas que había en Jerusalem donde los hermanos solían reunirse en asamblea para el partimiento del pan y las oraciones. (Hch.2:46; 12:12). Se sabe, además, que era primo (RV-60 traduce sobrino) de un tal José, varón levita, a quien los Apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé, judío oriundo de Chipre, quien a su vez también era un hombre pudiente. (Hch.4:36-37; Col.4:10).

Una de las hipótesis que se baraja en torno a nuestro personaje, y por la que se inclinan prestigiosos comentarista, tal cual lo es, W. Hendriksen, E. Trenchard, etc. es, si tal vez el mismo Marcos, que según ya se ha indicado escribe el segundo Evangelio, fue el joven que desprendiéndose de la sábana con que cubría su cuerpo, y dejándola en manos de sus captores, se zafó de ellos, y huyendo desnudo se camufló entre los olivos del monte amparado por la oscuridad de la noche; hecho que sucedió al tiempo en el que el Señor había sido arrestado en Getsemaní y, maniatado, era conducido a casa de Anás y del sumo sacerdote Caifás, en Jerusalem. (Mr.14:46-53).

La hipótesis de que Judas el traidor, en primer lugar se personó con la turba en la casa donde dejó al grupo celebrando la pascua, (Jn.13:30), justifica que el tropel de aquella horda despertase a la familia que dormiría en los aposentos bajos o contiguos de la misma casa, y que el joven, ni corto ni perezoso, y preocupado por la suerte que pudiera correr el Maestro, se envolvió precipitadamente en una sábana, y los siguió para ver en qué podía acabar todo aquello. Es la idea que expone Hendriksen.

Otra teoría es que el mismo huerto, (Getsemaní), era propiedad de la familia de Marcos, (causa por la que el Señor acudía al mismo con tanta libertad y frecuencia Lc.21:37; 22:39; Jn.8:1, tanto que Judas, como integrante de los doce que era, conocía el sitio y no dudó en encaminar sus pasos hacia el lugar), y razón por la que Marcos, que podía estar haciendo las veces de guardián del huerto, dormía en la cabaña que todo huerto solía tener para guardar los aperos y dar cobijo al vigilante. Is.1:8a

El hecho que de los tres sinópticos sea el Evangelio de Marcos el único que menciona este incidente, (los discípulos no pudieron ser testigos del incidente pues que ellos ya habían huido), y de que dicho autor silencie su nombre, son indicios de peso que efectivamente apuntan al joven Marcos, como el prófugo de esta historia, (ver Jn.21:24, ejemplo similar de anonimato deliberado).

 

APROXIMACIÓN OBJETIVA AL PERSONAJE:

Juan, nuestro personaje, conocido en círculos apostólicos con el sobrenombre latino de Marcos, se le menciona diez veces de forma específica en NT. Se transcriben los textos al objeto de facilitar una visión global de los detalles que cada uno aporta:

(Hch.12:12, 25) «Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando». «Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos».

(Hch.13:5, 13) «Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante», «Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén».

(Hch.15:37-39) «Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; Pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde panfilia, y no había ido con ellos a la Obra. Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre».

(Col.4:10) «Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y Marcos el sobrino [primo] de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle».

(2ªTm.4:11) «Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio».

(Flm.24) «Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores».

(1ªPd.5:13) «La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan».

 

PERIPLO FRUSTRADO:

Aparte del suceso habido en las inmediaciones de Getsemaní, dentro del Monte de los Olivos, que lo asumimos como conjetura muy verosímil, el primer incidente destacable que marcaría la vida de Juan Marcos y del que se tiene referencia expresa, tuvo lugar en Perge de Panfilia, un punto donde arribó la primera expedición misionera de Pablo y Bernabé, en la que Juan Marcos que les acompañaba en calidad de ayudante, «apartándose de ellos, volvió a Jerusalén», (Hch.13:13).

Rastreando algunos de los detalles precedentes, Lucas permite que podamos situarnos en Jerusalem, lugar al que Pablo y Bernabé se habían desplazado para hacer la entrega de un donativo que los hermanos de Antioquía tuvieron a bien enviar por mano de ellos, para socorrer a los hermanos pobres de Judea, respecto a quienes el profeta Agabo había anunciado por el Espíritu, tiempos de penuria, (Hch.11:27-30).

Después de cumplida la misión que les fue encomendada, los siervos del Señor deciden regresar a su base en Antioquía. En este punto se menciona a Juan Marcos como acompañante de Bernabé y Saulo: «Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos». (Hch.12:25). El por qué Marcos les acompañaba solo se puede inferir.

Como ya se ha indicado la casa de su madre, no solo fue lugar de encuentro de la iglesia, sino del círculo Apostólico. Esta fue la casa a la que Pedro se encaminó cuando fue librado de la cárcel, lugar dónde solía informarse de la evolución de la Obra, y desde donde se podía hacer contacto con el resto de los líderes, (Hch.12:12, 17)

Se infiere, pues, que Marcos pudo haber oído el informe que de la Obra pudieron dar Bernabé y Saulo, de cómo se estaba manifestando la gracia de Dios en aquella ciudad de Siria y como crecía el número de los discípulos, (Hch.11:24); todo lo cual debió haber impactado muy positivamente al joven Marcos, tanto, que le motivó para visitar el lugar y conocer in situ y por sí mismo, la Obra del Señor en Antioquía, y esto, aprovechando que su primo y Pablo iban de regreso.

En el ínterin que sigue, el Espíritu Santo manifestó a los líderes de la asamblea que era voluntad divina que Pablo y Bernabé extendiesen el campo de misión; sumisos los hermanos, después de orar y ayunar, les impusieron las manos y los despidieron, (Hch.13:2-3).

Poco más abajo y como ya se ha indicado, en 13:5 se nos dice que Juan Marcos iba con ellos de ayudante, y en 13:13 se apunta que desertó de la expedición misionera y que se volvió a casa de mamá en Jerusalem.

Lucas no da información del motivo que le impulsara a dejar la Obra, si bien, los comentaristas coinciden casi unánimemente en que los rigores del viaje y del trabajo tomaron por sorpresa a nuestro joven; en aquella primera etapa de su periplo Juan Marcos pudo descubrir que no se había apuntado a un crucero de placer por el Mediterráneo, y, no pudiendo soportar, retornó a Jerusalem. Tampoco se comenta qué palabras pudieron entrecruzar ayudante y misioneros; lo único objetivo es que nadie coartó su libertad; el joven pudo regresar sin más cortapisas; los misioneros no practicaron las presiones que caracterizan a las sectas destructivas.

 

LAS REPERCUSIONES:

Es al inicio del segundo viaje de Pablo cuando se pone de manifiesto que aquella decisión de Juan Marcos, aunque aceptada, no tuvo la aprobación del Apóstol: «Pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la Obra». (Hch.15:38). Es más, por Col.4:10b se puede inferir la trascendencia de aquel hecho: «…y Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle». Sí, esto indica que ya se le había levantado la disciplina, pero de esto mismo se colige que previamente Pablo pudo haber dado instrucciones a algunas iglesias, respecto a Juan Marcos, para que tuvieran ciertas reservas para con él.

No hay razón para pensar que se trate de una excomunión; la precaución que las iglesias debían tomar para con Marcos debía referirse al servicio, o sea, que dada la inconstancia y falta de responsabilidad que mostró el joven al abandonarles en plena campaña, (justo cuando posiblemente más le iban a necesitar), las iglesias no debían hacer mucha confianza en él; algo parecido al consejo que oportunamente se dio a Timoteo: «No impongas con ligereza las manos a ninguno…» (1ªTm.5:22).

 

DE NUEVO EN ANTIOQUÍA:

Pablo y Bernabé volvieron a subir a Jerusalem con motivo del llamado “concilio” apostólico, (Hch.15:2). Aquella visita fue una oportunidad para que los hermanos informaran de los resultados de la Obra entre los gentiles más allá de Antioquía, (vv.3-4). No es de extrañar que Marcos oyera el informe y que de nuevo se despertara en él el interés por la obra misionera.

Tras el “concilio”, y junto con Pablo y Bernabé, los Apóstoles determinaron enviar dos hermanos de la asamblea de Jerusalem para que diesen fe de la autenticidad de los consejos y recomendaciones expresados en la carta que los ancianos y Apóstoles dirigían a las iglesias de la gentilidad; dichos varones, (Judas y Silas), se les describe como «hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo», (vv.25-27), cosa que no se podía decir de Juan Marcos, pero que no obstante, éste, aunque no como delegado, tal vez se uniera a la expedición que retornaba a Antioquía, o quizá lo hiciera poco más tarde, pues «Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la Palabra del Señor y anunciando el Evangelio con otros muchos» (v.35), de modo que Marcos bien pudo haber llegado a posteriori.

 

CAUSA DE DESACUERDO:

El cómo es que Marcos estuviese de nuevo en Antioquía, no es lo importante, pero la verdad objetiva es que allí estaba, y que fue causa del desacuerdo que tuvieron entre sí, Pablo y Bernabé, (vv.37-40).

Se ha escrito de todo tocante a este caso. Están los que dicen que Pablo erró, y los que dicen que el equivocado fue Bernabé, éstos últimos se basan en el hecho de que la iglesia dio la diestra de compañerismo a Pablo y Silas, y no a Bernabé: (v.40) «y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor».

No hay evidencia alguna de que la asamblea tomase partido por un líder en detrimento del otro. Sencillamente Pablo y Silas fueron encomendados porque salieron a la Obra; los misioneros constituían la avanzadilla de aquella iglesia en otros territorios y es lógico que la asamblea se identificara con ellos; Bernabé en cambio, que pudo haber visto en su primo ciertas cualidades y posibilidades de adiestramiento para el servicio, decidió retornar a Chipre, su tierra natal, donde posiblemente vivieran sus padres o conservara alguna propiedad, (Hch.4:36), llevándose consigo a Marcos, (Hch.15:39)

Está claro que para la labor particular que Bernabé se había propuesto hacer con Marcos no necesitaba ninguna encomendación especial por parte de la iglesia, aunque cabe que a modo de entrenamiento y bajo la exclusiva responsabilidad de Bernabé, éste y su primo hicieran obra de evangelismo local y de consolidación de los frutos del primer viaje, proyecto del que no pudieron informar a la asamblea de Antioquía, toda vez que aquello aún estaría por ver y por concretar.

 

DOBLE PROVISIÓN DE GRACIA DIVINA PARA MARCOS:

No es que Pablo se equivocara en la aplicación del tratamiento disciplinario que correspondía al caso de Marcos, y mucho menos que el Apóstol estuviera tomando algún tipo de represalia personal contra él; tampoco se puede decir que se equivocara Bernabé, ni que éste le tratara con cierto favoritismo por ser su primo; más bien se puede pensar que se trata de la providencia Divina que sabe como hacer que lo adverso o negativo redunde para bien de los que aman a Dios y han sido llamados conforme a su propósito, (Rm.8:28)

Todo cristiano está expuesto a caídas y a errores, lo que no significa que a pesar de ello no ame a su Señor. Marcos cometió una grave equivocación, y por consecuencia estaba necesitando dos cosas. Necesitaba saber que lo que hizo estuvo mal, y que las cosas que se hacen así tienen consecuencias que se han de asumir; esta fue la aportación de Pablo. Tras este rechazo Marcos debió quedar bastante confundido y apenado, pero no le quedaba más remedio que aceptarlo con humildad, y con el tiempo, mucho tesón y perseverancia en servicios menos relevante, demostrar que había aprendido la lección, y esa fue la aportación de Bernabé. Efectivamente tras el fruto salutífero de aquella medicina, más la consolación y estímulo de su primo, se demostró que el interés de Marcos por la Obra era genuino y que en verdad estaba dolido por aquello que hizo.

De manera que en su papel de “hijo de consolación” (así es como se traduce su nombre, Hch.4:36), y porque eso era lo que daba su carácter (Hch.9:27; 11:25), Bernabé tomó a Marcos quien estaba urgiendo como complemento de la disciplina, un discipulado intensivo, que es lo que supuestamente recibió de su primo en Chipre, (Hch.15:39), donde con anterioridad y según ya se ha indicado los misioneros, incluido Marcos, hicieron escala con ocasión del primer viaje misionero, y donde predicaron en sus principales ciudades, Pafos y Salamina, (Hch.13:4-6).

 

CUANDO LOS CAMINOS CONVERGEN:

Resultó que, dado tan pronunciado desacuerdo, los misioneros, en el uso de su libertad y acordes con la visión que cada cual tenía del servicio y de la Obra, atendieron al llamado que indistintamente habían recibido del Señor, y cada uno marchó por su camino.

Que andando el tiempo Marcos recuperó la confianza de Pablo y que ambos restablecieron sus relaciones, es un hecho profusamente atestiguado en el NT, pero lo que no podemos establecer es el cuando; también hay un claro indicio de que Pablo y Bernabé volvieron a colaborar juntos en alguna otra misión sobre el año 54, o al menos, Pablo tenía ya por aquel entonces la libertad de hacer referencia a Bernabé como si nada hubiera pasado, (1ªCo.9:6), ya que no sería coherente que Pablo censurase las divisiones de los corintios, arriesgándose a que éstos le reprocharan una desavenencia sostenida y enquistada con Bernabé. Otro caso está en Gá.2:1, 9, (año 57), donde Pablo habla con toda naturalidad de su consiervo.

 

OTROS MOVIMIENTOS DE MARCOS:

Según el diagrama cronológico del antiguo Diccionario Caribe, entre el inicio del segundo viaje de Pablo a los gentiles, (año 51) y su arribo a Roma como prisionero, (año 61), transcurrieron diez años aproximadamente. ¿Qué pasó con Marcos en todo ese tiempo? Cabría pensar que en un par de años regresara de Chipre a Jerusalem, donde Pedro, habitual en la casa de la madre de éste, lo arropó como si de un hijo se tratara, dada su relativamente reciente orfandad paterna, (ver nota 1 al final).

Por propia experiencia este Apóstol sabía lo que era pecar por falta de valor, (cada amanecer los gallos se lo recordaban), sabía lo que era llorar amargamente su cobardía, y sabía qué era ser restaurado al ministerio, (Mt.26:69-75; Jn.21:15-19, 22).

Por Colosenses 4:10, «os saluda, y Marcos el sobrino de Bernabé…», y por Filemón 24, «os saluda, Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores», sabemos que el primo de Bernabé estaba en Roma asistiendo a Pablo en su prisión. Cómo hiciera semejante viaje no se sabe, pero lo cierto es que el viaje a Roma, (mucho más largo y penoso que aquel otro que interrumpió en Perge de Panfilia), no lo dejó a medias, a lo que hay que añadir la valentía que demostró tener al identificarse con un presidiario, a riesgo de que lo asociaran como compinche de “fechoría” y fuese detenido. Es maravilloso ver cómo un hermano puede ser restaurado; en definitiva ese es el objetivo final de toda disciplina.

Según información fácilmente recopilable de las muchas introducciones y comentarios que existen de las cartas aludidas, es posible que Pablo al ser liberado de su prisión en Roma, (año 62), viajara a Asia, y tal vez colmara su anhelo de visitar España, y luego, volviera a ser preso, conducido a Roma, juzgado y ejecutado sobre el año 67.

Por 2ªTm.4:11, donde se lee: «…Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio», deducimos que Marcos andaba por Asía, tal vez colaborando con Timoteo en Éfeso por indicación del mismo Apóstol, y es muy revelador que Pablo quisiera tenerle con él, alegando, por propia experiencia, cuan útil habría de serle.

Esto se comprende mejor si se tiene en cuenta que unos años antes Marcos había estado asistiendo al Apóstol Pedro en Roma desde donde éste escribió su primera epístola, (1ªPd.5:13) «La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan». Lo del martirio de Pedro, que fue crucificado cabeza abajo y que Marcos estuvo con él hasta su martirio tiene su fuente en la tradición cristiana, y también está documentado por la mayoría de los comentaristas.

Quiere decir que la suma del tiempo que Marcos estuvo en Roma asistiendo a Pablo durante su primera prisión, más el tiempo que estuvo asistiendo a Pedro, (de cuyas memorias él pudo escribir su Evangelio enfocado a la mentalidad romana), hacía de Marcos un experto conocedor de la capital del imperio, y el personaje idóneo para moverse por las callejas y las avenidas romanas, atender a ciertas diligencias atañidas con el proceso judicial que se seguía contra Pablo; así mismo, como conocedor de la asamblea y de los domicilios de los sobreveedores y otros tantos hermanos influyentes, Marcos también estaba en condiciones de gestionar diversos asuntos atenientes, tanto a las necesidades del Apóstol como a las necesidades de la propia asamblea en Roma.

 

A MODO DE RECAPITULACIÓN:

Ha quedado hilvanada una historia fascinante protagonizada por hombres de carne y hueso, (Hch.14:15), «Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo…»; hombres con desavenencias gordas, cuyas almas, en un momento dado, podían ser informadas por la carne y discutir bajo su influencia, pero sin intrigas y sin raíces de amargura entre ellos, (Hch.15:39; Col.4:10; 1ªCo.9:6; Gá.2:1, 9).

Historia esta donde el primo de un líder muy relevante en Jerusalem, Bernabé, (Col.4:10), hombre clave en la primera etapa de la vida del converso Saulo, (Hch.9:26-27; 11:25); clave también en la afirmación de la Obra en Antioquía, (Hch.11:22, 25); compañero de Pablo en su primer viaje misionero, (Hch.13:2-3), etc. De este Bernabé era primo Juan Marcos, quien a su vez era hijo de una familia acomodada de Jerusalem, lo que se dice hoy, “un hijo de mamá”, a quien no debió faltarle comodidades ni recursos, cuya casa sirvió en ocasiones como sede apostólica y centro habitual de reunión de la iglesia; éste, a pesar de su currículo y como a cualquier creyente de “a pie”, no se le hizo la vista gorda cuando erró, ni lo tuvo más fácil que otros para poder servir en la Obra del Señor; eso sí, ahora descubrimos que a su currículo hay que añadir las palabras elogiosas del viejo Apóstol: «útil para el ministerio».

 

M. León

leonfernandezmanuel@gmail.com

 

[i] La objeción es que según los sinópticos el “Aposento Alto” que usó el Señor tenía como dueño a un <cierto hombre>, <señor de la casa>, <padre de familia>, (Mt.26:18; Mr.14:14; Lc.22:11), mientras que la casa de Hch.12:12 era propiedad de una mujer, María, madre de Juan Marcos. La respuesta es fácil. Desde la celebración de aquella pascua hasta la liberación milagrosa de Pedro de la cárcel, (año 44), han transcurrido como once años. Como es imposible pensar que María fuese madre soltera, todos los escriturarios coinciden en que su estado civil era de viudez. En qué momento enviudo, no se puede precisar, pero se da por hecho de que once años es tiempo más que suficiente como para que cualquier esposa pueda enviudar.