52. JESÚS ENSEÑA SOBRE EL DIVORCIO.

Camino de Jerusalén.

(Marcos 10:1-16:20).

 

Introducción.

(Mr 10:1) “Levantándose de allí, vino a la región de Judea y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía.”

En 9:50, Marcos da por finalizado “El gran ministerio en Galilea”, casi dos años de actividad de Jesús en el lugar. Y a continuación en 10:1, Marcos da “un salto en el tiempo y el espacio.” 1.

Un salto en el espacio porque presenta a Jesús en Perea, al otro lado del Jordán, lindando con el territorio de Judea, cerca de Jerusalén. Un salto en el tiempo porque lo probable es que hayan pasado unos seis meses desde que Jesús salió de Galilea. Mateo y Marcos guardan silencio sobre estos meses. Pero esto no significa que estuviese inactivo. De ello dan testimonio los evangelistas Lucas y Juan2. .

De esta forma Marcos nos ha introducido en las semanas previas a la pasión. No olvidemos el carácter dinámico de este evangelio, ni su propósito de presentar un relato breve pero suficiente de los principales hechos de Jesús.

Instrucciones “en el camino”.

Dice el verso que estando “al otro lado del Jordán; volvió el pueblo a juntarse a él, y de nuevo les enseñaba como solía”. Es decir estaban en Perea, un territorio que junto con galilea gobernaba Herodes.

Pero me llama la atención la frase: “y de nuevo les enseñaba como solía.” Una frase que nos habla de “la paciente perseverancia de nuestro Señor como maestro”:

– Donde quiera que Jesús fuera, siempre se ocupaba de los negocios de su padre. Esto nos recuerda nuestro llamado a sembrar, bien con la palabra, bien con el ejemplo, de forma continua la Palabra del Evangelio. Que siempre haya en nuestra boca una palabra oportuna (2ª Tim 4:2) (Col 4:6).

– Por otro lado el Señor conocía la clase de terreno con la que trabajaba. Un terreno endurecido respecto a la salvación de las almas, más preocupado por el beneficio inmediato o por el espectáculo. Y sin embargo, lejos de tirar la toalla y centrarse solo en sus discípulos, el Maestro persevera en la enseñanza y la exhortación a favor de todos.

 

Jesús enseña sobre el divorcio

(Mr 10:2-12)

Alguien decía “no se predica mucho sobre este tema en las iglesias”. Y es verdad, y es que no es algo fácil. Por un lado puede que, sin quererlo, hurgues en heridas que no están cerradas causando dolor, y por otro que alguien se sienta señalado u ofendido, e incluso que se vaya de la iglesia al grito de “aquí no hay amor”. Y esto sin contar las discusiones que puede generar, cada uno con su opinión sobre el divorcio, sus causas y el nuevo matrimonio. Sin embargo como discípulos es un tema que también debemos tratar. Que tomemos decisiones con conocimiento.

Seriedad en la exposición, amor, respeto a los hermanos en sus situaciones, y sentido de oportunidad, son cosas que se deben tener presentes en una exposición como esta.

(Mr 10:2) “Y se acercaron los fariseos, y le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer.

Repudiar significa literalmente “dejar suelto de, dejar ir libre”3, y tiene el significado de divorciarse. Que estos fariseos no tienen intención de ser enseñados por Jesús se ve en el hecho de que preguntaron “para tentarle”, es decir, el propósito es tenderle una trampa.

Una pregunta trampa.

¿Dónde estaba la trampa? Parece que esta era doble, con un plan A y un plan B. De una u otra forma esperaban dañar a Jesús:

Por un lado recordamos que estaban en Perea, al otro lado del Jordán. Territorio que junto con Galilea gobernaba Herodes, el mismo que hizo matar a Juan el bautista porque cuestionó su divorcio y nuevo matrimonio. Si Jesús se mantenía en la misma línea que Juan cabía la posibilidad de que desatara la ira de Herodes y este se ocupara de Él.

Por otro, estaba la discusión respecto a las causas que permitían el divorcio. Las posturas estaban representadas por dos escuelas rabínicas4: Una más estricta, la del Rabí Sammai que permitía el divorcio solo si la mujer era culpable de inmoralidad, y la del Rabí Hillel, mucho más laxo, y que permitía al marido divorciarse casi por cualquier razón. Y todo ello en base al mismo texto del A.T. (Dt. 24:1). Identificarse con alguna era enemistarse con parte de sus seguidores.

Pero antes de continuar, unas palabras sobre la situación del matrimonio en Israel en tiempos de Jesús.

La situación del matrimonio entre los judíos.

Entre los judíos el matrimonio era una institución devaluada y en crisis. Salvando las diferencias, algo parecido a nuestros días. ¿Saben cuál era la escuela rabínica con mayor simpatía entre el pueblo? La de Hillel, la más tolerante. Así es el corazón del ser humano, dado a su propio interés, aunque dañe a otros, en este caso a la mujer. En términos generales y salvando las excepciones, que las había, la situación podía describirse así 5:

La relación matrimonial no era vista como un pacto ante Dios. En general se le había despojado de significado espiritual. Era visto más como un contrato, una cuestión de interés personal. Especialmente a favor del varón.

No reconocían el valor permanente del matrimonio. El divorcio por causas nimias o triviales era tolerable.

Los deberes del marido hacia la esposa y de la esposa hacia el marido, estaban desnaturalizados. La mujer no era vista como una compañera, y por tanto en igualdad, sino como una criada. 6.

El divorcio se entendía como un derecho de Dios a los varones, sin distinguir entre judíos y gentiles.

En consecuencia parece que la práctica popular del divorcio era frecuente.7.

Hay mucho en común entre como se percibía el matrimonio en tiempos de Jesús, y como se percibe en nuestra sociedad, incluso en las iglesias. Es un hecho que muchos jóvenes creyentes se casan pensando no en el carácter vinculante del matrimonio sino en que si algo sale mal me divorcio y empiezo otra relación.

La instrucción de Moisés.

(Mr 10: 3-4) “El respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio, y repudiarla.”

Interesante, en vez de enredarse con las opiniones de los rabinos, el Señor hace algo mejor, de lo que nosotros debemos aprender: “¿Qué dice la Palabra?” En este caso, ¿Qué mandó Moisés respecto al divorcio?

Como respuesta los fariseos hicieron un resumen de Dt. 24:1-4 que era la base para la legislación rabínica sobre el tema. Moisés permitió al marido divorciarse siempre que le diera a la mujer una carta de divorcio. Un documento que acreditaba la separación y permitía casarse sin ser acusada de adulterio.

El adulterio en tiempos de Jesús.

El tema del adulterio merece una breve nota. En tiempos antiguos, y al igual que otras culturas, estaba castigado con la muerte. Ambos debían morir (Lev 20:10) (Dt 22:22-25). Esto último requería que el adulterio fuese claramente probado, no bastaba una sospecha (Nm 5:11-31). En los tiempos del Nuevo Testamento la pena de muerte había sido abandonada 8., pero la ley rabínica instaba al marido a divorciarse de la mujer 9. En este caso ella perdía la dote por divorcio recogida en el contrato y no parece que esta quedara en buena posición social.

Por la dureza de vuestro corazón.

(Mr 10:5) “Y respondiendo Jesús, les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;”

La respuesta a la exposición de los fariseos es magistral, con una frase nuestro Señor denuncia y desmonta todo el entramado rabínico usado para justificar los divorcios. Lo que dice es que el divorcio NO ERA UN DERECHO. Por tanto ninguno debía casarse pensando que si algo no iba bien, siempre se podía ejercer este derecho. Sencillamente el divorcio como derecho no existe.

Esta es la razón principal por la que Jesús no está alineado con ninguna escuela rabínica. Ni siquiera con la más estricta. Para ellas el divorcio era un derecho y la disputa era como ejercerlo. En todo caso el divorcio es la constatación de un fracaso, un medio para evitar un mal mayor.

Y si no es un derecho, ¿Por qué legisla Moisés sobre el tema? “Por la dureza de vuestro corazón”, del griego sklerokardia esclerosis o dureza cardiaca un término que describe la obstinación, la resistencia del pueblo en aceptar la visión de Dios sobre el matrimonio.

Por eso, porque el pueblo lo practicaba (Lev 21:7,14; 22:13), (Núm. 30:9), (Dt. 22:29), es que Moisés se vio en la necesidad de dar instrucciones para proteger a la parte más frágil, a la mujer, y que sirviesen de freno a divorcios precipitados o caprichosos. Favorecer la reflexión e incluso darse tiempo para la reconciliación (Dt. 24:1-4). Observamos que esta norma aparece solo en Deuteronomio, después de 40 años viviendo en el desierto, poco antes de entrar a poseer la tierra.

¿Y cual era la visión de Dios para el matrimonio? Después de cuestionar la práctica del divorcio, el Señor se remite al origen del mismo, y esboza el plan de Dios para el hombre y la mujer. Quiere restaurarlo a su dignidad perdida.

Restaurando la dignidad perdida.

(Mr 10:6-9) “Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne: así que no son ya más dos, sino uno. Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”

Esta es quizás la parte más hermosa de la enseñanza de Jesús y todo un desafío para sus discípulos. Vamos por partes.

1º. La creación del hombre (10:6).

“Al principio de la creación…” El momento está en (Gn 1:27) y desarrollado en (Gn 2:18; 21-23), cuando Dios crea la raza humana como varón y mujer para que se complementen 10. Destacamos tres cosas:

  • El matrimonio tiene origen divino. No es el resultado de un proceso de construcción social, y menos con la intención de someter a la mujer:
  • El matrimonio es heterosexual, entre un hombre y una mujer “varón y hembra los hizo Dios.” Las uniones homosexuales, hombre con hombre, mujer con mujer, si son construcciones humanas, y están fuera del propósito original de Dios. Añado el testimonio de una joven cristiana que reconoce su atracción por las personas del mismo sexo pero que se niega a vivir esa práctica, pues sabe que es contrario al propósito de Dios. En su libro11, ella dice conocer los argumentos usados en círculos cristianos para justificar el matrimonio homosexual, sin embargo no puede obviar que en el principio Dios los hizo varón y mujer. Otra cosa nunca estuvo en los planes de Dios, y es consecuencia de la caída.
  • El matrimonio es monógamo, es decir un solo varón para una sola mujer, y una sola mujer para un solo varón. No había más. Dios no hizo provisión para la poligamia. ¡Ni siquiera para un divorcio y nuevo casamiento!

2º. Implicaciones del matrimonio (10:7-8).

De nuevo el Señor cita el Génesis, las palabras de Moisés en Génesis 2:24. Aprendemos al menos cuatro cosas:

  • El matrimonio tiene relevancia social. Este “Por esto dejará.. a su padre y a su madre” no habla de dar un portazo en casa y se van a vivir juntos. Implica un acto social donde se escenifica el cese de un vínculo para crear otro más fuerte, un compromiso público, sin que esto reste a los deberes paterno filiales. Por cierto, no hay espacio para terceros en un matrimonio, ni para los suegros ni para amigos, o consejeros
  • En el matrimonio, juntos crean una nueva persona. Para Dios el matrimonio no es unidad por anulación del otro (por absorción), sino la creación de una nueva unidad que resulta de la suma de dos: “serán (los dos) una sola carne”, “no son ya mas dos, sino uno.” Dos unidos en un proyecto de vida común.
  • Y aunque en el matrimonio cada uno tenga sus roles, la relación no es entre amo y criada. El relato de la creación enseña que es unidad en igualdad y compañerismo. (Gn 2:18) (Gn 2:23)
  • La sexualidad debe vivirse dentro del matrimonio. “Y los dos serán una sola carne” también implica la sexualidad como forma de expresión de esta unidad (1ª Cor. 6:16).

3º. La trascendencia del matrimonio (10:9)

(Mr 10:9) “Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.”

Con estas palabras el Señor terminará la enseñanza pública sobre el tema. Pero ¿Cómo concluyó? No olvidemos que el matrimonio se consideraba un contrato, y el divorcio un derecho del varón.

  • El matrimonio es un pacto ante Dios. (Prov. 2:17) (Mal 2:14) “Lo que Dios unió”. Él es testigo y garante del pacto matrimonial. Implica que las partes darán cuenta a Dios de los abusos y desprecios sobre su conyugue y del daño en la relación. Es hermoso darse cuenta como en aquel primer matrimonio Dios mismo actuó como padrino, testigo y hoy añadiríamos maestro de ceremonia.
  • El matrimonio es una unión para toda la vida. “No lo separe el hombre”. No se refiere necesariamente solo a la acción del legislador sino también a los cónyuges. Ninguno debería alimentar comportamientos que debiliten el matrimonio, o tomar acciones que lleven al divorcio. El vínculo que une a un hombre y una mujer es más fuerte que el que une con los padres. Si la relación filial no debe ser violada, mucho menos la conyugal.

En conclusión, la enseñanza de Jesús es que el matrimonio es para toda la vida. ¿Qué hay ocasiones donde las circunstancias aconsejan el divorcio? Seguramente. Pero la voluntad de Dios siempre ha sido priorizar el perdón y la reconciliación.

Este propósito se ve en la instrucción de Pablo en (1ª Cor 7:10-11). Los creyentes no deben divorciarse. Pero si sucede, a veces es inevitable, quédense sin casar. Esto implica una puerta abierta a la reconciliación.

Jesús enseña en privado sobre el divorcio.

(Mr 10:10) “En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo.”

Parece que los discípulos quedaron tocados por las palabras de Jesús. ¡Matrimonio para toda la vida sin derecho a divorcio! ¡Que terrible! (Mt 19:10). De regreso al lugar de alojamiento en Perea, repiten la pregunta. ¿Habrá en privado otra enseñanza para ellos? A veces ocurre que decimos una cosa en público y en privado empezamos a matizar.

(Mr 10:11-12) “Y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio contra aquella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro también comente adulterio.”

La respuesta es clara, quien toma la iniciativa de divorcio para casarse con otro/a adultera. Sea el hombre o sea la mujer.12. Y Mateo, citando a Jesús añade, “y el que se casa con la repudiada también adultera.” (Mt 5:31-32) (Mt 19:9). Lucas dice lo mismo (Lc 16:18). Esto es así porque delante de Dios y pese al divorcio, ambos siguen casados. No hay concesiones en privado, la Palabra es la misma.

Dicho esto, queda una pregunta, ¿Y qué de la excepción que menciona Jesús en Mateo cuando dice: «…salvo por causa de fornicación” (Mt 5:32) (Mt 19:9)?

“…salvo por causa de fornicación” .

“El que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación,…” (Mt 5:32; 19:9) Para empezar recordemos brevemente el significado de las palabras fornicación y adulterio.

Mientras que adulterio, gr. moijeia,13 se refiere a las relaciones de una persona casada fuera del matrimonio, fornicación, gr. porneia, tiene un significado más amplio, significa “inmoralidad sexual”.14. Suele usarse para las relaciones sexuales de personas no casadas. Pero además, y según el contexto, puede incluir la prostitución, la homosexualidad, el incesto o cualquier clase de inmoralidad sexual, incluyendo adulterio15,16. Un ejemplo del uso de los términos (Gál. 5:19) (Ro 1:29)17.

Hay cuatro posibles explicaciones a la llamada cláusula de excepción, cada una con sus argumentos a favor y en contra. En este caso cito literalmente:

“Los eruditos bíblicos difieren acerca del significado de esta cláusula de excepción, que se encuentra solo en el evangelio de Mateo. La palabra griega que se usa para “fornicación” es porneia.

  • Algunos consideran que Jesús usó este término como sinónimo de adulterio (moijeia). Por lo tanto, el adulterio de cualquiera de los cónyuges es la única razón suficiente para que un matrimonio termine en divorcio. Algunos de los que sostienen este punto de vista creen que volverse a casar es posible, pero otros consideran que jamás debe ocurrir.
  • Otros definen porneia como un pecado sexual que sólo podía darse en el período del desposorio, cuando un hombre y una mujer judíos se consideraban casados pero sin haber consumado su matrimonio con la relación sexual. Si en este período la mujer era hallada embarazada (como María; 1:18-19), podía darse el divorcio y romper el contrato matrimonial.
  • Otros más creen que el término porneia se refería a matrimonios ilegítimos dentro de ciertos grados de parentesco familiar, como los que aparecen en Levítico 18:6-18. Si un hombre descubría que su esposa era pariente cercana, en realidad se había involucrado en un matrimonio incestuoso. Este sería un motivo o causa justificable para divorciarse. Algunos dicen que este significado de porneia se encuentra en Hechos 15:20,29 (cf. 1 Co. 5:1).
  • Otro punto de vista es el que dice que porneia se refiere a un estilo de vida de infidelidad sexual incesante, persistente y promiscuo (distinto de un acto aislado de infidelidad). (En el N.T. porneia es un término más amplio que moijeia). Esa práctica llevada a cabo de continuo sería base suficiente para el divorcio, puesto que conducta infiel rompería el vínculo matrimonial.

Cualquier que sea el punto de vista que uno asuma acerca de la cláusula de excepción, debe notarse que Jesús puso énfasis en la permanencia del matrimonio.”18-19.

Por tanto, ante las numerosas situaciones de crisis en nuestros días, aún entre creyentes, incluyendo las infidelidades, insistimos, lo que se debe buscar es el perdón, la reconciliación y restauración del matrimonio.

 

Apéndice: «A no ser por causa de fornicación».

“El que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación,…” (Mt 5:32; 19:9) Personalmente me inclino a considerar aquí el término fornicación en el sentido amplio de inmoralidad sexual y en consecuencia una causa legítima no sólo para el divorcio, sino llegado el caso, también para un nuevo matrimonio.

En el Antiguo Testamento, adulterio, infidelidad en el desposorio, matrimonio en grado prohibido, inmoralidad o las aberraciones sexuales, tienen en común que como norma la pena era, con matices, la muerte del culpable y no el divorcio. En consecuencia la parte inocente siempre quedaba libre para volverse a casar.

Por otro lado está el hecho, no desconocido por Jesús, de que bien por abandono o por prohibición romana, esta pena no se aplicaba en Israel. ¿Qué opciones tenía ahora la parte inocente? Si se aplicase todavía la muerte, podría volverse a casar.

Una posible conclusión sería que cuando dice “salvo por causa de fornicación”, Jesús esté pensando en todos esos casos donde la pena era la disolución del matrimonio por la muerte. Puesto que en estos casos el divorcio estaría sustituyendo a la muerte, podría entenderse que la persona quedaba libre para volverse a casar. El hecho de que se esté tratando “peculiaridades judías” podría explicar el por qué la cláusula aparece en Mateo y no en Marcos y Lucas.

La cláusula de excepción y el Sermón del Monte.

Una reflexión interesante en cuanto a la clausa de excepción “excepto por causa de divorcio” es la siguiente: Aparece por primera vez en el contexto del Sermón del monte, o de las bienaventuranzas (Mt. 5:31,32). ¿Qué importancia tiene esto?

Antes que los evangelios fuesen puesto por escrito, por años, lo que circulaba entre las iglesias eran diferentes colecciones con los dichos y hechos de Jesús. Entre ellos el Sermón del Monte o de las bienaventuranzas. Este era considerado como la “constitución del reino”, normas que obligaban a los seguidores de Jesús, y formaba parte de la instrucción básica de todos los nuevos creyentes. En consecuencia, todos los creyentes la conocían.

¿Por qué no la menciona Pablo en 1ª Cor. 7 cuando trata del divorcio en la iglesia?

Hay varias razones para ello. La primera la acabamos de decir, porque era sobradamente conocida por todos. No era necesario instruir al respecto. La segunda, porque Pablo está respondiendo la casuística, es decir, preguntas específicas que se le plantearon y no desarrollando el tema del divorcio por fornicación o adulterio.

¿Por qué no se menciona está excepción en Marcos y en Lucas?

Una posible respuesta podemos encontrarla en el hecho de que en Mateo era necesario clarificar el sentido de la ley de Moisés (cuestiones judías), pero en Marcos y en Lucas lo prioritario es fortalecer la indisolubilidad del matrimonio. El contexto grecorromano era muy liviano y promiscuo.

 

¿Cómo terminar un estudio como este, que sin duda pone el dedo en la llaga de muchos creyentes, con una palabra de aliento, que nos invite a mirar a Cristo?

Cristo y la Iglesia.

Cuando se trata de ilustrar la relación vital, la dependencia que hay entre la Iglesia y Cristo ¿Qué imagen utiliza el Apóstol Pablo? Efectivamente, la del cuerpo humano, donde Cristo es la Cabeza que rige sobre el mismo (Ef. 1: 22-23) (Ef. 5:23-24).

Pero cuando se trata de ilustrar el profundo amor de Cristo por la Iglesia, un amor sacrificial, ¿Qué imagen utiliza el Apostol? Así es, el matrimonio. Pero no el matrimonio desfigurado que han hecho los seres humanos sino matrimonio según el plan original de Dios del cual Jesús en su relación con la Iglesia es el ejemplo a imitar. Escribe el profesor Trenchard:

Sin embargo “pese a su perfección y sentido profundo, la figura del Cuerpo no puede ilustrar el amor que existe entre el Señor y la Iglesia, que se refleja también en sus relaciones con todos los salvos. Por eso es precisa la figura de la esposa, sujeta a su marido, pero amada por Él,…”20. Mediante esta figura, el Señor ilustra:

– Entrega y amor incondicional: (Ef. 5:25, 29). “…como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” “… la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia.” Al contrario de lo que ocurre en las relaciones humanas, el amor y el compromiso de Cristo es incondicional y permanente. Sin egoísmos, sin engaños, sin fecha de caducidad. Él Siempre ama, cuida y vela por su Iglesia.

– Unión permanente: (Ef. 5:31-32) “… y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio, más yo digo esto de Cristo y la Iglesia.” Cristo, en su relación con la Iglesia, no conoce ni de separación, ni de divorcio. Aquello de “vamos a darnos un tiempo” no existe en esta relación.

Desde que creímos en Jesús hemos sido introducidos por el Espíritu en la Iglesia, Su esposa, y por tanto estamos indisolublemente unidos en un mismo propósito al Señor. Gocémonos y descansemos en esta relación y en esta esperanza, cualquiera que sea nuestra situación. (1ª Ts. 4:17-18).

La boda judía en tiempos de Jesús.

Pero estos no son los únicos versos que hablan de la Iglesia como esposa de Cristo. Esta similitud aparece de forma directa o indirecta en otros lugares del Nuevo Testamento. En este caso, y teniendo entonces como fondo las costumbres judías en tiempos bíblicos respecto al matrimonio21., vamos a hacer la siguiente analogía de la relación de Cristo con la Iglesia, eso sí, sin querer buscar significado en cada detalle. En los tiempos del Señor la boda en Israel tenía al menos dos fases:

1ª. Los esponsales o promesa de casamiento.

Todo empezaba con la elección del futuro conyugue. Siguiendo las costumbres de la época normalmente eran los padres los que llegaban a un acuerdo sobre el matrimonio de los hijos. En ocasiones a instancias del novio (Jueces 14:1-2), y aunque las hijas no solían contradecir a sus padres, el consentimiento de la novia era necesario (Gn 24:58).

De aquí nos interesa destacar dos cosas: 1º. El móhar, que era la cantidad que el novio pagaba a la familia de la novia. No era una compra, sino una compensación por la pérdida que significaba la marcha de la hija (Gn 28:9). 2º. El mattan, las dádivas de amor. Hecho el trato, venían los regalos del joven para la novia. Estos momentos eran una oportunidad para mostrar el interés del joven en la novia y tratar de impresionarla (Gen 24:53).

Y aunque a partir de ahí legalmente se les consideraba marido y mujer, de hecho romper este compromiso exigía un divorcio, todavía no era la boda, no podían estar juntos, tenían que esperar. Este es el momento en que se encontraban José y María cuando ella quedó embarazada de Jesús y José pensó en dejarla (Mt 1:18-20). ¿Qué compromisos tenían los novios para el tiempo de espera?

El joven marchaba para preparar un lugar digno para ella, un hogar, generalmente una habitación en la casa de su padre. La joven hacía preparativos para su boda, sobre todo lo que tiene que ver con sus adornos, y tenía el compromiso de mantenerse pura para él.

2ª. La celebración de las bodas.

– El cortejo nupcial. Cuando por fin todo estaba preparado, en el día señalado, el novio y sus amigos salían en procesión festiva a la casa de la novia para recogerla, llevarla a su nuevo hogar y celebrar la boda. Ella, acompañada de sus amigas, esperaba gozosa ese momento. Esto solía suceder a última hora de la tarde (Sal 45:13-15). Este tipo de cortejos iban acompañados de música, cantos, danzas y otras expresiones de alegría. Ese es el contexto reflejado en la parábola de las diez vírgenes (Mt 25:1).

– La ceremonia, kiddushin y las festividades. En aquel tiempo no había una celebración religiosa como nosotros la conocemos. Era más sencillo pero igualmente solemne. Había una bendición por parte de los padres basada en las Escrituras y otras tradiciones, los parientes y amigos bendecían a la pareja y expresaban sus buenos deseos, se hacía un pacto de fidelidad y firmaba el contrato matrimonial (Prov. 2:17).

Era después de esto, y una vez que empezaban las celebraciones, que el novio se retiraba con la novia y se consumaba el matrimonio. Pero las bodas no acababan ahí. Los festejos en honor de los novios se prolongaban durante una semana. Los evangelios nos narran la ocasión en que Jesús y sus discípulos fueron invitados a unas bodas (Jn 2:1-2).

Similitudes con respecto a Cristo y la Iglesia

Dicho esto, es hermoso darse cuenta como de una u otra manera también los mismos pasos se han ido cumpliendo en la relación de Cristo con su Amada:

Empezamos con el mohar, el precio que el novio pagaba por la novia. En este caso, ¿Cuál es y cómo se pagó? Fue su propia vida, fue pagado cuando Cristo redimió a su Iglesia en la cruz (Ef. 5:2; 25-27). “Se entregó a sí mismo por nosotros.” “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella.” Cada creyente queda unido a Cristo desde el momento en que puso su fe en Jesús.

De la misma forma que después de formalizar el compromiso, el joven marchaba a preparar lugar para la novia, Jesús ha regresado a la casa del Padre a preparar lugar para su amada y ha prometido volver para tomarla (Jn 14:2-3).

Es hermoso pensar en los beneficios de la cruz, en el Espíritu Santo y en sus dones como los regalos que el Padre nos ha dado en nombre del Hijo, lo cual evidencian la firmeza de su compromiso, nos ayudan a deleitarnos en el Amado durante la espera y prepararnos para su regreso (Jn. 14:16-17) (Ef. 4:7-8) (Ef. 1:13-14)

Estamos por tanto en el tiempo de esponsales, esperando el regreso del esposo y la celebración de las bodas. Y entre tanto, ¿Cuál es la parte que nos corresponde? Guardarse pura y hermosa para el Amado (2ª Co 11:2) (Ef. 5:27) (1ª Jn 3:3).

El regreso del Esposo para recoger a Su Iglesia y llevarla a la casa del Padre está prometido en (Jn 14:3) y descrito en (1ª Ts 4:16-18).

Y por último, después del arrebatamiento, lo que sigue esta descrito en Apocalipsis como “las bodas del Cordero” (Ap. 19:6-9). El tan anhelado encuentro y un tiempo de gozo que se extenderá por la eternidad. El hecho de que la esposa esté vestida “de lino fino, limpio y resplandeciente” puede indicar que el Tribunal de Cristo ya ha sucedido. (2ª Cor. 5:10) (1ª Cor. 3:12-15). Cuando todos los juicios que implican la gran tribulación sobre la tierra hayan llegado a su fin, darán comienzo los festejos en el cielo, los cuales continuaran en la tierra cuando Cristo venga a instaurar su reino, y se extenderán por toda la eternidad. Hay comentaristas que sitúan aquí, en el regreso de Cristo para reinar, la parábola de las diez vírgenes (Mt 25:1-13)22.

Esta porción termina con una solemne declaración: “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.”

Sin entrar en detalles y cuestiones que debaten los expositores, creo que estas palabras nos permiten distinguir al menos entre tres grupos de personas que estarán presentes aquel día:

Por un lado la esposa, la Iglesia, por otro los invitados, aquellos creyentes verdaderos que no forman parte de la misma, estos forman parte de los bienaventurados, felices, dichosos en gran manera. Además, por toda la eternidad. Y por último están los no invitados, los que no entrarán en las fiestas, pero no por falta de voluntad del padre del novio, del novio, sino porque en su momento rechazaron la invitación (Mt 22:4-6) (Lc 14:17-18).

La pregunta podría ser ¿Entre quienes te cuentas tú? ¿Entre los bienaventurados o los que quedarán fuera en aquel día?

Y qué mejor manera de concluir esta exposición que las palabras finales de Apocalipsis: “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Ap. 22:17). “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.” (Ap. 22:20).

 

NOTAS.

  1. A. T. Robertson. “Una armonía de los cuatro evangelios”. C.B.P.; C. McConnell. “Los evangelios en paralelo.” C.B.P.; Alfred Edersheim. “La vida y los tiempos de Jesús el Mesías.” Tomo II. Clie.
  2. Durante este tiempo el Señor desciende a Jerusalén para participar en la Fiesta de los Tabernáculos (Lc 9:51) (Jn 7:1-2; 10). Estamos en el mes de Septiembre, ocasión en la que desarrolló un intenso ministerio en Jerusalén. Después pasó a Perea, al otro lado del Jordán donde estuvo varios meses. Esta estancia en Perea se vio interrumpida por otro viaje a Jerusalén, donde participó en la Fiesta de la dedicación del Templo (Jn 10:22-40), estamos en el mes de diciembre. Vuelto a Perea continua enseñando y haciendo señales hasta que Marta y María le mandan llamar desde Betania. Su hermano Lázaro está gravemente enfermo (Jn 11:1-54). Después de resucitar a Lázaro, y ante las graves amenazas de los judíos, Jesús se retira a la ciudad de Efraín (Jn 11:54). Esto nos sitúa entre los meses de Marzo y Abril. Desde aquí, sube por Samaria hasta el sur de Galilea para a continuación descender a Jerusalén teniendo en mente la Fiesta de la Pascua, su última Pascua (ver Lc 17:11, donde observamos el extraño trayecto: Samaria, Galilea, Jerusalén). Este camino lo hará no solo en compañía de los Doce, sino también de otros peregrinos que suben a Jerusalén. (Jn 11:55,56) (Mr 15:40-41). Este descenso sería el punto de arranque de Mateo y Marcos después de terminar con el ministerio de Jesús en Galilea (Mat. 19:1) (Mr 10:1).
  1. Apoluo, dejar suelto de, dejar ir libre (apo, de, desde; luo, soltar, desligar). W. E. Vine. Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Editorial Caribe.
  2. Para estas escuelas y su enseñanza ver La vida y los tiempos de Jesús el Mesías, Tomo II Alfred Edersheim, pág. 278 y ss. Editorial Clie.
  3. Para la descripción de la devaluación del matrimonio, ver la obra citada de Alfred Edersheim, tomo II, y del obispo anglicano J. C. Ryle. Meditaciones sobre los Evangelios Mateo y Marcos. Editorial Peregrino.
  4. Jerusalén en los tiempos de Jesús. Joachim Jeremías. Pág. 380. Ediciones Cristiandad.
  5. Joachim Jeremías señala dos cuestiones que limitaban los divorcios precipitados: “Como consecuencia del divorcio, podía afectar al marido una mancha pública, lo mismo que a la mujer y a los niños. Por otra parte, en caso de divorcio, el marido estaba obligado a devolver a la mujer la suma estipulada en el contrato matrimonial.” Jerusalén en los tiempos de Jesús. Pág. 382. Ediciones Cristiandad.
  6. Compendio del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento, Kittel, Friedrich y Bromeiley. Pág. 593. Editorial Libros Desafío.
  7. Mateo, Marcos, Lucas, El Conocimiento bíblico. Un comentario expositivo. Pág. 192. Editorial ELA.
  8. “El Señor apela primeramente a un texto del Génesis, donde literalmente se lee: Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Gn 1:27). La respuesta llama a la reflexión sobre el acto creador de Dios. Cuando Él decidió crear al hombre, Adán en el texto hebreo, determinó la creación de la raza humana en dos elementos, varón y hembra. Es necesario afirmar que en el pensamiento y ejecución creadora para el hombre, no hizo Dios, al principio una persona colectiva en la que estaban el varón y la hembra que luego, en el tiempo, desdoblaría en los dos individuos primeros de la raza humana. El tellardismo, en su afán de justificar un sistema evolutivo para la humanidad, tomó el término Adán, solo como un nombre individual dado al primer elemento de la humanidad, y no como un nombre colectivo que equivale a humanidad en general, tal como se aprecia más adelante en el mismo libro del Génesis cuando dice: Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día que fueron creados” (Gn. 5:1-2). En la visión globalizada de la humanidad, se distinguen en el texto dos aplicaciones del nombre. La primera es la individual referida al varón de la raza humana, del que se detallarán sus generaciones, y cuyo nombre era Adán, equivalente a hombre; la segunda es general, sinónimo de raza humana que se origina desde el principio en la creación de dos individuos, el varón y la mujer, a cuya creación llamó Dios Adán, esto es, hombre, en sentido conjunto de humanidad. En ningún caso se enseña que el hombre en su origen fuese un solo individuo en el que estaban el varón y la hembra de la especie humana. Prueba de ello es que cuando Dios inició la creación haciéndolo por el varón, enseguida afirma que no era bueno que el hombre estuviese solo (Gn. 2:18), ya que el propósito de Dios estaba incompleto al faltar la creación de la mujer determinado en el designio creador para la humanidad. El hecho de que Dios tomase del varón lo necesario para construir –como se lee en hebreo- la mujer, no significa un desdoblamiento en dos de lo que antes era, según los evolucionistas teístas, una persona colectiva. Tal afirmación contradice la verdad revelada en la Escritura y conduce a una situación mucho más grave en relación con la doctrina, ya que al tener que relacionarlo con la imagen y semejanza de Dios, se habla de Dios como Persona colectiva, cuando el Ser Divino, existe eternamente, no en una Persona, sino en tres Personas, que como individuales nunca fueron colectivas. Tal cuestión puede traer una consecuencia tan grave como es afirmar que en Dios puede haber más de tres Personas, lo que constituye una abierta contradicción a la verdad bíblica.” Samuel Pérez Millos. Mateo. Tomo 2. Análisis textual griego-castellano. Pág. 116-117. Editorial Clie.
  9. Mi amigo es homosexual. Editorial Andamio.
  10. Entre los judíos esta iniciativa pertenecía al varón, aunque empezaban a haber notables excepciones por parte de mujeres, quizás influidos por la cultura grecorromana que les rodeaba. Entre los romanos y griegos, destinatarios originales de este evangelio, las mujeres tenían más libertad para iniciar este proceso.
  11. Adulterio. W. E. Vine. Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento. Pág. 24, 25 (del N.T.) Editorial Caribe.
  12. Fornicación.Diccionario Exegético del Nuevo Testamento, vol. II (Horst Balz y Gerhard Schneider). Pág. 1084 y ss. Editorial Sígueme.
  13. Samuel Pérez Millos. Mateo. Análisis textual griego- castellano. Tomo II. Pág. 127. Editorial Clie. Diccionario Exegético del Nuevo Testamento, vol. II (Horst Balz y Gerhard Schneider). Editorial Sígueme.
  14. En el judaísmo tardío, porneia, además de fornicación y adulterio, abarcaba el incesto, la sodomía, el matrimonio ilegítimo y las relaciones sexuales en general, ver Compendio del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento de Kittell y otros. Pág. 897. Libros Desafío.
  15. Fornicación: 1. Puede usarse distinguiendo adulterio de fornicación (Gál. 5:19); 2. Como sinónimo de adulterio (Mt 5:31) (Mt 19:1). Hay casos en el A. T. donde fornicación significa adulterio (2 R. 9:22) (Jr 3:1-2) (Ez 16:8, 15) (Ez 23:4-5; 11; 36-37) (Os 2:2) (Os 3:3). Uso que mantuvo y amplió en el judaísmo tardío.16 3. Y en ocasiones abarca el adulterio junto a otras prácticas de inmoralidad sexual (Ro 1:29-31) (1 Co 10:8) (2ª Co 12:21).
  16. El Conocimiento Bíblico. Un comentario expositivo. Nuevo Testamento. Tomo I. Pág. 76. Editores John F. Walwoord , Roy B. Zuck.
  17. Todos los casos mencionados, adulterio, infidelidad en el desposorio, matrimonio en grado prohibido, inmoralidad o las aberraciones sexuales, tienen en común que como norma la pena era, con matices, la muerte del culpable y no el divorcio. Como consecuencia la parte inocente siempre quedaría libre para volverse a casar. Por otro lado está el hecho, no desconocido por Jesús, de que bien por abandono o por prohibición romana, esta pena no se aplicaba en Israel. ¿Qué opciones tenía ahora la parte inocente? Si se aplicase la muerte, podría volverse a casar. “Por causa de fornicación.” Una posible conclusión sería que Jesús esté pensando en todos esos casos donde la pena era la disolución del matrimonio por la muerte. Puesto que en estos casos el divorcio estaría sustituyendo a la muerte, podría entenderse que la persona quedaba libre para volverse a casar. El hecho de que se esté tratando “peculiaridades judías” podría explicar el por qué la cláusula aparece en Mateo.
  1. La Iglesia de Dios y su Misión, una antología eclesiológica. Ernesto Trenchard. Editorial Clie. Pág. 67.
  2. Textos para indagar las costumbres judías al respecto: “Las parábolas de Jesús”, Joachim Jeremías. Pág. 205. Editorial Verbo Divino. Usos y costumbres de los judíos en tiempos de Jesús, pág161 y ss. Alfred Edersheim. Editorial Clie. Nuevo manual de usos y costumbres de los tiempos bíblicos. Ralph Gower. Pág. 63-69. Editorial Portavoz. También: http://recursosbiblio.url.edu.gt/publicjlg/curso/10/boda_judia.pdf
  1. W. Macdonald. Comentario al Nuevo Testamento. Pág. 135,136. Editorial Clie. 1995. José Miguel Palomares. El mensaje de las parábolas de Jesús. Pág. 250, 251. 1994. Editorial Clie. Ver Francisco Lacueva, en su exposición al Comentario Bíblico de Matthew Henry. Pág. 1184. Editorial Clie. 1999.