DOS PUERTAS: Dos destinos.
(Mat. 7: 13-14).

¿Cuál es el número que destaca en nuestra lectura? Sin duda que el dos. No se menciona, pero Jesús enseña que hay: dos destinos, dos puertas, dos caminos y finalmente dos clases de personas. Jesús está enseñando que solo hay dos opciones.
No es difícil darse cuenta del momento de confusión (ética, moral, religiosa) y de desesperanza que vivimos. Todo lo antiguo ya no vale, lo bueno ahora es malo y lo malo ahora es bueno; donde cada uno cree lo que más le gusta y enseña como bueno lo que le conviene. Y en este contexto las palabras de Jesús son especialmente relevantes. Son luz que alumbra en medio de tanta confusión.
1. Solo hay dos destinos finales: La perdición o la Vida.
El destino eterno del hombre es sin duda uno de los temas que mayor inquietud y confusión provoca. Como “nadie ha vuelto del más allá”, muchos se atreven a opinar y crear su escuela: Desde un paraíso para todos hasta los que dicen que con la muerte todo acaba ¿De qué opinión eres tú?
Pero ¿Sabes lo que dice Jesús? Él si hizo este viaje de “ida y vuelta”. Nos enseña solo hay dos destinos: perdición, una eternidad separado de Dios (que la Biblia llama condenación eterna o Infierno); o bien: la Vida, Vida Eterna con Jesús en el lugar de su morada, el Cielo (Lc 16: 22, 23) (Lc 23: 43).
Es muy triste escuchar personas ridiculizar el cielo y alabar el infierno como si fuese el lugar ideal para unas vacaciones eternas. Una especie de Paraíso Tropical con Todo Incluido donde tu única preocupación debiera ser disfrutar.
Jesús tenía una opinión radicalmente opuesta, por eso advertía a sus oyentes que buscasen a Dios y se convirtiesen. Habló de tinieblas, lloro y crujir de dientes (Mat. 22:12-13), y el profeta Daniel de vergüenza y confusión perpetua (Dan. 12:2). ¿Dónde está entonces el paraíso tropical? Un expositor bíblico escribió estas palabras para la reflexión:
“Muchos dicen: Mejor es estar en el infierno con amigos que en el cielo con hipócritas, pero olvidan que no habrá amigos en el infierno ni hipócritas en el cielo”.
Relacionado con los dos destinos, Jesús enseña:
2. Solo hay dos puertas: una ancha, y una estrecha.
Las puertas hablan de la necesidad de elegir. De una decisión que se ha de tomar en vida y que tiene consecuencias eternas. Según tu respuesta así tu destino final. Y un detalle interesante: no existen otras puertas, no hay otra alternativa.
Para comprender mejor el significado de estas puertas es necesario recordar el contexto donde fueron pronunciadas: Jesús está concluyendo uno de sus discursos más conocidos y entrañable, el “Sermón del Monte”.
Ha enseñado acerca del carácter de los ciudadanos de su reino, de aquellos en cuyo corazón Él establece su gobierno y que estarán con Él por la eternidad. Un discurso impresionante que ha seducido e inspirado a muchos a lo largo de la historia, incluyendo lideres religiosos, filósofos, políticos e intelectuales.
Pero ahora, llegado el final, Jesús invita a los presentes a tomar una decisión. Que no se conformen con ser simples oyentes y se identifiquen con Su mensaje y Su Persona. Lo hace con estas palabras: “Entrad por la puerta estrecha…”
Mi querido amigo, al igual que aquel auditorio tú también eres instado a tomar una decisión respecto a Jesús y las buenas nuevas de Salvación. Estás ante dos puertas: la estrecha de vida y la ancha de condenación.
Lo hermoso de esta invitación es que no es como en los concursos de la tele, donde no sabes que hay en cada puerta. Aquí, Jesús mismo te lo dice y te llama a decidir por la correcta: “entrad por la puerta estrecha”. ¿Qué vas ha responder?
La puerta estrecha.
Que la Vida esté representada por una puerta estrecha no es casualidad. La imagen más plausible que la ilustra, es la puerta pequeñita que había en un portón y que servía para controlar el acceso a la ciudad. Es una buena ilustración respecto a los requisitos de la Salvación. Quien quiera entrar por una puerta estrecha debe hacer tres cosas:
– Para entrar debes agacharte, incluso doblarte.
Esto nos habla de la necesidad de dejar tu orgullo y la soberbia, y humillarte ante Dios reconociendo tu miseria, tus ofensas y tu necesidad de Salvación.
– Para entrar es necesario descargarse. Suelen ser tan pequeñas o estrechas que los bultos en las manos o las mochilas en la espalda impiden entrar.
Contrariamente a lo que muchos piensan la mochila de las buenas obras, las maletas de la religión con sus ritos, o las bolsas de justicia propia, deben ser desechados. No es que hacer el bien o tener una buena ética esté mal, sino que mientras sigas empeñado en aferrarte a ellos para salvación, Dios no puede aplicar la justicia gratuita de Cristo a tu vida.
– Es necesario pasar de uno en uno.
Necesitas un encuentro personal con Jesús, con Aquel a quien Dios confirma como Única Puerta de Salvación y Único camino a Dios (Juan 10:9). La Salvación es personal. Nadie puede decidir por ti. Es una respuesta que solo tú puedes dar al Señor.
3. Solo hay dos caminos: Uno ancho y un camino estrecho.
La vida es como un caminar hacia la eternidad. Y solo hay dos caminos, dos formas de vida, para este trayecto: Un caminar que corresponde con el camino espacioso y un caminar que se corresponde con el camino angosto. Por cual de ellos camines depende de la puerta que elijas:
– Quienes escogieron la puerta estrecha ahora andan por el camino angosto, que es el camino de la vida;
– pero quienes escogieron la puerta ancha permanecen en el camino espacioso que lleva a la condenación eterna. La diferencia es que ahora tienen mayor condenación, porque han rechazado a Jesús.
El camino angosto. ¿Por qué compara Jesús la vida cristiana con un camino estrecho?
– Cuando la persona tiene un encuentro personal con Jesús, es decir escoge deliberadamente la puerta estrecha, tal persona encuentra perdón y Vida Abundante. Todo cambia para ella, es algo maravilloso. Sin embargo no entramos directamente en el Cielo. Hemos de seguir caminando por la vida hasta el momento de ser llamados al hogar.
– Pero ahora nuestro transitar es diferente. Ya no andamos en mentira, robos, en fornicación, en la satisfacción de los deseos del viejo hombre. Es un Camino de Santidad, de obediencia a Dios, realizando Su voluntad (Ef 2:9).
– Es un camino donde continuamente hemos de morir al “yo” a fin de que Jesús viva en nosotros, por lo tanto de lucha contra la naturaleza caída, contra las presiones del mundo y de Satanás que buscan arruinar nuestra nueva vida y hacernos volver atrás. Por ello Jesús lo llama Camino Angosto.
Lo hermoso es descubrir que Aquel que dijo “Yo soy la Puerta” (Juan 10:9), también dijo “Yo soy el Camino” (Jn 14:6). Por lo tanto, no eres tú quien camina, sino el Señor Jesucristo en ti. El nos capacita y acompaña en este viaje.
El camino ancho.
Pero que nadie se llame a engaño pensando que las inmensas multitudes que escogen la puerta ancha y persisten en el camino espacioso son “felices y libres” mientras que los que transitamos por el camino angosto son unos infelices. En realidad esa libertad y felicidad de la mayoría es de naturaleza superficial.
Si realmente hubiese tanta felicidad no habría tantos millones de personas que día tras día se confiesan vacíos y hastiados de la vida, no habría tantas personas que en alguna ocasión se han parado ante la puerta estrecha y por cobardía se han alejado, no habría tantos que en su desesperación prefieren quitarse la vida.
Si realmente hubiese libertad no habrían tantas prisiones, centros de desintoxicación, de rehabilitación, ni agonizarían tantas personas esclavas de sus propios vicios, o viviendo detrás de modas o de la vida “fashion”; Jesús es muy claro al respecto, son esclavos (Jn 8: 34-36), esclavos para muerte (Ro. 6:16).
Respecto a aquellos que escogieron a Jesús y andan por el camino angosto, la Biblia dice: que son BIENAVENTURADOS (Ro. 4:7-8), que han sido LIBERTADOS desde dentro (Ro. 8:32). Que disfrutan de la PAZ que trae la comunión con Dios (Sal. 119:165), y todo esto mientras transitan en el camino angosto.
4. Solo hay dos clases de personas: Los muchos y los pocos.
Frente a Jesús el mundo queda dividido en dos únicos grupos: los que se identifican con Su persona, LOS POCOS que entran por la puerta estrecha; y los que le rechazan o ignoran, LOS MUCHOS que escogen la puerta ancha.
¿Por qué esta diferencia en el número? Algunos dirían que Jesús escogió una mala estrategia de marketing.
En vez de presentar la salvación como una gran oportunidad para triunfar, lograr una vida fácil, de riquezas y sin problemas, Jesús enseñó que entrar por la puerta estrecha significa humillarte, desnudarte ante Dios y aferrarte solo a Cristo. El camino con Cristo no será fácil, estará lleno de dificultades y oposición.
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“El llamado de Cristo se ha hecho de tal modo que no resulta atractivo para el mundo insensato y egoísta, pero sí para quienes han sido tocados y movidas sus conciencias por la presentación del evangelio”.
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Esta es la razón por la que son pocos los que entran y andan él y muchos los que prefieren la puerta ancha. En la puerta ancha nadie pone condiciones, se te promete lo que quieras y puedes entrar con todo el bagaje de religiosidad, y buenas obras, también de concupiscencias, sin freno a los instintos y pasiones.
Para terminar solo queda repetir la invitación de Jesús y pedir que la tomes como un llamado personal:
“ENTRAD POR LA PUERTA ESTRECHA QUE LLEVA A LA VIDA”.
No dejes pasar esta oportunidad de tener un encuentro personal con tu Salvador. Confiesa tus pecados a Dios, arrepiéntete, y por fe deja que el Señor Jesús entre en tu vida. Comienza una nueva vida con Jesús.